Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Arcos rojos y blancos de dos niveles
- Capilla mayor
- Coro
- Inscripción sobre el comienzo de las obras bajo el obispo Manrique
La historia del lugar
Las franjas rojas y claras de los arcos de dos niveles se repiten sobre las filas de columnas y recorren toda la sala de oración. En el siglo octavo, un gobernante omeya ordenó construir aquí una gran mezquita de los viernes; sus sucesores ampliaron la sala añadiendo nuevas columnas y arcos. Cuando los castellanos conquistaron Córdoba, el clero consagró la mezquita a la Virgen María y colocó un altar cristiano entre estas filas. Una parte del nombre del templo se refiere a la mezquita y la otra, a la catedral.
El veintinueve de abril de mil quinientos veintitrés, los obreros comenzaron a desmontar filas de arcos en el centro de este edificio. Derribaban una fábrica de piedra intacta por orden de Alonso Manrique, obispo de Córdoba, que pretendía crear una nueva capilla mayor y un coro con forma de cruz latina. Dirigía las obras el maestro de la catedral Hernán Ruiz I.
Para entonces, los oficios católicos se celebraban aquí desde hacía casi tres siglos. Hacia el año setecientos ochenta y cinco, Abd al-Rahman I, gobernante omeya de Córdoba, ordenó construir una gran mezquita de los viernes. Sus sucesores ampliaron la sala de oración, prolongando las filas de columnas y de arcos rojos y blancos de dos niveles. Tras la conquista castellana de la ciudad en el año mil doscientos treinta y seis, el clero de Fernando III consagró la mezquita a la Virgen María y colocó un altar cristiano dentro de la antigua sala. La palabra española «mezquita» significa «mosque»; la segunda parte del nombre actual surgió de este cambio de función.
El obispo Manrique quería trasladar el centro principal del culto a un nuevo espacio elevado. Para ello, los constructores debían retirar parte de los arcos omeyas. Ya al día siguiente, el ayuntamiento exigió que se detuviera el desmontaje hasta que el rey decidiera. Los concejales defendían también la capilla real y los enterramientos familiares de la nobleza cordobesa situados aquí. En el acta llamaron al templo único en el mundo y advirtieron que la obra desmontada ya no podría restaurarse con la misma perfección.
El cuatro de mayo, el representante real Luis de la Cerda, que dirigía la administración de la ciudad, anunció públicamente la prohibición. A los canteros, carpinteros, tallistas y jornaleros se les amenazó con la muerte y la confiscación de bienes si continuaban el trabajo. Precisamente estas personas se ganaban la vida con la construcción; los jornaleros dependían del pago de cada día de trabajo. Ahora, la orden del obispo les proporcionaba trabajo, y la orden de la ciudad convertía ese mismo trabajo en delito.
Los jueces eclesiásticos respondieron excomulgando a los funcionarios de la ciudad. Para los católicos del siglo dieciséis, esto significaba la exclusión de la vida de la Iglesia y un duro golpe a la posición social. Ambas partes recurrieron a Carlos V, rey de España y emperador, que tuvo que resolver la disputa entre el obispo y sus propios representantes en Córdoba. Una carta real obligó al clero a levantar la excomunión, amenazando al juez eclesiástico con la pérdida de ingresos y una fuerte multa. Carlos no prohibió la construcción. El ayuntamiento salvó a los suyos del castigo eclesiástico, pero no logró detener el desmontaje de los arcos centrales. Las obras continuaron, probablemente según un proyecto reducido, y solo terminaron casi noventa años después.
Tres años después, Carlos V llegó a Córdoba. Se le atribuye este reproche: los constructores destruyeron algo único en el mundo por algo que podía levantarse en cualquier lugar. Esta frase debe considerarse una leyenda. No existe un registro fiable de las palabras del emperador; los investigadores creen que el relato tardío pudo haber surgido de una declaración auténtica del ayuntamiento, donde la expresión «único en el mundo» apareció antes de la decisión de Carlos.
Hernán Ruiz ocultó parcialmente el límite de la nueva construcción. Alrededor del coro repitió los arcos islámicos, utilizando piedras, columnas y capiteles retirados durante el desmontaje. Sobre ellos se elevan bóvedas góticas, un transepto renacentista y la capilla mayor de la catedral católica en funcionamiento. En uno de los arcos se conserva una inscripción sobre el comienzo de las obras bajo el obispo Manrique, y en una bóveda está representado Carlos V. Tras los muros del coro, las filas de arcos vuelven a extenderse, por las que el ayuntamiento amenazó de muerte a los canteros.
Información práctica
El 24 de junio de 2026, abierta de 10:00–19:00; última entrada 30 minutos antes. Lunes–sábado 08:30–09:30 es posible la entrada individual gratuita, excepto durante oficios especiales.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Para apreciarlo plenamente, hace falta una visita independiente al interior. Guarde silencio y no trate un templo en funcionamiento como una sala de exposiciones corriente.
