Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Acuarios de la primera planta
- Delantales rojos impermeables
- Figura de piedra de una mujer
- Figura de un niño llorando
La historia del lugar
Justo junto al paseo marítimo, el mercado de capturas frescas ocupó una franja de tierra que antes no existía. Antes de que la rellenaran, aquí se extendía el agua y había grandes guijarros; quizá el nombre de Jagalchi se relacione con ellos, aunque la terminación de la palabra se explica de distintas maneras. Con el tiempo, los comerciantes de pescado crearon una cooperativa, levantaron un edificio permanente de tres plantas y transformaron las filas de venta junto a la orilla en un mercado oficial. Las vendedoras de pescado de aquí llevan desde hace mucho delantales rojos impermeables; se las reconoce por ellos entre los puestos del mercado.
En el edificio de siete plantas de Jagalchi, el comercio se distribuye por plantas. En la primera, el comprador elige pescado o marisco de un acuario, el vendedor pesa y limpia la compra, y en la segunda se la sirven cruda o la preparan por un precio adicional. Bajo un mismo techo se unieron la venta de las capturas y su preparación inmediata.
Antes de que se ganara terreno al mar en los años treinta del siglo veinte, aquí había agua y una franja de grandes guijarros. El nombre del mercado se relaciona con ellos. El origen exacto de la terminación sigue siendo discutido. Según una versión, «jagalcho» significaba «lugar de guijarros» y con el tiempo se convirtió en «Jagalchi». Según otra, a la palabra «jagal» se añadió «chi», una terminación presente en nombres coreanos de peces.
Tras ganar terreno al mar, los pequeños pescadores que salían del puerto de Busan comenzaron a vender sus capturas en la nueva franja de tierra. Cerca de ellos, las mujeres instalaban sus propios puestos. Atendían a compradores coreanos, a quienes les resultaba más difícil acceder a las grandes filas de venta de pescado organizadas bajo la administración colonial japonesa. Estas vendedoras aún no tenían pabellones permanentes.
Tras el inicio de la Guerra de Corea en mil novecientos cincuenta, se les unieron refugiados. Había especialmente muchas mujeres que habían perdido a sus maridos y trataban de mantener a sus hijos y a sus parientes mayores. Unas recorrían las calles con mercancía; otras ocupaban un lugar junto a la orilla. Los antiguos comerciantes recordaban que, para empezar, bastaba con poner una palangana, colocar en ella pescado y vender: no había puestos asignados ni una persona que expidiera permisos.
A estas vendedoras empezaron a llamarlas Jagalchi ajimae. «Ajimae» es una forma de dirigirse en Busan a una mujer adulta, aproximadamente «tía». Para ellas era el nombre de un medio de vida: con los ingresos del pescado alimentaban a sus familias, criaban a sus hijos y se asentaban en Busan. El delantal rojo impermeable se consolidó como su prenda distintiva.
Más tarde, los vendedores se unieron en una cooperativa de procesado de pescado y marisco. A finales de los años sesenta obtuvieron personalidad jurídica, construyeron un edificio de tres plantas y, en mil novecientos setenta y dos, Jagalchi fue registrado como mercado oficial. Al sustituir el antiguo edificio por el actual, quinientos propietarios de puestos invirtieron diez mil millones de wones en la construcción: una cuarta parte del coste total. Casi todos regresaron a sus antiguos lugares de venta en las dos primeras plantas.
En el paseo marítimo, junto al edificio, se alza una mujer de piedra con delantal; a su lado llora un niño. La escultura se instaló en dos mil siete. Esta mujer no tiene nombre propio: es una Jagalchi ajimae, una de aquellas vendedoras que antaño colocaban una palangana de pescado en la orilla ganada al mar y mantenían a su familia con ese comercio.
Información práctica
Mercado de Jagalchi: normalmente 05:00–22:00; cerrado el primer, tercer y quinto martes de cada mes.
Comprobado: 27 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Manténgase alejado de la descarga y la limpieza del pescado, camine con cuidado sobre el suelo mojado y pida permiso para hacer retratos. El mercado continúa tanto bajo techo como en la calle.
