Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada del palacio junto al río
- Escudo de piedra del cardenal
- Terraza sobre el Ill
- Ventanas de los apartamentos de representación
La historia del lugar
El escudo de piedra de la fachada junto al río pertenecía al cardenal Armand-Gaston de Rohan-Soubise. Como príncipe-obispo, dirigía la diócesis de Estrasburgo y al mismo tiempo era príncipe secular del Sacro Imperio Romano Germánico. Para un anfitrión así, en el palacio lindaban sus propios aposentos y los apartamentos de representación destinados al rey y a las familias reinantes; las ventanas sobre la terraza corresponden precisamente a estas salas. Después de él, otros tres cardenales de la casa de Rohan dirigieron la diócesis, por lo que el palacio lleva el nombre de toda la familia; ahora alberga tres museos, y una parte de los antiguos apartamentos de representación ha sido restaurada para el Museo de Artes Decorativas.
A finales de enero de mil setecientos cuarenta y siete, María Josefa de Sajonia, de quince años, se alojó en este palacio. La llevaban a Versalles, junto a Luis de Francia, delfín de Francia, de diecisiete años, único hijo y heredero del rey Luis XV. La primera esposa de Luis había muerto el verano anterior. Él seguía llorándola, pero su padre le ordenó casarse de nuevo: el rey necesitaba nietos capaces de heredar el trono.
En Estrasburgo ya recibían a María Josefa como delfina, nombre que se daba a la esposa del heredero de la corona francesa, aunque la boda todavía no se había celebrado. Desde la ventana de los aposentos sobre la terraza, contemplaba a la milicia urbana que desfilaba ante el palacio. Tras la comida pública, los toneleros locales le llevaron los vinos de la ciudad. La comida pública era precisamente un espectáculo: la princesa comía y las personas admitidas en la sala la observaban. A la futura delfina se le exigía vivir a la vista de todos incluso antes de llegar a la corte.
La mañana del veintinueve de enero acudió a misa en la capilla del palacio. El anfitrión de la residencia, el cardenal Armand-Gaston de Rohan-Soubise, hasta entonces había guardado cama enfermo, pero bajó de sus habitaciones para despedirse. El cardenal intentó besar el borde del vestido de la huésped. María Josefa levantó al anciano y lo abrazó. Después se despidieron de ella los cortesanos polacos, las damas y los sirvientes que la acompañaban. La princesa lloró con ellos y luego partió hacia Francia, ya sin la corte que hasta entonces la rodeaba.
El apellido del cardenal enfermo quedó en el edificio. Palacio Rohan significa «palacio de la casa de Rohan». Armand-Gaston era príncipe-obispo: dirigía la diócesis de Estrasburgo y al mismo tiempo ostentaba el título de príncipe secular del Sacro Imperio Romano Germánico. Encargó una residencia donde sus propios aposentos lindaban con los apartamentos de representación destinados al rey y a los miembros de las familias reinantes. Después de él, otros tres cardenales de la casa de Rohan ocuparon la sede episcopal de Estrasburgo. Por eso el palacio recibió el nombre de toda la familia, y no de un solo propietario.
El nueve de febrero, María Josefa se casó con Luis de Francia, delfín de Francia, en Versalles. Su marido nunca llegó a ser rey: murió antes que su padre. María Josefa le sobrevivió quince meses. Sin embargo, tres de sus hijos ocuparon sucesivamente el trono francés: Luis XVI, Luis XVIII y Carlos X.
Ahora funcionan tres museos en el palacio. En la fachada que da al río Ill figura el escudo del cardenal, y detrás se encuentran los apartamentos de representación restaurados del Museo de Artes Decorativas: los mismos aposentos donde María Josefa, con quince años, comió ante los espectadores y se despidió de su séquito.
Información práctica
Los museos suelen abrir todos los días, excepto los martes: lunes–viernes 10:00–13:00 y 14:00–18:00, sábado–domingo 10:00–18:00. La visita exterior es posible sin entrada.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Para el relato bastan el patio y el recorrido exterior. Las colecciones de los museos del interior constituyen una visita aparte, para la que hará falta tiempo adicional.
