Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Aceras ensanchadas
- Puestos comerciales permanentes
- Puestos con libros antiguos
- Borde de la calzada
La historia del lugar
La amplia acera junto al borde de la calzada reúne puestos con libros y objetos antiguos: la calle sigue sirviendo de vía de paso, pero en los días de mercado aquí surge una feria. Antiguamente, por las tierras de la finca de la familia Villavicencio pasaba un estrecho camino por el que se sacaba la cosecha. La tierra se dividió en parcelas, aparecieron casas a lo largo del camino y la antigua vía rural entró en la ciudad. El nombre de la calle conserva la memoria de José Victorino Lastarria y después dio nombre a todo el barrio.
En mil novecientos noventa y dos, vendedores de libros y objetos antiguos comenzaron a exponer su mercancía al final de esta calle, entre calle Rosal y calle Merced. Su sustento estaba sobre los puestos: ediciones de segunda mano, monedas, joyas, porcelana y plata. Los comerciantes no tenían locales permanentes, y cada uno dependía de un permiso para ocupar un lugar en la acera.
Pronto, la municipalidad emprendió la reforma de la calle José Victorino Lastarria. Las aceras se ensancharon y se repavimentaron, y la última manzana se convirtió en un breve tramo semipeatonal. Se mantuvo el paso de vehículos: los propietarios de restaurantes y teatros confiaban en que la gente seguiría llegando en coche. Los vendedores ambulantes tendrían que defender de nuevo sus lugares, ahora en un paseo acondicionado.
En dos mil dos, los anticuarios y libreros de viejo se unieron en su propia asociación. Por separado, cada uno respondía solo de su mesa; juntos podían negociar con la ciudad y conservar la feria. Como resultado, aquí se establecieron once puestos comerciales permanentes: seis para antigüedades y cinco para libros antiguos. Fueron precisamente las decisiones de los funcionarios municipales y la autoorganización de los vendedores las que dispusieron esta calle tal como se utiliza ahora: la calzada no desapareció, pero en los días de mercado su borde queda ocupado por la feria.
La propia calle José Victorino Lastarria también surgió de un camino cuyo uso fue cambiando por decisión de las personas. Cuando aquí se encontraba la finca de la familia Villavicencio, por el estrecho camino se sacaba la cosecha. A comienzos del siglo diecinueve, la propietaria dividió la tierra en parcelas, se añadieron casas a lo largo del camino y la vía rural se convirtió en urbana. La llamaban callejón de Mesías: era el apellido modificado de Diego Messía de Torres, propietario de la finca vecina.
Más tarde se instaló aquí José Victorino Lastarria. Creció en una familia empobrecida de Rancagua y se ganaba la vida enseñando derecho y escribiendo artículos para periódicos. En mil ochocientos cuarenta y dos, cuando tenía veinticinco años, jóvenes autores lo eligieron dirigente de la Sociedad Literaria de Santiago. Lastarria procuraba que dejaran de tomar las letras españolas como modelo ya hecho y escribieran sobre su propio país. Con el tiempo, sus relatos casi dejaron de leerse, mientras que su discurso inaugural se convirtió en un texto programático del movimiento literario chileno de mil ochocientos cuarenta y dos.
En los planos urbanos publicados desde mil novecientos diez, el antiguo callejón de Mesías ya aparece señalado con el nombre de su antiguo residente. Después, ese nombre pasó de la calle a todo el barrio. En los días de mercado, los viejos libros chilenos siguen extendiéndose bajo el letrero «José Victorino Lastarria».
Información práctica
Calle pública sin horario fijo. Los puestos del mercado, los cafés y algunos espacios funcionan según sus propios horarios.
Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No vincule el relato al funcionamiento de un café concreto o de una taquilla de teatro: el carácter de la calle se percibe bien durante un breve paseo por el exterior.
