Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Mural de cinco pisos en dos fachadas
- Figuras femeninas
- Nombres en las paredes
- Ramo de siete flores
La historia del lugar
Dentro del edificio de cinco pisos hay una sala de teatro, una cocina grande y salas de reuniones: antes se reunía aquí la sociedad noruega a la que pertenecía Dovre Hall. Estas salas también las comparten hoy varias organizaciones sin ánimo de lucro; aquí ayudan a buscar empleo y vivienda asequible, a gestionar el presupuesto, con documentos fiscales y con cuestiones jurídicas. En el exterior, los dos frentes a la calle están cubiertos por una pintura con figuras femeninas y nombres reunidos por habitantes del barrio; entre ellos se ve un ramo común de siete flores.
A mediados de la década de mil novecientos setenta, Roma Guy, una de las organizadoras de San Francisco Women’s Centers, preparaba una conferencia sobre la violencia contra las mujeres. Necesitaba un lugar donde se pudiera hablar de lo vivido, recibir ayuda y acordar acciones conjuntas. La Universidad Estatal de San Francisco retiró de repente el local, y las organizadoras tuvieron que buscar con urgencia otra sala. Después de aquello, Roma empezó a luchar por una sede propia que nadie pudiera quitarles justo antes de un evento.
Aquí encontraron un edificio adecuado. Entonces se llamaba Dovre Hall y pertenecía a una sociedad noruega. Dentro ya había una sala de teatro, una cocina grande y salas de reuniones. Cerca, alrededor de Valencia Street, funcionaban cafés para mujeres, librerías y casas colectivas. Para Roma, eso significaba que distintas organizaciones no solo podrían alquilar espacios bajo un mismo techo, sino también derivar mujeres unas a otras.
La compra podía acabar con los propios Centros de Mujeres. La consultora invitada Nan Parks debía comprobar si el proyecto era viable, y llegó a la conclusión de que probablemente no sería posible reunir el dinero, mantener un edificio enorme y adaptarlo a las normas. Parte de las participantes proponía gastar los recursos en ayudar a las mujeres, y no en bienes inmuebles. Roma continuó la campaña.
Dovre Hall costaba quinientos treinta y cinco mil dólares, y la entrada inicial era de ciento veinticinco mil. En nueve meses, las organizadoras reunieron más que esa cantidad mediante carreras benéficas, conciertos y donaciones privadas. Los propietarios noruegos aceptaron financiar ellos mismos el resto. En el verano de mil novecientos setenta y nueve abrió aquí uno de los primeros centros comunitarios de Estados Unidos propiedad de mujeres y gestionados por ellas.
Después de la operación, el dinero apenas alcanzaba para el trabajo cotidiano y las reparaciones obligatorias. Decenas de voluntarias desmontaban tabiques, hacían trabajos de carpintería y pintaban; una brigada femenina de electricistas cambiaba el cableado. Los alquileres de las salas y los eventos generaban ingresos, pero procuraban mantener baratos los espacios para pequeñas organizaciones comunitarias. La hipoteca se pagó durante quince años. En mil novecientos noventa y tres, Roma Guy realizó la última campaña de recaudación de fondos, llamada A Room of One’s Own, y la deuda quedó saldada.
Para el decimoquinto aniversario del centro, su comité encargó a unas artistas una pequeña pintura sobre la entrada. Siete maestras de la zona de la bahía —Juana Alicia, Miranda Bergman, Edith Boone, Susan Kelk Cervantes, Mira Desai, Yvonne Littleton e Irene Pérez— decidieron que aquella pequeña superficie no bastaba. Llevaron a la reunión con el comité un boceto que cubría las dos paredes de la calle en toda su altura. El proyecto fue aceptado.
Antes de empezar el trabajo, las artistas enviaron cuestionarios a visitantes y vecinas: a quién debía representarse y qué nombres debían inscribirse. Después invitaron a quienes quisieran colaborar en la pintura. Durante dieciocho meses, casi cien voluntarios subieron a los andamios. La calígrafa Olivia Quevedo dedicó cientos de horas a trasladar a las paredes los nombres de mujeres propuestos por la comunidad.
El nombre «MaestraPeace» también fue creado colectivamente. La palabra española «maestra» significa una mujer experta o profesora; la inglesa «peace» significa paz; juntas recuerdan a la palabra inglesa «masterpiece», obra maestra. En cinco pisos aparecieron mujeres reales y antepasadas míticas, sanadoras, artistas y activistas de distintos países. El mural se terminó en mil novecientos noventa y cuatro, al mismo tiempo que la celebración de la hipoteca saldada.
Ahora, en el interior ayudan a buscar empleo y vivienda asequible, a elaborar presupuestos, a rellenar documentos fiscales y a obtener asesoramiento jurídico; varias organizaciones sin ánimo de lucro comparten las salas. Y en el exterior se conserva la firma de las siete artistas: cada una eligió y escribió una flor, y en lugar de siete autógrafos separados apareció en la pared un ramo común.
Información práctica
Las fachadas se ven desde la acera pública. El acceso al interior depende de los programas y los eventos; en el sitio web se indica una visita por libre los martes, pero la página contiene texto de plantilla, por lo que conviene comprobar el acceso por separado.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La pintura principal se puede recorrer desde la calle, rodeando poco a poco los lados accesibles del edificio. No cuente con entrar: las continuaciones interiores de la obra solo se ven con acceso autorizado.
