Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Palmeras junto a la entrada principal
- Acequias abiertas de riego
- Estanques
- Silla metálica multifacética
La historia del lugar
Bajo los árboles se extiende el antiguo jardín del palacio, donde el agua determina la disposición de todo el espacio. Las acequias abiertas y los estanques reciben el caudal de un antiguo acueducto que recoge agua al pie del monte Himeto y la conduce por gravedad desde la parte norte, más alta, hasta la parte sur, más baja. El acueducto fue construido ya bajo el gobernante ateniense Pisístrato, en el siglo sexto antes de nuestra era, y sigue siendo la principal fuente de riego.
En mil ochocientos treinta y nueve, la reina Amalia de Oldemburgo ordenó traer de Génova quince mil plantas ornamentales. La esposa, de veinte años, del primer rey de Grecia, Otón I de Grecia, quería crear detrás del palacio en construcción un jardín parecido a los que conocía de Europa Central. Pero Atenas acababa de convertirse en capital, alrededor del palacio se extendía una tierra seca y casi sin árboles, y la ciudad carecía incluso de agua potable.
Amalia de Oldemburgo encargó las plantaciones a agrónomos y jardineros, pero siguió las obras personalmente. En sus cartas a su padre, casi todos los días informaba de cuánto había crecido su jardín. En una elevación rocosa instalaron una silla metálica multifacética: la reina se sentaba allí y observaba las plantaciones. Esta «piedra de Amalia» se ha conservado en la parte noreste del jardín.
Las plantas traídas arraigaron mal. Algunas no resistieron el verano ateniense y, en el invierno de mil ochocientos cincuenta, una fuerte helada acabó con casi todos los cítricos. Los jardineros volvieron a plantar, añadieron pinos, cipreses y plantas de Sunio y de Eubea. Para mil ochocientos cincuenta y dos, habían extendido las plantaciones hasta los límites actuales, trazado senderos sinuosos y dispuesto estanques, canales y pequeños claros.
Lo más difícil era conseguir agua. El escritor francés Edmond About, que entonces vivía en Atenas, acusaba al palacio de haber tomado varios depósitos de la ciudad para el riego. Escribió: «Los atenienses sufren, pero el césped se siente de maravilla». Era la pulla de un contemporáneo, pero detrás había una disputa comprensible: los habitantes compraban agua, mientras que tras la verja del palacio regaban la hierba y los árboles extranjeros.
La verja tenía importancia. Amalia de Oldemburgo creaba el Jardín Real para su familia. A los ciudadanos solo se les permitía entrar después de que el rey y la reina salieran a dar su paseo vespertino a caballo. Si Amalia de Oldemburgo se retrasaba, las puertas podían no abrirse hasta el anochecer. A los visitantes les quedaba muy poco tiempo para recorrer los senderos, mantenidos, entre otras cosas, con agua que necesitaba toda la ciudad.
En mil ochocientos sesenta, durante unas obras, descubrieron aquí un antiguo acueducto construido ya bajo el gobernante ateniense Pisístrato, en el siglo sexto antes de nuestra era. Sus galerías subterráneas recogían agua al pie del monte Himeto. Por canaletas de piedra y a través de los estanques, el agua fluía por gravedad desde la parte norte, más alta, del jardín hasta la parte sur, más baja. Este acueducto sigue siendo hoy la principal fuente de riego.
Dos años después del hallazgo, Otón I de Grecia fue obligado a abandonar el trono. Amalia de Oldemburgo se marchó con él y nunca regresó a Grecia. La siguiente familia real conservó el jardín detrás del palacio. Solo en mil novecientos veintitrés se convirtió en un parque público estatal, cuando las puertas empezaron a abrirse desde el amanecer hasta el atardecer. Cuatro años después, el antiguo Jardín Real recibió oficialmente el nombre de Jardín Nacional de Atenas.
Junto a la entrada principal, en el lado de la avenida Vasilissis Amalias, se alzan altas palmeras plantadas por la propia reina en mil ochocientos cuarenta y dos. Detrás de ellas, los senderos cruzan acequias abiertas de riego: el público entra por las antiguas puertas del palacio y, bajo los árboles, sigue fluyendo el agua del antiguo acueducto ateniense.
Información práctica
Todos los días, desde el amanecer hasta el atardecer; en situaciones de emergencia, los horarios pueden cambiar mediante avisos en las entradas.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Manténgase en los senderos abiertos y cuide las plantas; dentro es fácil perder la orientación, así que consulte el mapa en las bifurcaciones.
