Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Piscina circular central
- Columnas de bronce
- Setos altos
- Plataformas elevadas
La historia del lugar
Los actuales parterres y los altos setos ocupan el antiguo muelle de Larsens Plads. Primero resonaban aquí un astillero y un almacén de madera; después, junto al agua funcionó la terminal de una línea de vapores desde la que los daneses partían hacia América sin transbordos por puertos extranjeros. Los barcos embarcaban pasajeros aproximadamente cada dos semanas, y en los baúles se llevaban ropa, herramientas y todo aquello con lo que una familia pensaba comenzar una vida al otro lado del océano. La piscina circular y las columnas de bronce se alzan sobre el lugar donde antes se despedía a quienes a menudo se veía por última vez.
En mil novecientos ochenta, la fundación de la familia Møller compró esta franja de paseo marítimo con un único propósito: crear un jardín público entre Amalienborg y el puerto. La fundación estaba presidida por Mærsk Mc-Kinney Møller, armador que convirtió la compañía naviera familiar en un grupo internacional. Quería regalar el jardín a los daneses y encargó el proyecto al arquitecto belga Jean Delogne.
El regalo provocó de inmediato una polémica. La fundación eligió al arquitecto sin concurso, sin consultas con los habitantes de la ciudad y sin participación de especialistas daneses en paisajismo. Los profesionales consideraban que los habían apartado de la decisión sobre el tramo más importante del paseo marítimo. No les gustaban los muros altos, la estricta simetría ni los relieves de bronce de Arnaldo Pomodoro. Los habitantes de la ciudad aceptaron el jardín con mucha más tranquilidad: entre los muros y los setos podían sentarse junto al agua sin alejarse de la plaza del palacio.
En mayo de mil novecientos ochenta y tres, Møller inauguró Amaliehaven y lo entregó a los daneses. Sus propietarios pasaron a ser el Estado y la ciudad de Copenhague. Cuarenta y un años después, el jardín necesitó una reforma integral: se habían deteriorado las fuentes, la iluminación, las tuberías y las estructuras bajo las plataformas elevadas. La misma fundación familiar hizo una nueva aportación y, tras la restauración, Ane Mærsk Mc-Kinney Uggla, hija del armador y nueva presidenta de la fundación, inauguró el jardín. Se repusieron las plantaciones según el diseño original, se repararon los muros y se sustituyó el equipo de las fuentes. La piscina circular central y las columnas de bronce ante ella pertenecen al mismo regalo que su padre inauguró aquí en mil novecientos ochenta y tres.
La elección del lugar también estaba relacionada con el oficio familiar de los Møller. Antes del jardín se encontraba aquí Larsens Plads, un muelle que llevaba el nombre del armador y constructor naval Lars Larsen. Al principio, Lars Larsen mantenía aquí un astillero y un almacén de madera. Más tarde, el financiero Carl Frederik Tietgen instaló en el terreno liberado la terminal de la Línea Thingvalla.
Antes de que existiera esta línea, los emigrantes daneses solían llegar a América a través de puertos alemanes o británicos. Tietgen propuso una ruta directa de Copenhague a Nueva York, con escalas en Kristiania —la actual Oslo— y Kristiansand. Los vapores partían de Larsens Plads aproximadamente cada dos semanas. La compañía subrayaba que los pasajeros no tendrían que pasar la aduana en los puertos de transbordo ni buscar un intérprete: oficiales, médicos y empleados hablaban lenguas escandinavas, y el equipaje podía facturarse hasta el destino posterior.
Para los jornaleros agrícolas, las sirvientas, los artesanos y los campesinos arruinados, esto tenía un sentido práctico. En los baúles llevaban ropa, herramientas y el resto de las pertenencias que una familia podía llevarse. En el cuadro de Edvard Petersen Emigrantes en Larsens Plads, pintado en mil ochocientos noventa, la gente se despide junto a ese equipaje mientras detrás de ellos cargan un vapor transatlántico. Muchos pasajeros llegaron después a los estados agrícolas de América, donde fundaron granjas y asentamientos daneses; para quienes los despedían en este muelle, la partida se convirtió a menudo en el último encuentro.
Los viajes de pasajeros a América cesaron en mil novecientos treinta y cinco. No queda nada de la terminal ni de los almacenes bajo los actuales parterres.
El nombre «Amaliehaven» significa «jardín de Amalia» y procede del vecino Amalienborg. El propio palacio recibió su nombre de Sophie Amalie, reina de Dinamarca, para quien construyeron cerca la residencia campestre palacio de Sophie Amalienborg. Se incendió en mil seiscientos ochenta y nueve. El jardín lleva ahora el nombre de la reina, y el del constructor naval Lars Larsen se ha conservado en el paseo marítimo que discurre junto al agua.
Información práctica
Abierto las veinticuatro horas; entrada libre.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Deténgase cerca del agua y compare el silencio actual con la historia del astillero y de la partida de los emigrantes. Todo el sentido del lugar se revela desde fuera.
