Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Puertas de la terminal de ferris de Malindi
- Ferris junto a los muelles
- Cercado de la zona de carga
- Dhows y barcas de pesca
La historia del lugar
Malindi reúne varios trabajos distintos en una misma orilla: tras el cercado permanece la parte comercial, y más al norte llegan al agua los dhows y las barcas de pesca. Los barcos tenían aquí su propio muelle, rompeolas y almacenes; llevaron hasta ellos agua dulce y una tubería petrolera para que las tripulaciones repusieran provisiones junto a la costa. Las instalaciones del puerto fueron construidas por trabajadores isleños y continentales contratados con contratos de seis meses, con alojamiento, comida y el viaje de regreso a casa.
Tras las puertas de la terminal de ferris de Malindi esperan ferris hacia Dar es Salaam y Pemba. Al lado atienden barcos de carga, dhows y barcas de pesca. El puerto recibió el nombre del barrio de Malindi, en el extremo norte de la Ciudad de Piedra. Pero los muelles de hormigón aparecieron aquí solo en los años veinte del siglo pasado. Antes, los grandes vapores permanecían fondeados y las personas, el equipaje y las mercancías se transportaban entre el barco y la costa en lanchones, pequeñas embarcaciones de carga.
Para el nuevo puerto, la administración sacrificó el primer ferrocarril de Zanzíbar. Unía la ciudad con la localidad de Bububu y transportaba pasajeros a lo largo de la costa occidental. En julio de mil novecientos veintidós se suspendió el servicio de pasajeros, y las locomotoras y los vagones se adaptaron para llevar piedra a la construcción de Malindi.
Para las obras contrataron, entre otros, a doscientos hombres de Tanganica, el territorio continental situado frente a Zanzíbar. Aceptaban marcharse con un contrato de seis meses para ganar dinero. Según las condiciones de contratación, les correspondían comida, alojamiento, atención médica y el regreso a casa al terminar el plazo. Estos hombres construían las instalaciones del puerto mientras los zanzibaríes discutían si la isla necesitaba una obra de tal envergadura.
En mil novecientos veinticinco llegó a Zanzíbar la Comisión de África Oriental, que examinaba los proyectos económicos de las posesiones británicas. Khalifa bin Harub, jefe formal de Zanzíbar bajo el protectorado británico, buscaba una revisión de la construcción portuaria. Junto a él se pronunciaron la Cámara de Comercio, la Asociación Árabe y la Asociación Nacional India, organizaciones de comerciantes cuyos ingresos dependían de importar mercancías y exportar clavo.
Por lo general, estos grupos defendían intereses distintos. Aquí comunicaron a la comisión lo mismo: las obras habían comenzado sin consultar a los habitantes, el proyecto se había inflado y el dinero público se gastaba en vano. Los comerciantes necesitaban un puerto cómodo, pero sin carreteras seguía siendo difícil llevar al muelle los productos de las plantaciones. La comisión aceptó las objeciones y recomendó reducir el proyecto portuario y destinar los fondos liberados a la construcción de carreteras.
La recomendación no detuvo las obras. Malindi ya recibía lanchones; después, los trabajadores levantaron un muelle, un rompeolas y almacenes. Llevaron hasta los barcos agua dulce y una tubería petrolera: las tripulaciones podían reponer provisiones y cargar combustible junto a la costa. El treinta y uno de agosto de mil novecientos veintinueve, los vagones ferroviarios realizaron su último viaje. En octubre entregaron las instalaciones terminadas al mismo Khalifa bin Harub que cuatro años antes había exigido recortar el proyecto. En noviembre inauguraron oficialmente el puerto.
Más tarde ampliaron y reconstruyeron los muelles, y demolieron dos antiguos almacenes portuarios. Malindi conservó, sin embargo, la división ideada entonces: los pasajeros pasan por su propia terminal, las mercancías comerciales por la zona portuaria cercada, y los dhows y los barcos de pesca atracan más al norte. En julio de dos mil veintiséis, los ferris de carga ya se habían trasladado a la nueva terminal de Maruhubi; durante la transición, el embarque de pasajeros permaneció en Malindi.
Al muelle actual siguen llegando personas con billetes y equipaje. La piedra para el muelle que lo precedió la llevó el ferrocarril de Bububu; el puerto permaneció, pero ya no quedan sus vías junto a Malindi.
Información práctica
El paseo marítimo público está disponible como espacio urbano; las zonas portuarias y de la terminal están reguladas por vigilancia, billetes y los servicios vigentes. Los horarios de los ferris deben comprobarse por separado antes del viaje.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No entren en las zonas de servicio ni obstaculicen el embarque. El viaje en ferri, si se necesita, se planifica por separado del paseo.
