Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Bondi Pavilion
- Edificio del club de salvamento en el extremo sur
- Línea de rompiente frente al Bondi Pavilion
La historia del lugar
Bondi lleva mucho tiempo sirviendo como playa urbana junto al océano abierto, adonde acudían miles de personas en los días calurosos. Frente al Bondi Pavilion, los socorristas señalaban con banderas una zona del agua donde los bañistas contaban con una patrulla desde la orilla. En el extremo sur de la franja de arena se alza la sede del club voluntario: desde aquí salían de guardia personas acostumbradas a trabajar en el oleaje.
El seis de febrero de mil novecientos treinta y ocho, el mar frente a Bondi ya era peligroso por la mañana. Los socorristas lograron sacar del agua a setenta y cuatro personas. Sin embargo, la playa seguía abierta: aquel caluroso domingo acudieron aquí unos treinta y cinco mil habitantes de la ciudad.
Para entonces, Bondi estaba concebida como una playa urbana masiva junto al océano abierto. Frente al Bondi Pavilion, los socorristas colocaron dos banderas a unos setenta metros de distancia. Entre ellas, los bañistas se consideraban protegidos por la patrulla. Con la marea baja, tras el canal cercano a la costa quedó expuesta una larga barra de arena. Se podía llegar hasta ella con el agua hasta la cintura, y cientos de personas se reunieron en aquel banco engañoso.
Carl Jeppesen, capitán del club voluntario de salvamento, vio cómo la corriente arrastraba rápidamente a un bañista lejos de la orilla y ordenó sacar carretes de salvamento adicionales. Cerca de allí, dos grupos de patrulla se estaban relevando, y otros miembros del club se preparaban para la carrera semanal en el oleaje. Por eso, hacia las tres de la tarde, había por casualidad unos sesenta socorristas preparados en la arena. Habían acudido para competir; la salida nunca llegó a producirse.
Tres grandes olas pasaron una tras otra. El agua subió sobre la barra de arena, la gente perdió el apoyo y la corriente de retorno se concentró en un canal profundo y los arrastró lejos de la orilla. Más tarde, los periódicos escribieron que la barra se había derrumbado de repente. Los investigadores del relieve costero consideran imprecisa esa explicación: un banco de arena no se hunde por completo en unos segundos. Ya no es posible reconstruir cómo estaba dispuesta la arena aquel día. Lo más probable es que a la serie de olas la sustituyera una breve y potente corriente que se alejaba de la costa: una corriente de resaca contra la que ni siquiera los bañistas fuertes podían nadar.
Varios centenares de personas se encontraron a la vez en aguas profundas. Los socorristas se ponían cinturones atados a cuerdas de siete carretes. Para un carrete de ese tipo se necesitaba un equipo de cuatro personas, y un cinturón estaba pensado para un solo afectado, en el mejor de los casos para dos. Ahora se agarraban a las cuerdas por decenas. De una línea colgaban unas veinte personas; hundían bajo el agua al nadador que llevaba el cinturón, y entonces la cuerda se rompió.
Stan McDonald, antiguo inspector de playa, se ganaba la vida aquí alquilando esterillas de goma para deslizarse sobre las olas. Fue el primero en comprender que los carretes no darían abasto con tal cantidad de gente. McDonald ordenó a los chicos que recogían el material de alquiler que entregaran a los socorristas todo lo que lograran encontrar. Su hijo llevó en una camilla unas treinta esterillas. Los miembros del club nadaron con ellas hasta el canal y las dejaban entre los bañistas: cinco o seis personas podían agarrarse a uno de esos flotadores mientras quedaba libre una línea.
Unos doscientos cincuenta bañistas necesitaron ayuda. A treinta y cinco los sacaron inconscientes y los reanimaron. No lograron salvar a cinco. A los demás los trasladaron al edificio del club, donde médicos, policías y socorristas instalaron puestos de primeros auxilios directamente entre las salas.
Después de la catástrofe, Jeppesen llamó a aquel día Black Sunday. Se negó a proponer a socorristas individuales para condecoraciones: era imposible separar a los nadadores que estaban en el agua de las personas que trabajaban en los carretes y de quienes durante horas reanimaron a los sacados a la arena. Todo el equipo del club recibió una condecoración especial.
En el extremo sur de Bondi sigue en pie la sede de aquel club, inaugurada cuatro años antes de Black Sunday. Precisamente allí llevaban a las personas que acababan de sacar del canal profundo frente al Bondi Pavilion.
Información práctica
Escuche desde un lugar seguro en la arena o en el paseo. Antes de entrar en el agua, compruebe las banderas y las indicaciones de los socorristas: una corriente de resaca que se aleja de la costa puede parecer una franja tranquila.
