Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Caminos de ladrillo
- Canal de agua poco profundo
- Pilas en cascada
La historia del lugar
El paseo está trazado sobre el río Vicachá, cuyo cauce principal permanece oculto en un colector subterráneo. En la superficie dejaron una estrecha rama de agua, desviada en la toma cercana a la Quinta de Bolívar: recorre un canal poco profundo y desciende por pilas en cascada. La pendiente natural de la calle ayuda al agua a avanzar desde el centro hasta el pie de Monserrate. Los caminos de ladrillo ocupan solo el tramo central de un proyecto concebido en su momento como mucho más largo.
En marzo de mil quinientos cincuenta y siete, la Real Audiencia de Santafé —un tribunal colonial que gobernaba la Bogotá de entonces— intentó proteger el agua de la ciudad. Los jueces prohibieron construir nuevos molinos río arriba del puente, lavar ropa y verter aguas residuales. Se referían al río Vicachá: los muiscas lo llamaban «resplandor nocturno». Tras la aparición de un monasterio franciscano en la ribera, los españoles rebautizaron el río como río San Francisco.
La prohibición enfrentó a quienes necesitaban la misma agua. Se bebía del río; su corriente hacía girar las ruedas de ocho molinos harineros; en las orillas, las lavanderas se ganaban la vida lavando ropa. Más tarde llegaban allí los residuos de viviendas, talleres y del matadero de la ciudad. Las lavanderas y los molineros dependían del acceso al cauce, y los habitantes dependían del agua que ellos mismos contaminaban. Las disposiciones repetidas no lograron separar estas actividades en lugares distintos.
A comienzos del siglo veinte, el río San Francisco era considerado una fuente de enfermedades y un obstáculo para la expansión del centro. En mil novecientos quince, el Congreso de Colombia ordenó canalizar el río. Los propietarios de las parcelas vecinas fueron obligados a participar en el pago de las obras: a cambio se les prometieron una calle ancha y terrenos más valiosos.
La construcción se prolongó casi veinte años. Los trabajadores encerraron el agua en un colector subterráneo, rellenaron el cauce y desmontaron los puentes. Los molinos se detuvieron y las lavanderas desaparecieron de las orillas. En mil novecientos treinta y ocho se inauguró sobre el río la Avenida Jiménez de Quesada, llamada así por Gonzalo Jiménez de Quesada, el fundador español de Bogotá. Sus curvas, inusuales para el centro de la ciudad, repetían el recorrido del cauce rellenado.
Medio siglo después, los arquitectos Rogelio Salmona y Luis Kopek recibieron el encargo municipal de convertir esta avenida en un paseo peatonal. Querían conducir a la gente desde el centro hasta el pie de Monserrate y devolver el agua a la superficie. No abrieron el propio colector. En la toma de agua cercana a la Quinta de Bolívar, los arquitectos desviaron parte del agua del río San Francisco hacia un canal aparte y poco profundo, y aprovecharon la pendiente natural de la calle: en el proyecto, el agua debía caer en pequeñas cascadas cada pocos metros.
Salmona y Kopek concibieron un recorrido mucho más largo, pero entre mil novecientos noventa y ocho y dos mil la ciudad construyó solo su tramo central. Los caminos de ladrillo y las pilas que tiene ante usted pertenecen a ese proyecto reducido. Por ellos corre agua desviada del río San Francisco; la corriente principal del río Vicachá sigue fluyendo en el colector bajo el paseo.
Información práctica
Paseo urbano abierto; más cómodo durante el día.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No confunda el canal decorativo con el antiguo río abierto: la corriente verdadera discurre más abajo, bajo la superficie urbana.
