Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Filas de árboles en quincuncio
- Explanada abierta
- Columna del Monumento a los Girondinos
- Grupos escultóricos de las fuentes
La historia del lugar
Las filas de árboles en quincuncio rodean la explanada abierta que ocupó el antiguo terreno militar junto a la Garona. Aquí se alzaba una ciudadela abaluartada y, ante sus terraplenes, mantenían una amplia franja sin casas para que nada obstaculizara a la artillería. Cuando el terreno fue entregado a la ciudad, una parte se vendió para edificar y el centro se conservó como plaza y jardín de paseo; de las murallas no queda nada en la superficie, aunque durante obras se encontraron cimientos bajo tierra. Los árboles se plantaron siguiendo el dibujo de cinco puntos de un dado, del que la plaza recibió su nombre, y ahora el antiguo campo militar está ocupado por ferias, un circo, conciertos y un intercambiador de tranvías.
En el verano de mil seiscientos cuarenta y nueve, los artilleros del castillo de Trompette dispararon desde el lugar donde hoy se encuentra la plaza contra Burdeos y su puerto. La orden la dio el duque de Épernon, gobernador real de Guyena: los habitantes de la ciudad se resistían a las nuevas exacciones y a su gobierno, y el gobernador intentaba obligarlos a obedecer.
La fortaleza se levantó aquí dos siglos antes por un motivo parecido. Burdeos había pertenecido a la Corona inglesa durante casi trescientos años, y los comerciantes locales vivían sobre todo de vender vino a Inglaterra. Cuando las tropas francesas ocuparon la ciudad por primera vez, los bordeleses pronto dejaron entrar de nuevo a los ingleses. Tras la victoria francesa definitiva de mil cuatrocientos cincuenta y tres, el rey Charles VII ordenó construir junto a la Garona el castillo de Trompette. Sus cañones protegían el río y, al mismo tiempo, mantenían bajo fuego la ciudad recién conquistada.
A mediados del siglo diecisiete, la fortaleza ya estorbaba en el sentido más literal. Los militares desplazaron las actividades portuarias río abajo, hasta el barrio de Chartrons; a lo largo del agua solo quedaba un camino estrecho que lo unía con la antigua Burdeos. Para quienes se ganaban la vida con el comercio fluvial, la disputa con el gobernador real no se refería solo a los impuestos: la fortaleza se alzaba entre la ciudad y sus muelles.
Después del bombardeo, los bordeleses sitiaron el castillo. La guarnición resistió tres meses y se rindió el dieciocho de octubre. Los vencedores derribaron ante todo hasta el suelo la muralla orientada hacia la ciudad. Incluyeron una condición en el acuerdo de paz: si la Corona reconstruía Trompette, solo podría hacerlo dentro de sus límites anteriores.
Esta condición no los salvó. Tras sofocar las rebeliones, Louis XIV ordenó levantar aquí una ciudadela abaluartada mucho mayor. Para construirla, a costa de Burdeos, desmontaron unas trescientas casas, dos monasterios y los restos de construcciones romanas; ante los terraplenes dejaron una amplia franja sin edificar para el fuego de artillería. Los habitantes de la ciudad lograron destruir la fortaleza odiada y recibieron a cambio una fortaleza que ocupaba aún más suelo urbano.
La administración militar no abandonó Trompette hasta comienzos del siglo diecinueve. El Estado entregó a Burdeos las fortificaciones y el terreno; el municipio vendió parte de la tierra para edificar y conservó el centro para una plaza y un jardín de paseo. Las dimensiones de Quinconces repiten la superficie de la ciudadela junto con su campo libre. De las murallas no queda nada en la superficie; durante obras urbanas se encontraron bajo tierra fragmentos de los cimientos.
En mil ochocientos dieciocho plantaron árboles en los bordes de la nueva explanada siguiendo un dibujo de quincuncio: cuatro en las esquinas de un cuadrado imaginario y uno en el centro, como los cinco puntos de un dado. En francés, esta plantación se llama «quinconce». Al principio la plaza llevó el nombre de Louis XVI, después el de Louis-Philippe, y en mil ochocientos cuarenta y ocho recibió su nombre actual, por el esquema de los árboles. En el antiguo campo de artillería caben ahora ferias, un circo, conciertos y un importante intercambiador de tranvías.
El terreno liberado también permitió a las autoridades de la ciudad levantar aquí un enorme Monumento a los Girondinos. Así llamaban a un grupo de diputados republicanos, muchos de cuyos dirigentes representaban al departamento de Gironda. Prepararon un proyecto de constitución e intentaron proteger a la Convención Nacional de la presión armada de las secciones parisinas. El dos de junio de mil setecientos noventa y tres, guardias nacionales y sans-culottes rodearon a los diputados reunidos y los obligaron a ordenar el arresto de los líderes girondinos. Veintiuno de ellos fueron condenados y enviados a la guillotina el treinta y uno de octubre.
Burdeos decidió conmemorarles casi un siglo después. El monumento se levantó entre mil ochocientos noventa y tres y mil novecientos dos: sobre las fuentes se elevó una columna y, en lo alto, colocaron una Libertad de bronce que rompe cadenas. Los grupos escultóricos debían incluir ocho figuras de los propios diputados, pero nunca llegaron a fundirlas. Al pie del monumento están la República, la Concordia, la Historia y la Elocuencia; los lugares destinados a los girondinos permanecieron vacíos.
Información práctica
Espacio urbano abierto; acceso libre en cualquier momento.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La plaza se aprecia mejor desde cierta distancia: primero valora su vacío en conjunto y después acércate a la base del monumento. Todo lo principal se ve desde fuera, pero el espacio abierto apenas protege de la intemperie.
