Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Figuras talladas bajo la copa del púlpito
- Escalera oculta
- Escudo del obispo en el respaldo
- Cráneo en lo alto del púlpito
La historia del lugar
Bajo la copa circular del púlpito están talladas personas a las que los comitentes católicos consideraban enemigas de su fe. Entre ellas figuran el monje alemán Martin Luther y el predicador ginebrino Jean Calvin, que aspiraban a reorganizar el cristianismo occidental sin someterse al papa, así como el rey inglés Henry VIII, que separó de Roma la iglesia de su reino. Sus figuras están colocadas abajo y sostienen la plataforma del sacerdote.
Precisamente desde allí se explicaba a los feligreses la doctrina católica. El sacerdote subía por una escalera oculta, se situaba tras la barandilla, y el dosel tallado dirigía su voz hacia la única nave de la iglesia. Durante cada sermón se repetía la misma escena: el predicador hablaba por encima de aquellos a quienes su iglesia había declarado herejes.
Esta escena fue concebida a finales del siglo diecisiete. Tras el terremoto de mil seiscientos cincuenta, los habitantes levantaron de nuevo la iglesia dañada, y el obispo de Cusco Manuel de Mollinedo y Angulo se ocupó de su decoración. Quería que las imágenes ayudaran a los sacerdotes a enseñar la fe a los feligreses. El ocho de junio de mil seiscientos noventa y seis, Mollinedo comunicó al rey Karl II que había encargado para la Iglesia de San Blas un púlpito de cedro con numerosas esculturas. Sobre el relieve de San Blas, el tallista colocó el escudo del obispo.
San Blas es la forma española del nombre de Blas, obispo de la ciudad de Sebaste y mártir del cristianismo primitivo. Le dedicaron la Parroquia de San Blas; por eso aparece en el púlpito con vestiduras episcopales, y su nombre pasó de la iglesia a la Plazoleta de San Blas y a todo el Barrio de San Blas.
El nombre del tallista no figura en la carta de Mollinedo. Hoy el púlpito se atribuye a menudo a Juan Tomás Tuyro Túpac, maestro cusqueño de origen indígena que se ganaba la vida tallando, ensamblando y dorando altares de iglesia. Realizó otros encargos del obispo, y su púlpito documentado de la Iglesia de San Pedro está dispuesto de forma semejante. Esto basta para una atribución seria, pero no para una autoría indiscutible: los investigadores municipales siguen llamando anónimo al autor de San Blas.
El vacío lo llenó una tradición oral. Cuenta que el tallista era de Huamanga y padecía lepra. Tras una curación milagrosa ante una imagen de la Virgen del Buen Suceso, supuestamente juró hacer el púlpito gratis. Durante cuatro años, el maestro talló el cedro, pero al final pidió al sacerdote setenta pesos para un convite. Al fijar la figura superior, cayó, murió a consecuencia de la caída y más tarde colocaron su cráneo en lo alto del púlpito. Esta es una tradición, no una biografía establecida del maestro. En el púlpito hay realmente un cráneo, pero no existen pruebas de que perteneciera al tallista.
El documento conservó el encargo de Mollinedo, y la talla conservó su propósito: los adversarios de la iglesia católica siguen sosteniendo la plataforma del predicador. En el respaldo permanece el escudo del comitente; en el púlpito no hay firma del maestro.
Información práctica
Información: Lun-Sáb aproximadamente 08:00-18:00; el acceso depende de los oficios, las fiestas, la restauración y las normas internas.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Entren solo cuando la iglesia esté abierta a los visitantes, guarden silencio y no interrumpan el oficio; la posibilidad de ver el púlpito no está garantizada de antemano.
