Parada 4 de 8

Claustros de la Compañía de Jesús

Claustros de la Compañía

Los claustros permiten seguir cómo un testamento particular se convirtió en una disputa por el derecho a abrir un colegio.

16 min
Arcada blanca y patio de piedra de los claustros de la Compañía de Jesús.
Santiagostucchi · CC BY-SA 4.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Arcadas talladas
  • Patios interiores
  • Puertas comerciales
  • Dependencias del antiguo colegio

La historia del lugar

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En el patio principal, los pasadizos de piedra tallada conviven con las huellas de una transformación larga y bastante tosca. Tras el cierre del colegio, las dependencias se destinaron a un albergue para niños abandonados; después, el conjunto se dividió en ocho propiedades. Los nuevos dueños derribaron tres lados de la galería principal y levantaron oficinas de dos plantas en medio del patio. Más tarde reunieron de nuevo las parcelas, restauraron el conjunto y volvieron a vender los espacios por separado; tras las puertas actuales se conservan las salas de la antigua casa de estudios.

Tras las arcadas talladas funcionan hoy tiendas, cafeterías y restaurantes. Se llama claustros a las galerías cubiertas que rodean los patios interiores. Su nombre histórico pertenece a los jesuitas: oficialmente, su orden católica se llama la Compañía de Jesús. Aquí se encontraban su Colegio de Santiago y el juniorado, una casa donde se formaba a los jóvenes miembros de la orden.

Todo comenzó con el testamento de Diego Hernández Hidalgo. Este acaudalado encomendero de Arequipa obtenía ingresos de propiedades urbanas y de una encomienda: el derecho que se le había concedido para recaudar tributos de la población indígena adscrita. Quería llevar a los jesuitas a Arequipa y ser recordado como el fundador de su colegio. Para ello, Hernández Hidalgo entregó a la orden once mil quinientos ochenta pesos y once locales comerciales. Las condiciones eran personales: enterrarlo en la futura iglesia y celebrar cada año el día de Santiago Apóstol. En español, al apóstol Iacobo se le llama Santiago; por eso el colegio recibió precisamente ese nombre.

El veintiséis de julio de mil quinientos setenta y ocho, Hernández Hidalgo firmó el testamento y murió al día siguiente. En el documento figuraba un plazo: si los jesuitas no abrían la casa a tiempo, los bienes pasarían a otras instituciones benéficas. José de Acosta, superior de los jesuitas del Perú y promotor de la fundación de un colegio en Arequipa, envió aquí a dos compañeros de orden. El dieciséis de agosto aceptaron las propiedades legadas y compraron un solar para la iglesia.

Los jesuitas se apresuraron y empezaron a instalarse antes de obtener todos los permisos. Francisco de Toledo, virrey del Perú, que exigía el cierre de la casa fundada sin autorización, ordenó tapiar la entrada e incautar los bienes. El capital del donante fallecido quedó embargado, y el colegio prometido solo existió unas semanas.

Pedro Mejía, apoderado de la orden, presentó una demanda ante la Real Audiencia de Lima y exigió que se reconocieran los derechos de los jesuitas sobre los bienes testamentarios. La disputa llegó hasta el rey de España. En febrero de mil quinientos ochenta y dos, Felipe II autorizó fundar un colegio y una iglesia en Arequipa, y el nuevo virrey Martín Enríquez ordenó devolver lo incautado. El dinero y los locales comerciales de Hernández Hidalgo acabaron destinándose al Colegio de Santiago.

Las construcciones más antiguas ya no existen: las destruyó el terremoto de ese mismo mil quinientos ochenta y dos. Los arcadas y patios actuales fueron levantados por los jesuitas mucho después; las obras continuaron desde finales del siglo diecisiete hasta mil setecientos treinta y ocho.

Tras el cierre del colegio, aquí se instaló un albergue para niños abandonados. En mil novecientos veintiuno, el albergue fue trasladado a un edificio nuevo, y los claustros se dividieron en ocho parcelas y se vendieron. Los propietarios derribaron tres lados de la arcada principal y levantaron oficinas de dos plantas en medio del patio. En mil novecientos setenta y uno, el Banco Central Hipotecario reunió las parcelas, restauró el conjunto y volvió a vender los espacios por separado. Por eso, tras las actuales puertas comerciales se encuentran las salas del antiguo colegio, y sobre los patios permanece el nombre de la orden por la que Diego Hernández Hidalgo entregó su fortuna.

Información práctica

Tiempo en la parada16 min
Siguiente puntoCasa Tristán del Pozo
Entradaacceso libre

Normalmente accesible en horario diurno a través de los locales comerciales; el conjunto no tiene un horario oficial único.

Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Manténgase en los pasos abiertos: algunas partes del conjunto histórico pueden tener distintos propietarios y diferentes condiciones de acceso. No confunda el uso actual de los espacios con la disposición original del colegio.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Salga hacia el lado este de la plaza y diríjase a la fachada tallada de la calle San Francisco.

Parada 4 de 8Después: Casa Tristán del Pozo

Ruta terminada

Paseo completado

«Centro histórico de Arequipa: plaza, monasterio y San Lázaro» — 8 paradas, 1,8 km, 4 h 15 min.

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