Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Fachada de la antigua lonja
- Patio central
- Suelos de piedra
- Estanterías de madera de las galerías superiores
La historia del lugar
Las galerías superiores alrededor del patio central están ocupadas por largas estanterías de cedro revestidas de caoba cubana. Aquí se guardan expedientes sobre las posesiones españolas más allá del Atlántico y en el océano Pacífico; «Indias» en el nombre designa precisamente esas tierras, no pueblos. El edificio se construyó para los mercaderes sevillanos que comerciaban con territorios de ultramar, pero, tras trasladarse las principales instituciones comerciales a Cádiz, quedó medio vacío. Al transformarlo en archivo, los trabajadores retiraron los tabiques interiores, modificaron la escalera y colocaron suelos de piedra.
El catorce de octubre de mil setecientos ochenta y cinco, veinticuatro carretas se acercaron a esta antigua lonja. En doscientas cincuenta y siete cajas había documentos del Consejo de Indias, el principal organismo que administraba las posesiones españolas en América y Filipinas. Las carretas llegaron desde la fortaleza de Simancas, donde el archivo real ya no daba cabida a los expedientes acumulados.
El traslado se organizó por un libro. El historiador escocés William Robertson publicó su «Historia de América», escrita sin acceso a los archivos estatales españoles. José de Gálvez, secretario de Indias, consideró hostil y poco fundamentado su relato de la colonización. El rey Carlos III encargó al historiador de la corte Juan Bautista Muñoz que escribiera una respuesta basada en documentos auténticos.
Para Muñoz era un encargo oficial del que dependía su sueldo. Ocupaba el cargo de cosmógrafo mayor de Indias: comprobaba la información sobre los territorios de ultramar y la navegación. En mil setecientos ochenta y tres, aquel cargo fue declarado anticuado y suprimido. El rey permitió a Muñoz conservar temporalmente el título y el sueldo con una condición: que siguiera ordenando archivos y preparando una nueva historia.
Muñoz trabajó en Simancas, Madrid y Sevilla, copiando y cotejando miles de documentos. Poco a poco quedó claro que cumplir el encargo viajando entre distintos depósitos era casi imposible. Los documentos de una misma institución podían encontrarse en varias ciudades, y el archivo de Simancas estaba abarrotado. Muñoz y Gálvez lograron otra solución: reunir en un solo lugar los antiguos expedientes sobre las Indias.
Para ello eligieron la lonja de Sevilla. Se había construido para los mercaderes que comerciaban con aquellos mismos territorios de ultramar, pero, tras el traslado de las principales instituciones comerciales a Cádiz, las grandes salas solo se utilizaban en parte. Carlos III ordenó destinar la planta superior a los documentos. Los trabajadores retiraron los tabiques, reconstruyeron la escalera y colocaron suelos de piedra. Para las galerías fabricaron largas estanterías de cedro revestidas de caoba cubana. En otoño de mil setecientos ochenta y cinco empezaron a colocar en ellas los expedientes llegados en las primeras carretas. Después llegaron nuevas remesas desde Madrid, Cádiz y la propia Sevilla. Muñoz distribuía los documentos y redactaba normas para los empleados de la nueva institución: el Archivo General de Indias. «Indias» en su nombre no designa pueblos, sino los territorios que la Monarquía Hispánica administraba más allá del Atlántico y en el océano Pacífico.
Muñoz nunca terminó la historia encargada por el rey. En mil setecientos noventa y tres publicó el primer tomo, llevando el relato solo hasta el año mil quinientos. El segundo tomo seguía manuscrito cuando el historiador murió seis años después. Y las estanterías de cedro con revestimiento cubano hechas para su archivo todavía se extienden a lo largo de las galerías de la planta superior.
Información práctica
La zona turística del Archivo General de Indias es gratuita según el horario oficial; las exposiciones y el acceso pueden cambiar. Comprobado el 2026-06-29.
Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Incluso sin entrar, observe el edificio desde varios lados; considere la visita interior un complemento, no un requisito obligatorio del recorrido.
