Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La carcasa metálica de la vitrina
- La Tribuna Real
- Las escaleras de la capilla
- La cúpula de la Capilla de la Sábana Santa
La historia del lugar
La alta cúpula de la Capilla de la Sábana Santa se alza sobre el ábside de la Catedral, entre el templo y el Palacio Real. Los duques de Saboya dispusieron aquí una capilla palaciega para su reliquia: desde el palacio conducía a ella un pasadizo independiente, y desde las naves laterales suben dos escaleras. La Catedral está dedicada a Juan Bautista y sirve de sede del arzobispo de Turín; aquí se celebran los oficios habituales, y el paño se expone rara vez. Ahora se guarda extendido en una vitrina hermética, cerrada por una gran carcasa metálica, en la última capilla de la nave izquierda bajo la Tribuna Real.
En la noche del once al doce de abril de mil novecientos noventa y siete, el bombero Mario Trematore, de cuarenta y cuatro años, estaba en casa con su mujer. No estaba de guardia, pero vio humo sobre el centro de Turín, llamó al parque de bomberos y supo que ardía el complejo situado entre el Palacio Real y la Catedral. Trematore se puso una vieja chaqueta con el distintivo del servicio de bomberos y fue a ayudar a sus compañeros.
Las llamas envolvieron los andamios alrededor de la Capilla de la Sábana Santa, una estancia alta sobre el ábside de la Catedral. El calor doblaba los tubos metálicos y desde arriba caían trozos de piedra. Los bomberos temían que la cúpula se derrumbara sobre el presbiterio.
La propia Sábana Santa de Turín ya no estaba en la capilla incendiada. Cuatro años antes del incendio la habían sacado de allí para restaurarla y la habían colocado detrás del altar mayor de la Catedral. Los cristianos veneran como la tela funeraria de Jesús este largo paño de lino, en el que se ven las huellas frontal y dorsal del cuerpo de un hombre crucificado. La historia documentada de esta reliquia solo puede seguirse desde mediados del siglo catorce. En mil novecientos noventa y siete se guardaba enrollada sobre un rodillo de madera dentro de una arqueta de plata, cerrada por gruesas planchas de vidrio antibalas.
El vidrio protegía la reliquia de un ataque, pero ahora impedía sacarla de debajo de la cúpula que se desplomaba. Trematore cogió un pesado mazo de hierro. Sus compañeros rociaban la vitrina con agua, y él golpeaba un mismo punto hasta que el vidrio se agrietó. Los bomberos apartaron los fragmentos con las manos, sacaron la arqueta de plata y la llevaron a través de la Catedral. A Trematore se le quedaron pequeños trozos de vidrio en las palmas. Más tarde dijo que temía morir y pensaba en su mujer y sus hijos; no le gustaba el apodo de salvador de la Sábana Santa de Turín: consideraba que, junto con sus compañeros, había cumplido el trabajo de un bombero.
Dos días después, los especialistas abrieron la arqueta: el fuego no había dañado el paño. Se celebró la exposición pública prevista para el año siguiente, y la restauración de la capilla quemada duró veintiún años. La reabrieron en dos mil dieciocho.
La Sábana Santa de Turín llegó a Turín gracias a otra persona que se disponía a ir a pie hasta ella. El arzobispo de Milán, Carlos Borromeo, cuidó a los enfermos durante la peste y prometió ir a venerar la reliquia si la epidemia remitía. Entonces el paño se encontraba al otro lado de los Alpes, en Chambéry, la antigua capital del Ducado de Saboya.
El duque Manuel Filiberto de Saboya ya había trasladado su capital de Chambéry a Turín y quería tener cerca de la corte la principal reliquia de la Casa de Saboya. La intención de Borromeo le dio un pretexto oportuno. En mil quinientos setenta y ocho, el duque ordenó llevar la Sábana Santa de Turín a Turín para evitar al arzobispo el cruce de los Alpes. Borromeo recorrió igualmente a pie el camino desde Milán durante cuatro días, ayunando y rezando. Aquí cumplió su promesa, y el paño ya no regresó a Chambéry.
Más tarde, los duques de Saboya construyeron para ella una capilla entre el palacio y la Catedral. Desde el palacio conducía allí un pasadizo independiente, y desde las naves laterales subían dos escaleras. En mil seiscientos noventa y cuatro colocaron la Sábana Santa de Turín en el altar central de la capilla; allí permaneció hasta el comienzo de las obras en mil novecientos noventa y tres.
La propia iglesia está dedicada a Juan Bautista, el predicador que bautizó a Jesús, y sirve como iglesia catedralicia del arzobispo de Turín. Aquí se celebran los oficios habituales, y la Sábana Santa de Turín solo se muestra durante raras exposiciones públicas. Ahora se encuentra en la última capilla de la nave izquierda, bajo la Tribuna Real. El paño yace extendido en una vitrina hermética, oculta dentro de una gran carcasa metálica. El rollo de lino enrollado y la arqueta de plata que Mario Trematore llevó al hombro ya no están detrás de esta pared.
Información práctica
La catedral abre todos los días de 9:00–12:30 y de 15:00–19:00; durante las misas y ceremonias se interrumpe el acceso a la capilla de la Sábana Santa.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No espere ver el paño desplegado durante una visita habitual. La Catedral y la capilla tienen regímenes de acceso distintos; dentro respete las normas del templo en funcionamiento.
