Parada 3 de 8

Plaza de Zocodover

Plaza de Zocodover

La plaza será escenario del choque entre una condena oficial y la confianza de los pacientes de la ciudad.

15 min
La Plaza de Zocodover, con las fachadas circundantes y pequeñas figuras de peatones.
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En qué fijarse

  • Soportales
  • Fachadas circundantes
  • Espacio abierto de la plaza

La historia del lugar

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En la Plaza de Zocodover todavía hoy se organizan encuentros, celebraciones y escenarios temporales. El nombre de la plaza describe su antigua actividad: el árabe «suq ad-dawab» significa mercado de animales de carga. Aquí convergían vendedores, compradores y arrieros. En mil cuatrocientos sesenta y cinco, el rey castellano Enrique IV autorizó a Toledo a celebrar aquí una feria semanal. Tenía lugar los martes y recibió el nombre abreviado de «Martes». El comercio continuó en la plaza hasta el siglo veinte.

El mismo flujo de personas atrajo aquí al tribunal de la ciudad y a la Inquisición. En la Plaza de Zocodover se leían sentencias y se celebraban autos de fe, ceremonias públicas de penitencia y condena. Las ejecuciones se llevaban a cabo después, en otro lugar. Aquí hacían falta espectadores.

El domingo dieciocho de diciembre de mil quinientos ochenta y ocho llevaron al cadalso al cirujano Eleno de Céspedes. En los documentos del proceso, el nombre cambia: «Elena», «Eleno», «Elena, también llamada Eleno». El propio Céspedes se llamaba Eleno desde mil quinientos setenta y cinco; así lo llamaremos aquí.

Eleno nació en Alhama de Granada, hijo de una esclava, y obtuvo la libertad todavía en la infancia. Se ganaba la vida cosiendo, sirvió como soldado y después se instaló en Madrid con un cirujano conocido, con quien estudió durante tres años el tratamiento de heridas. Tras ser acusado de ejercer ilegalmente, Eleno no huyó, sino que aprobó los exámenes del Real Tribunal del Protomedicato. Obtuvo dos documentos: el derecho a ejercer la cirugía y una autorización independiente para sangrar y recetar sustancias depurativas. Entre los bienes confiscados más tarde figuraban veintisiete libros, tratados de anatomía y medicina en español y latín. Esta persona vivía de su oficio y podía defenderse con conocimientos profesionales.

En Ciempozuelos, Eleno conoció a María del Caño, una mujer con la que quería casarse. Un funcionario eclesiástico dudó de que el novio sin barba fuera hombre y exigió un examen. Después, dos médicos de la corte examinaron a Eleno. Ambos lo reconocieron como hombre, tras lo cual la Iglesia autorizó el matrimonio. En mil quinientos ochenta y seis, Eleno y María se casaron en Yepes.

Un año después, los cónyuges se trasladaron a Ocaña: allí no había cirujano, y Eleno esperaba conseguir pacientes. Lo reconoció un antiguo compañero del servicio militar, entonces alguacil. Denunció que la persona que vivía como hombre y estaba casada con una mujer había nacido mujer. Eleno fue detenido, y el proceso civil pasó a la Inquisición de Toledo.

En el juicio, Eleno sostuvo que era hermafrodita y que en el momento de la boda tenía cuerpo masculino. Los médicos que antes habían autorizado el matrimonio retiraron su dictamen. Los inquisidores declararon mujer a Eleno, consideraron el matrimonio un engaño y lo acusaron de ofender el sacramento del matrimonio. Como los acusadores necesitaban explicar cómo los exámenes anteriores habían dado un resultado opuesto, en el expediente también apareció un supuesto pacto con el diablo.

Llevaron a Eleno a la Plaza de Zocodover con un hábito penitencial y un capirote alto con signos de las acusaciones. Aquí se leyó la sentencia. Al día siguiente, la persona condenada recibió cien azotes por las calles de Toledo y luego otros cien en Ciempozuelos. La última parte de la pena fueron diez años de trabajo gratuito en salas hospitalarias.

Eleno fue enviado al Hospital Real de Toledo. Sin embargo, ya en marzo de mil quinientos ochenta y nueve, su administrador se quejó ante la Inquisición: acudía tanta gente al cirujano condenado que se producía una aglomeración en el hospital. El tribunal ordenó trasladar a Eleno al hospital de la localidad de Puente del Arzobispo. Su destino posterior es desconocido.

El cadalso de la Plaza de Zocodover era temporal. En otoño de ese mismo año, un incendio destruyó la mayor parte de las casas que rodeaban la plaza; las fachadas y soportales actuales aparecieron tras reconstrucciones posteriores. Se conservaron el espacio mismo y el nombre de mercado. Los jueces expusieron aquí a Eleno para que lo viera toda la ciudad. Tres meses después, el hospital pidió que trasladaran a aquella misma persona porque los habitantes de la ciudad seguían acudiendo a él para tratarse.

Información práctica

Tiempo en la parada15 min
Siguiente puntoAlcázar de Toledo
Entradadesde el exterior, gratis

La plaza está abierta las veinticuatro horas; en junio de 2026, el edificio de la Delegación del Gobierno en la plaza se encuentra cubierto de andamios.

Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Rodea la plaza por el borde y mírala desde varios puntos: su disposición se entiende mejor a través de los flujos de personas que desde el centro.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Pasa bajo el arco y sal hacia la subida a la fortaleza.

Parada 3 de 8Después: Alcázar de Toledo

Ruta terminada

Paseo completado

«Tres culturas sobre la cresta urbana de Toledo» — 8 paradas, 2,9 km, 4 h 35 min.

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