Parada 9 de 9

Puente Romano y verraco

Puente Romano y verraco

La parada final seguirá cómo una orden de un funcionario, un museo y una escena literaria cambiaron el destino de una antigua figura.

20 min
El Puente Romano sobre el Tormes y la silueta de Salamanca detrás.
Zarateman · CC0 1.0 Universal; cropped/resized for app
123456789

0 de 9 completado

Audioguía · voz grabadaEscuchar la historia del lugar

Mira primero a tu alrededor

En qué fijarse

  • Quince arcos antiguos
  • Arcos reconstruidos
  • Verraco sin cabeza
  • Junta en el torso de piedra

La historia del lugar

Tamaño del texto

El Puente Romano era la entrada sur de Salmantica, la Salamanca romana. Aquí, la Vía de la Plata cruzaba el Tormes y continuaba hacia las puertas de la ciudad. Quince de los veintiséis arcos, los más próximos al casco antiguo, conservan fábrica romana; los demás tuvieron que reconstruirse tras las crecidas. En el extremo urbano del puente se alza un animal de granito sin cabeza, con el torso unido después de haberse roto.

Los arqueólogos llaman verracos a estas figuras. Los tallaban los vetones, que habitaban estas tierras antes de los romanos y criaban ganado. La piedra representa bien un toro, bien un jabalí. No se sabe con certeza para qué colocaban los vetones animales semejantes: quizá señalaban con ellos pastos y límites, o los vinculaban con la protección de los rebaños. También se desconoce el lugar original de este verraco, pero ya el fuero medieval de la ciudad menciona el «toro del puente».

En otoño de mil ochocientos treinta y cuatro, el gobernador civil José María Cambronero ordenó arrojarlo desde el pretil. El gobernador era el principal funcionario gubernamental de la provincia y procuraba destruir los signos de dependencia vasallática. Ya en mil ochocientos trece, los diputados de las Cortes de Cádiz habían ordenado retirar los monumentos con los que los antiguos señores señalaban su derecho a juzgar a los habitantes y exigirles prestaciones. Cambronero extendió esta orden también a los animales de piedra.

Más tarde apareció una versión según la cual el gobernador tomó el verraco por un signo ofensivo que Carlos V había colocado tras la rebelión de las ciudades castellanas. En las órdenes conservadas de Cambronero no se menciona ni al rey ni a la rebelión. El relato sobre la humillación de la Salamanca rebelde solo se imprimió en mil ochocientos cuarenta y seis.

Por orden del gobernador, la figura fue arrojada hacia el Tormes. Se rompió y permaneció más de treinta años casi enterrada junto al puente. Después, los miembros de la comisión provincial de protección de monumentos lograron permiso para extraer los fragmentos y los enviaron al museo, instalado entonces en el convento de San Esteban.

El verraco volvió al puente a causa de un libro. En la novela anónima Lazarillo de Tormes, impresa por primera vez en mil quinientos cincuenta y cuatro, el servicio de Lázaro con el ciego comienza junto a este toro de piedra. Es una escena literaria, no el registro de un suceso real.

Lázaro es un huérfano al que su pobre madre entregó a un ciego ambulante para que le sirviera de guía. El ciego se ganaba la vida leyendo oraciones, haciendo predicciones y dando consejos sobre curaciones, y el muchacho dependía de él para comer. Cuando al amo le pareció demasiado escasa la recaudación en Salamanca, ambos partieron en dirección a Toledo. Junto al puente, el ciego dijo a Lázaro que dentro del toro de piedra se oía un zumbido, le ordenó acercar el oído y golpeó la cabeza del muchacho contra el granito. Así quería el amo acostumbrar de inmediato a su nuevo guía a la desconfianza y la astucia.

Lázaro tomó la lección literalmente. Aprendió a robarle al amo pan y dinero y, en Escalona, convenció al ciego de correr y saltar un arroyo supuestamente desbordado. Delante del ciego había un poste de piedra. El ciego se golpeó la cabeza, Lázaro lo dejó al cuidado de las personas que habían acudido y se marchó. El narrador no sabe qué fue del amo después.

En mil novecientos cincuenta y cuatro, con motivo del cuarto centenario de las primeras ediciones de la novela, el verraco fue instalado de nuevo junto al puente. Está en su emplazamiento actual desde mil novecientos noventa y tres. La cabeza se ha perdido y la unión de los fragmentos sigue visible en el torso.

Información práctica

Tiempo en la parada20 min
Siguiente puntoFin de la ruta
Entradaacceso libre

El puente peatonal y los accesos están disponibles las veinticuatro horas, entrada libre.

Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Primero observe las figuras junto a la entrada; después salga al puente y vuelva la vista atrás: el cambio de distancia ayuda a advertir dónde una silueta unitaria oculta el trabajo de épocas diferentes.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

El paseo terminará junto al Tormes, al lado de la piedra que la ciudad primero arrojó del puente y después devolvió.

Parada 9 de 9Fin de la ruta

Ruta terminada

Paseo completado

«La Salamanca dorada: universidad, catedrales y Tormes» — 9 paradas, unos 3,5 km, 4 h.

Sin App Store ni Google Play

Instala Guide On Map como aplicación

Aparecerá un icono en la pantalla de inicio y el sitio se abrirá sin la interfaz del navegador.

Android · Chrome
  1. Si aparece «Instalar ahora», tócala y confirma.
  2. Si no aparece: menú ⋮ → «Instalar aplicación».
iPhone · Safari
  1. Pulsa el botón «Compartir» en la parte inferior de Safari.
  2. Elige «Añadir a pantalla de inicio» y luego «Añadir».
Icono en la pantallaModo de pantalla completaRutas sin conexiónProgreso del paseo