Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Pabellón de Bolívar
- Estatua de Bolívar
- Fachada curvada del Edificio Monserrate
La historia del lugar
El nombre del parque procede del Círculo de Periodistas de Bogotá, que en mil novecientos cuarenta y cinco fundaron treinta trabajadores de cinco publicaciones de Bogotá para defender la libertad de prensa y lograr la misma remuneración para los reporteros de la capital y de la provincia. La alcaldía cedió al Círculo un terreno junto a la Avenida Jiménez de Quesada y la Carrera 3 para su sede, pero más tarde la parcela pasó a la Academia Colombiana de la Lengua y no quedó nada de la sede. En los años sesenta, periodistas, poetas y escritores siguieron reuniéndose en la plaza libre, por lo que este lugar recibió el nombre oficial. El pabellón central se encontraba antes en el destruido Parque del Centenario; fue trasladado aquí en mil novecientos cincuenta y ocho, y bajo sus arcos se alza una estatua de Simón Bolívar, junto a la cual todavía se fijan encuentros y se celebran ferias.
En el borde occidental del parque, detrás de la Carrera 4, se extiende en arco el Edificio Monserrate. Hasta mil novecientos sesenta y tres albergó la redacción del periódico El Espectador. En la primavera de mil novecientos cincuenta y cinco, el marinero militar Luis Alejandro Velasco entró en el despacho de su director, Guillermo Cano. Ya se había hecho famoso por ser el único superviviente de ocho marineros arrastrados por la borda del ARC Caldas.
Cano dejó marchar al visitante al principio: los periódicos ya habían repetido la versión oficial de una tormenta, y Velasco había ganado dinero con anuncios de relojes y zapatillas de tenis. Pero el director no pudo explicarse por qué había despedido a un hombre que había pasado diez días en una balsa. Ordenó al portero que hiciera regresar al marinero y encargó la entrevista al reportero de plantilla Gabriel García Márquez.
El reportero se resistió. La historia le parecía agotada; no podía rechazar el encargo —el sueldo del periódico era su sustento—, pero no quiso firmarla. Entonces Cano propuso publicar el relato en primera persona, en nombre de Velasco. Una obstinación casual determinó la forma del futuro libro: el lector se encontraba en la balsa junto al marinero, sin explicaciones de un autor periodístico.
Durante tres semanas, Velasco acudió a diario a la mesa de García Márquez en la redacción. El reportero comprobaba la secuencia de los acontecimientos, por la noche convertía en texto la parte más reciente de la conversación y, al día siguiente, el periódico publicaba la continuación. La primera entrega apareció el cinco de abril de mil novecientos cincuenta y cinco y se agotó en unas horas.
En la tercera publicación se desmoronó la versión con la que Velasco había regresado como héroe. No hubo tormenta. En la cubierta del buque militar transportaban frigoríficos, lavadoras y cocinas, comprados por los marineros tras cobrar sus salarios atrasados. Las cajas ocupaban los pasillos y estaban mal aseguradas. Cuando el barco escoró con un viento fuerte, la carga se soltó y arrastró a los hombres por la borda. Murieron siete.
El régimen militar siguió insistiendo en la tormenta y, tras catorce entregas, aumentó la presión sobre la redacción. Los responsables del periódico enviaron a García Márquez como corresponsal a Europa. Unos meses después, el régimen cerró El Espectador, y el reportero se quedó en París sin sueldo, acumuló una deuda por la buhardilla y, en esa pobreza, terminó la novela corta El coronel no tiene quien le escriba. Velasco dejó de servir para el papel de héroe ejemplar y pronto fue olvidado por el público. Su relato, en cambio, sobrevivió a la sensación periodística y más tarde se publicó como libro independiente.
García Márquez era entonces precisamente periodista. Se convertiría en premio Nobel casi tres décadas después. Tras su muerte, en mil novecientos catorce, la ciudad añadió su nombre al del parque. Quedó junto a aquella redacción donde el trabajo diario por un sueldo obligó por primera vez al futuro escritor a comprobar una hermosa historia oficial mediante las palabras de un hombre que había pagado por ella.
La primera parte del nombre se refiere a todo un círculo profesional. Ya en mil novecientos cuarenta y cinco, treinta trabajadores de cinco periódicos de Bogotá crearon el Círculo de Periodistas de Bogotá. La primera reunión estuvo presidida por Emilia Pardo Umaña, una de las primeras columnistas del país que se ganaban la vida con el periodismo. Los participantes querían defender la libertad de prensa y conseguir que las redacciones pagaran a los reporteros sin importar si llegaban de la capital o de la provincia.
La ciudad cedió al Círculo un terreno junto a la Avenida Jiménez de Quesada y la Carrera 3 para su propia sede. Más tarde, el terreno fue expropiado a los periodistas para la Academia Colombiana de la Lengua, y aquí no quedó su edificio. Sin embargo, en los años sesenta, empleados de los periódicos cercanos, poetas y escritores siguieron reuniéndose en la plaza abierta. Su lugar habitual recibió el nombre oficial de Parque de los Periodistas Gabriel García Márquez.
El pabellón del centro apareció aquí un poco antes de aquellas reuniones. Fue trasladado del destruido Parque del Centenario en mil novecientos cincuenta y ocho. Bajo sus arcos se encuentra Simón Bolívar, a quien en Colombia llaman el Libertador. En los escalones alrededor del monumento todavía se fijan encuentros y se celebran ferias y actividades culturales; tras el lado occidental de la plaza permanece la fachada curvada de la antigua redacción, donde Guillermo Cano ordenó una vez al portero que hiciera regresar al marinero que ya se había marchado.
Información práctica
Espacio urbano abierto; es mejor ir de día o al comienzo de la tarde.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Observe el pabellón desde varios lados: su aspecto actual se entiende mejor cuando se ven tanto la arquitectura como la plaza circundante.
