Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Dos torres con agujas
- Tres portales
- Estatua de Luis IX de Francia
- Altar de mármol
La historia del lugar
En mil ochocientos sesenta y cuatro, un experto descubrió peligrosas grietas transversales en la antigua iglesia de Chartrons. Allí se alzaba entonces la iglesia de la Orden de los Carmelitas Descalzos, construida ya en el siglo dieciocho. Sus bóvedas se habían derrumbado dos veces antes, y ahora la mampostería volvía a separarse.
Pierre Doni, el párroco, buscaba para su comunidad una iglesia segura y suficientemente espaciosa. Convenció al consejo parroquial —las personas que entonces administraban el dinero de la iglesia y vigilaban el edificio— de imprimir una memoria en apoyo del proyecto del arquitecto Pierre-Charles Brun y de abrir una suscripción. Los feligreses aportaban dinero y el consejo lo invertía en obligaciones de compañías ferroviarias. Para la colocación de la primera piedra se habían reunido doscientos cuarenta mil quinientos ochenta francos, casi tres cuartas partes del presupuesto inicial.
La principal discusión giraba en torno al emplazamiento. Doni y el consejo parroquial pedían destinar a la iglesia el solar del demolido Halle des Chartrons. Allí podía crearse una plaza con salida al Cours Portal. Los concejales municipales decidieron otra cosa: en mil ochocientos sesenta y siete eligieron el antiguo solar carmelita en la Rue Notre-Dame. Doni advertía que la gran iglesia quedaría encajonada entre las casas.
Aun así, las obras se aplazaron. La ciudad restauraba primero el mercado y terminaba otras dos iglesias. En mil ochocientos setenta y dos, una nueva inspección del antiguo edificio resultó tan alarmante que el arquitecto tuvo que sujetar urgentemente sus muros con hierro. Solo dos años después el consejo municipal autorizó el inicio de los trabajos. En el verano de mil ochocientos setenta y cinco cerraron la iglesia ruinosa, trasladaron los oficios a una capilla provisional en la Rue Ferrère y los constructores desmontaron los antiguos muros.
A Brun le tocó el mismo terreno pantanoso que ya habían temido los constructores anteriores. Hundió pilotes de pino hasta la capa de grava, a una profundidad de catorce metros y medio. Sobre esos pilotes se levantaron la nave, dos torres y las agujas. La primera parte de la nueva iglesia se abrió en noviembre de mil ochocientos setenta y nueve; en mayo del año siguiente fue entregada íntegramente a los feligreses. Doni siguió siendo párroco ocho años más: llegó a celebrar oficios en la iglesia para la que había reunido dinero y discutido con la ciudad.
El nombre le vino de la antigua parroquia. En mil setecientos noventa y uno, la Asamblea Nacional Constituyente redibujó los límites de las parroquias de Burdeos, y la antigua iglesia carmelita fue dedicada a Luis IX de Francia. Se trata de Luis IX de Francia, rey francés del siglo trece, canonizado después de su muerte. Su estatua fue colocada sobre la fachada del nuevo edificio, y las vidrieras mostraban la partida del rey para la Séptima Cruzada y la entrega al arzobispo de París de la Corona de Espinas adquirida por el rey.
Durante el desmontaje de la iglesia carmelita, se conservó parte de la decoración. Los artesanos trasladaron los confesionarios, el dosel tallado del púlpito y el altar de mármol de mil setecientos cuarenta. Para finales de mil ochocientos ochenta volvieron a montar en la sacristía los antiguos paneles de caoba cubana. Hoy se celebran misas y conciertos de órgano en la Iglesia de Saint-Louis-des-Chartrons. La gran plaza que Doni había proyectado ante los tres portales nunca llegó a aparecer, y bajo las bóvedas neogóticas permanece el altar de la iglesia carmelita desmontada.
Información práctica
La visita exterior es libre; el interior depende de los oficios y de los actos parroquiales/culturales, por lo que conviene consultar el horario de la parroquia.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Si las puertas están abiertas, entre en silencio y no interrumpa el oficio; desde la plaza no se pueden contemplar plenamente el interior ni el órgano.
