Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Paredes de viviendas particulares
- Vallas
- Puertas de garaje
- Dos figuras de espaldas la una a la otra
La historia del lugar
La mayoría de las superficies pintadas de Balmy Alley son paredes, vallas y puertas de garaje de viviendas particulares. Nadie entregó aquí un lienzo a los primeros artistas: tenían que llegar a un acuerdo con cada propietario. Todo empezó con los niños, para quienes este estrecho pasaje era el camino entre casa y las clases.
En el verano de mil novecientos setenta y dos, la artista Mia Galaviz de González dirigía un centro comunitario de enseñanza en 24th Street, casi enfrente del callejón. Lo abrió después de advertir que a niños hispanohablantes se les diagnosticaban «graves dificultades de aprendizaje». Mia no creyó que tantos niños fueran incapaces de aprender. En el centro los ayudaban con los deberes y les enseñaban música, teatro y dibujo.
Muchos alumnos vivían en viviendas municipales detrás de Garfield Square y atravesaban Balmy Alley de camino al centro. Los padres consideraban inseguro este pasaje. Mia encontró dinero para un proyecto artístico, invitó a voluntarios, obtuvo permiso de los propietarios y encargó a los niños pintar las paredes junto a las que pasaban cada día. Dejaron de ser solo alumnos a quienes los adultos consideraban atrasados: ahora los adultos tenían que preguntarles qué estaba representado en la valla.
Mia compartió la pintura que sobró con Patricia Rodríguez y Graciela Carrillo. Las dos artistas principiantes alquilaban un apartamento en la casa número cincuenta y cuatro y luchaban por la oportunidad de trabajar como muralistas. No tenían dinero para un proyecto propio, y sus colegas varones rara vez invitaban a mujeres a grandes murales al aire libre. Un vecino les permitió ocupar el garaje frente al apartamento, una comisión municipal les prestó andamios y los residentes añadieron pintura. En la puerta aparecieron plantas tropicales, aves y una enorme esfera con peces y ramas.
Su obra fue ridiculizada tanto por hombres como por mujeres, pero después de ellas Irene Pérez empezó a pintar en el callejón, y luego Consuelo Méndez se unió a las artistas. Así nació el colectivo «Mujeres Muralistas», el primer colectivo de artistas muralistas latinoamericanas. Sus integrantes recibieron encargos mucho más allá del barrio y abrieron camino a otras mujeres que antes no habían sido admitidas en grandes paredes públicas.
La pintura infantil de Mia y el primer mural tropical de Rodríguez y Carrillo fueron destruidos. Sobre los garajes a la izquierda de la casa número noventa y tres se conserva una obra de Irene Pérez, que apareció después de aquellas: dos figuras están sentadas de espaldas la una a la otra. En el verano de dos mil veintiséis invitaron a Pérez a volver y restaurar esta pintura mural, en el mismo callejón donde recibió por primera vez una pared hace más de medio siglo.
Información práctica
Callejón residencial público sin horario de museo. Visítelo con luz diurna; la composición de los murales cambia constantemente.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Este es un callejón residencial y las superficies son privadas. No mire dentro de los patios, no toque las paredes, deje libre el paso y tenga en cuenta que algunas obras conocidas pueden haber cambiado o desaparecido.
