Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La fuente con la escultura Cubo da Ribeira
- Tres bloques de piedra del antiguo depósito de agua
- Mesas de restaurantes
La historia del lugar
El diecisiete de marzo de mil trescientos ochenta y nueve, el rey João I envió una orden a los administradores municipales de Oporto. Todo el pescado fresco que llegara a la ciudad debía llevarse primero a la Praça da Ribeira. El rey enumeró detalladamente los medios de transporte: en barcos, en animales de carga e incluso a hombros de porteadores. Estaba prohibido vender la pesca en cualquier otro lugar.
Los pescadores intentaban vender su mercancía lo antes posible: de aquellos ingresos vivían ellos mismos, los barqueros, los porteadores y las revendedoras, que compraban la pesca para volver a venderla. La orden real los reunía a todos aquí, en el muelle del Duero, donde los funcionarios podían registrar el pescado, recaudar los pagos correspondientes y solo después permitir que llegara a los compradores. Este es el primer documento conocido en el que la plaza recibe el nombre de Ribeira: el nombre procedía del muelle junto a la orilla del río.
El sistema se mantuvo durante mucho tiempo. En mil cuatrocientos uno, el ayuntamiento volvió a recordar que las revendedoras solo tenían derecho a comerciar con pescado en Ribeira. A mediados del siglo dieciocho había aquí dos pequeñas casitas para tramitar las capturas. En una se recaudaba la parte de la Casa de Bragança y en la otra, la de la Corona; el lugar al que había que llevar el pescado dependía de la zona de pesca. Se pagaba con la propia mercancía, y después el pescador entregaba además el diezmo a su parroquia. En mil setecientos cincuenta y ocho, un sacerdote local calculó que, tras todos los gravámenes, de algunas capturas al pescador le quedaba poco más de la mitad.
Para el propio muelle, el agua era tan necesaria como el espacio comercial. Los barcos reponían aquí sus provisiones, y los porteadores y vendedores utilizaban la fuente pública. Cuando la antigua fuente fue trasladada a las puertas de la ciudad, los aguadores empezaron a obstaculizar el paso; los habitantes se quejaban de la multitud junto al agua. El comercio, los derechos, la descarga y el tránsito cuesta arriba por la Rua dos Mercadores, la calle de los Mercaderes, convergían en unas pocas decenas de metros.
En mil setecientos noventa y tres, un tribunal ordenó trasladar el mercado de pescado a Cordoaria. Tras un incendio volvió brevemente a Ribeira, pero en mil ochocientos treinta y siete el ayuntamiento envió de nuevo a los vendedores a otro lugar: al Mosteiro de Santa Clara, junto a Guindais. Las dos casitas del impuesto sobre el pescado y los puestos comerciales no se han conservado.
En el centro de la plaza se alza ahora una fuente con la escultura Cubo da Ribeira. José Rodrigues incorporó a su taza tres bloques de piedra del antiguo depósito de agua, hallados por arqueólogos aproximadamente a un metro bajo el pavimento. Aquí ya no se tramita el pescado ni se vende desde cestas: alrededor hay mesas de restaurantes. Bajo el cubo de bronce permanecen las piedras del agua por la que los barcos atracaban junto al mercado.
Información práctica
Aléjate de la zona de mayor afluencia junto a los establecimientos: la disposición general de la plaza se aprecia mejor desde el borde abierto junto al agua.
