Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La larga fachada de la antigua aduana
- La fachada de la antigua Sala de Armas de Artillería
La historia del lugar
La larga fachada de la antigua aduana se extiende a lo largo de la plaza, y junto a ella se conserva la fachada de la Sala de Armas de Artillería. Hoy ambos cuerpos forman parte del complejo de la Alcaldía de Cartagena. Hace tiempo que no hay armas dentro, pero en el registro estatal los edificios aún figuran como aduana y sala de artillería. Estos antiguos nombres muestran que, junto al puerto, el Estado necesitaba tanto un servicio para el comercio marítimo como una reserva para su defensa.
El nombre de la plaza procede de la institución que ocupaba su lado largo. Cuando aquí se encontraba el primer muelle de la ciudad, los comerciantes descargaban mercancías, y los funcionarios reales tramitaban los negocios marítimos y cobraban derechos. A finales del siglo dieciocho, el edificio albergó la Administración Real de Aduanas. Junto a ella, el cuerpo de artillería mantenía la Sala de Armas de Artillería, un depósito de fusiles, picas y municiones para la defensa del puerto.
El once de noviembre de mil ochocientos once, este depósito hizo falta a quienes se disponían a defender la ciudad ya de la Corona española. Los dirigía Pedro Romero, maestro herrero y contratista del Arsenal de Marina. Dirigía a los artesanos, sabía fabricar y reparar armas, y su contrato anual valía ochenta mil reales. Romero tenía mucho que perder: su casa, su taller y un empleo provechoso. Al mismo tiempo, los documentos coloniales lo calificaban de mulato; para que se permitiera a su hijo estudiar Derecho, Romero tuvo que solicitar al rey una dispensa especial de esa categoría.
Un año antes, los habitantes de Cartagena expulsaron al gobernador español y crearon una junta, un consejo municipal temporal. El consejo gobernaba de forma autónoma, pero seguía reconociendo al rey Fernando VII. Germán Gutiérrez de Piñeres, miembro de la junta, buscaba una ruptura completa con España. El presidente del consejo, José María García de Toledo, consideraba prematuro ese paso, y el debate se aplazó varias veces.
Cuando la decisión volvió a no tomarse, Romero llevó a la plaza una milicia de Getsemaní: artesanos, negros y mulatos conocidos como los lanceros de Getsemaní. Aquí tuvieron la oportunidad de reforzar su exigencia con las armas. Tomaron la Sala de Armas de Artillería, cogieron picas y fusiles, ocuparon las principales fortificaciones de la ciudad y después irrumpieron en el edificio donde sesionaba la junta. Tras amenazas y un enfrentamiento con los adversarios de la separación, el consejo firmó el acta de independencia plena. Cartagena se declaró Estado soberano.
Al año siguiente, Romero pasó a formar parte de la asamblea constituyente que redactaba la Constitución del nuevo Estado. La república se mantuvo hasta diciembre de mil ochocientos quince, cuando las tropas españolas recuperaron la ciudad tras el asedio. Romero huyó a Haití y murió allí al año siguiente. García de Toledo, a quien Romero obligó a aceptar la ruptura con España, siguió siendo partidario de la república; un tribunal militar español lo condenó a muerte en mil ochocientos dieciséis.
Ya no hay armas en los antiguos locales. El complejo está ocupado por la Alcaldía de Cartagena, y en el registro estatal de monumentos el edificio sigue teniendo dos antiguas denominaciones: la antigua Sala de Armas de Artillería y la antigua Administración Real de Aduanas.
Información práctica
Rodee el monumento para observar la composición desde distintos lados; no es necesario entrar en los edificios para comprender la historia.
