Parada 4 de 8

Mansión Kúrlina — Museo del Modernismo

Музей Модерна

La casa será útil para la ruta como historia de innovaciones técnicas, responsabilidad familiar y un objeto que regresó tras ser confiscado.

25 min en el exterior; 50–70 min con la exposición
Fachada de la Mansión Kúrlina, Museo del Modernismo de Samara.
Alexxx1979 · CC BY-SA 4.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Cabeza femenina sobre la entrada
  • Ninfa flotante en el techo del tocador
  • Rejillas de calefacción
  • Sello de cristal de roca

La historia del lugar

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El Museo del Modernismo se instaló en una finca urbana donde la principal pieza expuesta siguen siendo las propias habitaciones, no una vitrina independiente. Desde el vestíbulo central se abren el despacho, el tocador, el comedor y los salones de recepción: cada uno tenía su función y su interior propios, pero el parqué, las chimeneas, los cristales de las puertas, las molduras de estuco y las rejillas de calefacción por aire unían la casa en un todo. El aire caliente subía desde el sótano por conductos ocultos en las paredes; han sobrevivido parte de esos conductos y la cámara de ventilación. Sobre la entrada se conserva una cabeza femenina y, en el techo del tocador, una ninfa voladora; su parecido con la dueña de la casa se considera una leyenda urbana no confirmada por documentos.

En el verano de mil novecientos tres, el comerciante de cereales Aleksandr Gueórguievich Kurlin intentaba que conectaran su nueva casa a la electricidad. El equipo ya estaba comprado, pero el director de la central eléctrica municipal se negaba: no quedaba capacidad disponible. Un amigo de Kurlin propuso cederle una parte del límite asignado para su propia casa: veinticinco lámparas de ochenta. No sirvió de nada. Kurlin volvió a presentar una solicitud y prometió que no encenderían simultáneamente más de veinticinco lámparas. Solo obtuvo el permiso en noviembre. Siete años después, la mansión ya contaba con noventa y dos bombillas.

Kurlin podía permitirse esa insistencia gracias al comercio de grano. En Zasamarskaya Slobodá, al otro lado del río Samara, tenía su oficina y sus almacenes de grano. La construcción de la mansión costó casi catorce mil rublos, más del doble de lo que costaba una casa rica corriente de aquella época. El arquitecto Aleksandr Zelenko diseñó para Kurlin y su esposa, Aleksandra Pávlovna Kúrlina, una casa con agua corriente, alcantarillado, teléfono y calefacción por aire caliente. El aire salía del sótano por conductos dentro de las paredes; se han conservado parte de esos conductos y la cámara de ventilación.

El Museo del Modernismo se abrió aquí porque la principal pieza expuesta es la propia mansión. Alrededor del vestíbulo central, Zelenko distribuyó las habitaciones según su función: un despacho para conversaciones de negocios, un tocador para conversaciones privadas, un comedor y salones de recepción. Ideó un interior propio para cada una, pero los cristales de las puertas, el parqué, las molduras de estuco, las chimeneas y las rejillas de calefacción formaban un único conjunto decorativo. Hoy se han recreado en la planta baja el despacho, el tocador y el comedor, y las exposiciones temporales se celebran arriba y en el sótano.

Cinco años después de instalarse en la casa, hubo que cambiar el orden familiar. En mil novecientos ocho, Aleksandra Pávlovna Kúrlina procuró preservar los negocios y los bienes de su marido: Aleksandr Gueórguievich Kurlin fue declarado incapacitado a causa de una enfermedad mental, y su esposa fue nombrada su tutora. Los documentos médicos no se han conservado, pero sí ha quedado el expediente judicial con recibos domésticos. Casi todos ya están extendidos a nombre de Aleksandra Pávlovna Kúrlina: electricidad, teléfono, alimentos y pulido del parqué. Ella dirigía los negocios comerciales, mantenía la casa y siguió pagando la educación de cuatro alumnos de la escuela comercial.

Aleksandr Gueórguievich Kurlin murió en mil novecientos catorce. Su viuda se convirtió en la propietaria oficial de la finca, y en el habla de la ciudad se afianzó el nombre femenino: Mansión Kúrlina. La cabeza femenina sobre la entrada y la ninfa flotante del techo del tocador se consideran retratos de Aleksandra Pávlovna Kúrlina, pero es una leyenda urbana: los investigadores no hallaron documentos que confirmaran el parecido.

Tras los acontecimientos de mil novecientos dieciocho, los bienes de Aleksandra Pávlovna Kúrlina fueron confiscados. Se marchó a Moscú y vivió allí más de medio siglo en un piso comunal. De su vida anterior, la viuda conservaba el sello de cristal de roca de su marido, con las iniciales grabadas «A. G. Kurlin». Antes de morir, se lo entregó a una vecina y le pidió que lo enviara a Samara. En mil novecientos noventa, el sello fue entregado al museo regional de historia local, cuya exposición ya se encontraba en esta mansión. Regresó al mismo despacho desde el que Aleksandra Pávlovna Kúrlina había empezado en otro tiempo a dirigir los negocios de su marido enfermo.

Información práctica

Tiempo en la parada25 min en el exterior; 50–70 min con la exposición
Siguiente puntoBúnker de Stalin
Entradacon entrada

Lun cerrado; mar–mié 10:00–18:00; jue–vie 13:00–21:00; sáb–dom 10:00–18:00. La taquilla cierra 30 minutos antes. La entrada general para la exposición principal en 2026 cuesta 500 rublos; consulte en el sitio web del museo las reducciones y las visitas guiadas.

Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Los interiores solo son accesibles en el horario de museo, pero la observación exterior sigue siendo interesante por sí misma. No se limite a la entrada principal: observe la fachada desde distintos puntos.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Siga por Frunze y entre en el patio del edificio 167.

Parada 4 de 8Después: Búnker de Stalin

Ruta terminada

Paseo completado

«Samara comercial y capital de reserva» — 8 paradas, 4 km, 2 h 40 min sin visitas al interior; hasta 4 h con el Museo del Modernismo y el Búnker de Stalin.

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