Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Púlpito del predicador
- Altar mayor dorado
- Urna de bronce bajo el altar
- Altar de la Virgen de Loreto
La historia del lugar
El altar mayor dorado pertenece a la iglesia en torno a la cual los jesuitas organizaron todo un barrio con un colegio y una universidad. Aquí no solo celebraban misas: los sacerdotes enseñaban, confesaban a los habitantes de la ciudad y pronunciaban sermones. La palabra compañía, en el nombre de la orden, significaba antiguamente un círculo de compañeros. Junto al Altar de la Virgen de Loreto permanece el lugar de sepultura, y bajo el altar mayor se ve una urna de bronce.
En la primavera de mil seiscientos cuarenta y cinco, el jesuita Alonso de Rojas subió al púlpito de esta iglesia. Era predicador y confesor, y exhortaba a los habitantes de Quito al arrepentimiento. Poco antes, un terremoto había destruido Riobamba, los temblores subterráneos llegaban hasta Quito y una epidemia se extendía por la ciudad. Entonces se entendía que las calamidades eran un castigo por los pecados. Al final de su sermón, Rojas ofreció a Dios su propia vida con tal de que la ciudad fuera perdonada.
Junto al púlpito se encontraba Mariana de Jesús de Paredes y Flores, de veintiséis años. Procedía de una familia acomodada de terratenientes, vivía en la casa de su hermana mayor y no pertenecía a ningún convento. Mariana eligió la vida de una seglar asceta: sus confesores eran jesuitas, y ya había quebrantado su salud con severos ayunos y ejercicios penitenciales.
Según los testimonios reunidos para la investigación eclesiástica un cuarto de siglo después, Mariana decidió que Rojas era más necesario para la gente como sacerdote y se ofreció a sí misma en su lugar. Los testigos afirmaron que enfermó ese mismo día, que ya no volvió a salir de su habitación y que murió el veintiséis de mayo. También relacionaron el cese de los temblores y el retroceso gradual de la epidemia con su sacrificio. Esta relación causal pertenece a la tradición religiosa; es imposible comprobarla como un hecho médico o natural.
Rojas sobrevivió a Mariana. En su funeral pronunció otro sermón, que fue impreso en Lima en mil seiscientos cuarenta y seis. Así apareció la primera versión escrita de la muerte de Mariana como martirio voluntario. Los jesuitas difundieron su historia, buscaron el reconocimiento eclesiástico y llamaron a Mariana su hija espiritual. La enterraron aquí, junto al Altar de la Virgen de Loreto.
«Compañía de Jesús», en el nombre de la iglesia, es el nombre oficial de la orden católica de los jesuitas, fundada por Ignacio de Loyola. En el uso antiguo, «compañía» significaba una asociación de compañeros. Al llegar a Quito, los jesuitas establecieron en este barrio una iglesia, un colegio y una universidad. Aquí enseñaban, confesaban y predicaban; por eso Rojas se encontraba en este púlpito y Mariana eligió esta iglesia como lugar de oración y sepultura.
En mil ochocientos cincuenta, Mariana fue beatificada. En mil novecientos cincuenta, Pío XII la canonizó: se convirtió en la primera santa de Ecuador. Hoy la iglesia se visita como monumento del barroco, en ella se celebran servicios religiosos y se veneran sus reliquias. Bajo el altar mayor dorado se encuentra una urna de bronce con los restos de la mujer que una vez escuchó aquí el sermón de Rojas y decidió que no debía morir él.
Información práctica
La fundación oficial de La Compañía indica visitas de lunes a viernes de 09:30–18:00, los sábados y festivos de 10:00–16:00, y los domingos de 12:00–16:00. Las visitas nocturnas o fuera de horario requieren reserva previa; la liturgia puede modificar el acceso.
Comprobado: 1 de julio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El interior requiere una mirada pausada, pero la visita puede depender de los servicios religiosos y de las normas de fotografía. Si las puertas están cerradas, limítate a observar el exterior.
