Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Portal de piedra
- Nave principal
- Altar mayor
- Edificio contiguo del antiguo colegio
La historia del lugar
El portal de piedra conduce al templo junto al cual los jesuitas mantenían el Colegio de Santiago: aquí vivía la comunidad, funcionaba la escuela y se preparaban los viajes a las misiones de Condesuyos. Su mantenimiento procedía de los ingresos de los viñedos, las ventas de vino y grano, las rentas y las deudas de los habitantes de la provincia. En las tierras de la comunidad, en los valles de Vítor y Sakai, trabajaban hombres, mujeres y niños esclavizados. Más tarde, los libros y documentos del colegio se dispersaron entre distintas colecciones, y los jesuitas volvieron a oficiar en el templo.
El diecisiete de septiembre de mil setecientos sesenta y siete, a las cuatro de la mañana, José Manrique y Guzmán se acercó a la iglesia: era el corregidor, gobernador y juez de Arequipa nombrado por la Corona. Lo acompañaban un escribano y dos destacamentos de milicianos. Manrique había reunido a sus hombres durante la noche sin revelarles la misión: debían detener al mismo tiempo a todos los jesuitas de la provincia, para que no pudieran advertirse unos a otros.
Junto al templo se encontraba entonces el Colegio de Santiago. Era una escuela y una base desde la que los sacerdotes partían hacia la remota región de Condesuyos. Allí también residía su comunidad. «Compañía de Jesús» es el nombre oficial de la orden jesuita: los primeros compañeros de Ignacio de Loyola eligieron para ella el nombre de Jesús. Por eso la iglesia lleva el nombre de las personas que la construyeron, oficiaron aquí y enseñaron en el colegio vecino.
Manrique encontró en el colegio a casi toda la comunidad; faltaban tres personas. Leyó a los reunidos el decreto real, los encerró allí bajo arresto domiciliario y ordenó buscar a los demás. Después, los funcionarios empezaron a inventariar el templo, la biblioteca, el archivo, los inmuebles urbanos y las haciendas rurales.
El Colegio de Santiago se sostenía con viñedos, el comercio de vino y grano, pagos de alquileres y deudas que le abonaban los habitantes de la provincia. En los valles de Vítor y Sakai, hombres, mujeres y niños esclavizados trabajaban en tierras pertenecientes a los jesuitas; al producirse la confiscación, también fueron incluidos en los inventarios de bienes. La orden de aquella mañana privaba a los miembros de la orden tanto de su hogar como de los recursos con los que se mantenían la escuela, las misiones y la iglesia.
El rey español Carlos III ordenó expulsar a los jesuitas de todos sus dominios. Sus consejeros vinculaban a la orden con los recientes disturbios y proponían considerar la falta de un miembro individual como culpa de toda la organización. No se presentó ninguna acusación local contra los sacerdotes de Arequipa. Los mantuvieron detenidos, luego los enviaron a Lima y, desde allí, junto con otros jesuitas peruanos, fuera de los dominios españoles. La mayoría de los expulsados acabó en los Estados Pontificios. Seis años después, el papa suprimió también la propia orden.
El Colegio de Santiago cerró tras la confiscación, y su biblioteca y su archivo se dispersaron entre otras colecciones. Los jesuitas regresaron a Arequipa solo a finales del siglo diecinueve y volvieron a hacerse cargo de este templo. Ahora vuelve a servir aquí una comunidad de la Compañía de Jesús: la misma orden que Manrique acudió a detener antes del amanecer.
Información práctica
El Registro Nacional de Turismo indica para el templo 09:00–19:00 y para la capilla 09:00–13:00 y 15:00–18:00; los oficios y las decisiones parroquiales pueden modificar el acceso.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Empiece por la talla exterior: no depende del acceso al templo. Dentro, hable en voz baja y observe las pinturas y el altar solo donde esté abierto el paso.
