Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Torre medieval
- Ventanas góticas abiertas
- Puerta en la base de la torre
- Líneas de piedra de las naves desaparecidas
La historia del lugar
La torre medieval quedó aquí sola, y la iglesia a la que estaba unida desapareció hace mucho. Los habitantes húngaros de Buda establecieron en este lugar su propia parroquia ya en el siglo decimotercero y la dedicaron a María Magdalena; ante el portal occidental levantaron la torre a finales del siglo decimoquinto. Las ventanas góticas abiertas dejan a la vista su antigua mampostería, y el paso de abajo conducía antaño a la gente al interior de la iglesia. Los bajos contornos de piedra cercanos repiten el trazado de las naves, que ahora solo permanecen sobre el suelo.
El dieciocho de mayo de mil setecientos noventa y cinco, Ignaz Martinovics fue sacado del antiguo monasterio franciscano vecino y llevado bajo escolta a la iglesia. El antiguo monje, científico y dirigente de una conspiración descubierta pretendía derrocar al rey Francisco Primero. El tribunal ya lo había condenado a muerte, pero primero había que despojar al condenado de su dignidad eclesiástica: los jueces civiles no podían ejecutar a un sacerdote católico como a un delincuente común.
Martinovics se ganaba la vida enseñando ciencias naturales y, después, redactando informes secretos para la corte imperial. Bajo Leopoldo II, aquellos informes le proporcionaban dinero y la esperanza de un alto cargo. Tras la muerte de Leopoldo, el nuevo rey disolvió la antigua policía secreta; Martinovics perdió una parte considerable de sus ingresos y, poco después, también su puesto en la corte. Aún trató de ganarse un nombramiento con nuevos informes, pero no obtuvo el cargo deseado.
En la primavera de mil setecientos noventa y cuatro, Martinovics creó dos organizaciones secretas. A los participantes moderados les proponía la independencia de Hungría y reformas; a los radicales, una república y la abolición de los privilegios estamentales. Pretendía dirigir él mismo ambas organizaciones. La conspiración fue descubierta unos meses después.
Durante los interrogatorios, Martinovics decidió salvarse con su recurso habitual: la información. Dio los nombres de los participantes, exageró mucho el número de miembros del movimiento e incluso ofreció sus servicios al rey. De sus declaraciones surgieron unos cincuenta arrestos. Los dirigentes de las sociedades secretas fueron retenidos y juzgados en el edificio del antiguo monasterio, junto a la iglesia. A Martinovics, la confesión no le salvó la vida.
La mañana del dieciocho de mayo le comunicaron que su petición de indulto había sido rechazada. En la iglesia vistieron al condenado con ornamentos litúrgicos y luego se los retiraron sucesivamente, junto con las insignias de la dignidad sacerdotal. El obispo declaró a Martinovics privado de su dignidad eclesiástica y lo entregó a los jueces civiles presentes. Tras la ceremonia, la escolta lo condujo de vuelta a prisión.
Dos días después, todavía antes del amanecer, encadenaron a Martinovics y a otros cuatro dirigentes de la conspiración, los subieron a carros y los sacaron por la Puerta de Viena hasta un campo bajo la fortaleza. Allí colocaron a Martinovics aparte para que viera la ejecución de sus cuatro compañeros. Fue decapitado el último. Las personas a las que había nombrado con la esperanza de volver al servicio del rey murieron ante sus ojos.
La relación de esta ejecución con la iglesia era especialmente directa. Tres años antes, aquí habían coronado rey de Hungría al propio Francisco Primero. Para entonces, la Orden Franciscana ya había sido expulsada por decreto de José II, se habían retirado los enseres y el edificio permanecía cerrado para los fieles corrientes. En la iglesia vacía primero entronizaron a un rey y después despojaron de su dignidad eclesiástica a un hombre condenado por intentar derrocarlo.
El nombre de la iglesia era mucho más antiguo que estos acontecimientos. María Magdalena fue una discípula de Jesús que, según el Evangelio según Juan, fue la primera en encontrarse con Cristo resucitado. En el siglo decimotercero, los habitantes húngaros de Buda establecieron aquí su propia parroquia y dedicaron la iglesia a ella; los documentos no indican por qué eligieron precisamente a esta santa. A finales del siglo decimoquinto, los vecinos construyeron la torre de piedra ante la entrada occidental.
Durante el asedio de mil novecientos cuarenta y cinco se derrumbaron las bóvedas de la iglesia, aunque los arquitectos consideraban posible su reconstrucción. Kálmán Lux preparó un proyecto, aprobaron su presupuesto y comenzaron las obras de reparación. Después se suprimió el obispado militar, se detuvo la reconstrucción y, en mil novecientos cincuenta, los dirigentes del país ordenaron desmontar la iglesia. El proyecto de Lux quedó sobre el papel. El arquitecto restaurador József Csemegi logró conservar la torre medieval: abrió las ventanas góticas cegadas y consolidó la mampostería.
Los espacios inferiores de la torre se usan ahora para exposiciones; arriba hay un mirador. Más allá, bajas líneas de piedra señalan los muros de las naves desaparecidas. La puerta en la base de la torre fue en otro tiempo la entrada principal de la iglesia; el espacio donde retiraron a Martinovics los ornamentos sacerdotales comienza ahora tras ella, al aire libre.
Información práctica
La observación exterior de la plaza y la torre está disponible como espacio abierto; no presente la subida al interior como garantizada sin comprobarlo durante el día, porque el anterior operador comunicó la finalización del contrato en enero de 2025.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Considere la observación exterior como la opción principal de la parada. Si la torre está abierta para subir, consulte allí las condiciones de visita; el relato no depende del acceso a la parte superior.
