Parada 5 de 6

Te Wero Wynyard Crossing

Te Wero Wynyard Crossing Bridge

La reparación del puente temporal mostrará hasta qué punto la vida urbana ha pasado a depender de un corto paso sobre el agua.

7 min
Wynyard Crossing
Ingolfson · CC0 1.0 Universal Public Domain Dedication; cropped/resized for app
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En qué fijarse

  • Amplia plataforma peatonal
  • Dos hojas centrales
  • Canal de navegación
  • Isla Te Wero

La historia del lugar

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La orilla occidental era hasta hace poco una zona portuaria y de almacenes, a la que el acceso de los visitantes corrientes estaba casi cerrado. Para conectarla con el centro, se montó sobre el agua un puente concebido al principio para un servicio breve; sus casi cinco metros de anchura dejan espacio tanto para peatones como para ciclistas. En el centro, la plataforma se divide en dos mitades móviles: para una embarcación grande se levantan, mientras que las pequeñas pasan por debajo. El corto cruce se convirtió rápidamente en la principal entrada a Wynyard Quarter desde la ribera urbana.

Al comienzo de una ceremonia maorí de bienvenida, un guerrero sale al encuentro de los invitados. Su cometido es averiguar si los desconocidos llegan en son de paz. Deposita una señal ante el jefe de los invitados; este la recoge y con ello acepta que el encuentro continúe. Este desafío se llama «wero». De él recibió su nombre un pequeño terreno ganado al mar junto al extremo oriental del cruce: la isla Te Wero. En dos mil veintiuno, tres participantes en un desafío de este tipo condujeron realmente desde aquí a los invitados hasta la plaza Karanga: su nombre significa la llamada ceremonial de la parte que recibe.

En agosto de dos mil once, los urbanistas de la ciudad necesitaban hacer pasar por la misma línea a decenas de miles de personas. Al otro lado del agua se encontraba Wynyard Quarter, una antigua zona portuaria y de almacenes a la que antes el público apenas tenía acceso. Un cruce ancho para tranvías y otros medios de transporte se valoró en unos cincuenta millones de dólares neozelandeses y se aplazó. John Dalzell, director de la agencia Waterfront Auckland, buscaba conseguir al menos una salida peatonal directa hacia el nuevo tramo de ribera antes de la Copa Mundial de Rugby. Se encargó a los ingenieros montar un puente temporal por tres millones setecientos mil.

Dejaron una plataforma de unos cinco metros de ancho y la hicieron levadiza. El operador recibe por radio una solicitud de una embarcación, detiene a peatones y ciclistas y luego levanta las dos hojas centrales. La mayoría de las embarcaciones pequeñas pasa bajo el puente cerrado; para las grandes se libera el canal de navegación. Si el mecanismo no puede ponerse en marcha con seguridad, las hojas deben permanecer elevadas según las condiciones del permiso, para no dejar atrapadas embarcaciones dentro de Viaduct Harbour.

Ya durante el primer fin de semana, unos cincuenta mil visitantes cruzaron el paso. La estructura temporal siguió siendo la principal ruta corta entre el centro y el nuevo barrio. Una serie de averías desde noviembre de dos mil veintitrés culminó en que, en marzo de dos mil veinticuatro, el puente fue elevado y cerrado al paso de personas. El rodeo a pie tomaba unos veinte minutos; los propietarios de los establecimientos de North Wharf perdieron su flujo habitual de visitantes.

Gert Bothma, jefe del equipo de reparación, debía devolver el cruce al servicio y prolongar su vida útil al menos otros quince años. Treinta personas trabajaron por turnos las veinticuatro horas. Una barcaza elevadora con capacidad de doscientas cincuenta toneladas trasladó las hojas y las salas de maquinaria al taller del vecino muelle Wynyard. Muchas piezas ya no se fabricaban, por lo que los mecánicos tuvieron que encargar nuevos conjuntos y adaptarlos a la estructura antigua. Limpiaron el acero, sustituyeron las partes dañadas y revisaron los cabrestantes y los cables.

Mientras trabajaba el equipo, un pequeño ferri gratuito transportó por la dársena a más de ciento ochenta y un mil pasajeros. El trece de diciembre de dos mil veinticuatro, la gente volvió a cruzar el puente; el gerente de uno de los establecimientos calificó el día de la reapertura como el más concurrido desde el verano anterior.

Wynyard, en el nombre completo del cruce, es el barrio de la orilla occidental. Su apellido colonial se remonta a Robert Henry Wynyard, comandante de las tropas británicas, cuyo nombre se daba en Auckland a muelles y calles. Te Wero es el desafío del extremo oriental. Entre estos dos nombres se encuentra aquella misma plataforma temporal, bajo la cual, tras la reparación, quedan ocultos más de medio kilómetro de cableado nuevo, más de cien luminarias y más de sesenta sensores.

Información práctica

Tiempo en la parada7 min
Siguiente puntoSilos de la antigua Tank Farm
EntradaPuente peatonal

Abierto tras la reparación; puede haber aperturas para embarcaciones, restricciones temporales y avisos de mantenimiento técnico.

Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Respete las señales y las barreras: cuando se abre, el puente queda completamente libre para la embarcación.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Cruce la dársena y siga la orilla hasta el conjunto de silos de hormigón.

Parada 5 de 6Después: Silos de la antigua Tank Farm

Ruta terminada

Paseo completado

«El paseo marítimo de Auckland: puerto, ferris y huellas industriales» — 6 paradas, unos 1,7 km, 1 h 25 min.

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