Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Céspedes y setos
- Espacios con esculturas
- Paso abierto entre los pabellones
La historia del lugar
El jardín actual ocupa el antiguo patio del Palacio de las Tullerías: el palacio se alzaba aquí atravesando el espacio, entre el Pabellón de Flora y el Pabellón de Marsan. Tras su demolición, volvieron a disponer parterres en la franja liberada y, a finales del siglo vigésimo, remodelaron el jardín una vez más. De aquella remodelación quedan los céspedes uniformes, los setos recortados y los espacios con esculturas. El paso abierto hacia la Grande Allée discurre por donde las paredes del palacio dividían este espacio en dos.
Los céspedes verdes aparecieron en el lugar de un jardín que ya había sido arrasado una vez para dos días de competiciones ecuestres. En mil seiscientos treinta y ocho dispusieron aquí parterres florales para Anne Marie Louise d'Orléans, la Grande Mademoiselle, prima de Louis XIV, heredera de una enorme fortuna y residente del Palacio de las Tullerías. En la corte la llamaban la Grande Mademoiselle.
Intervino en la Fronda, la lucha armada de la nobleza y París contra el gobierno real durante la niñez de Louis. El dos de julio de mil seiscientos cincuenta y dos, la Grande Mademoiselle ordenó que los cañones de la Bastilla dispararan contra las tropas reales y salvó al ejército del príncipe de Condé, con quien esperaba casarse. Louis desterró a su prima a su propiedad de Saint-Fargeau. Cinco años después, le permitieron regresar a la corte.
El príncipe de Condé pagó un precio mayor. Este comandante dirigió a una parte de la nobleza rebelde, luego se pasó a los españoles y luchó contra Francia. Solo pudo regresar a casa tras el perdón real. Todo esto hay que saberlo para comprender la composición de los participantes en la fiesta para la que destruyeron el jardín de la Grande Mademoiselle.
Tras la muerte de su principal ministro, Jules Mazarin, Louis, de veintitrés años, comenzó a gobernar por sí mismo. Nació su primer hijo, y el rey decidió celebrar la llegada del heredero con un Gran Carrusel. En el siglo diecisiete, así se llamaba una competición ecuestre cortesana: los jinetes golpeaban con lanzas cabezas de madera y papel maché y, a todo galope, intentaban acertar con la punta en una anilla suspendida.
Arrasaron los parterres ante el palacio, construyeron gradas y cercaron la pista. El cinco y el seis de junio de mil seiscientos sesenta y dos entró aquí una procesión de unos mil trescientos jinetes. En las gradas, en las ventanas y sobre los tejados del palacio se situaron entre diez y quince mil espectadores.
Dividieron a los participantes en cinco cuadrillas que representaban pueblos tal como los imaginaban los artistas de la corte. Louis encabezó a los romanos y salió con un atuendo bordado de oro y plata, con rubíes. Al príncipe de Condé le correspondió la cuadrilla de los turcos. Hasta hacía poco había comandado tropas contra el rey; ahora, tras meses de ensayos, recorría el itinerario fijado por el rey y participaba en las competiciones organizadas por él. A Condé no le devolverían el mando del ejército francés hasta seis años después.
El propio Louis se preparó durante varios meses, pero no ganó ni una sola carrera. Los premios fueron para otros jinetes. Tras la fiesta, los maestros reales publicaron decenas de grabados y una detallada descripción oficial, y el lugar pasó a llamarse patio del Carrusel. No restauraron los parterres: durante varios siglos permaneció aquí el patio ceremonial del Palacio de las Tullerías.
El jardín regresó después de la desaparición del propio palacio. En mayo de mil ochocientos setenta y uno, el dirigente militar de la Comuna de París, Jules Bergeret, organizó el incendio del Palacio de las Tullerías. El palacio ardió por completo, Bergeret huyó de Francia y fue condenado a muerte en ausencia. Las ruinas permanecieron otros doce años, hasta que la Asamblea Nacional votó a favor de su demolición.
Para la Exposición Universal de mil ochocientos ochenta y nueve, el arquitecto Edmond Guillaume volvió a disponer aquí parterres. Los céspedes, setos y espacios con esculturas actuales aparecieron tras una nueva remodelación de Jacques Wirtz y su hijo Peter Wirtz a comienzos de los años mil novecientos noventa. Entre el Pabellón de Flora y el Pabellón de Marsan, donde hoy está abierto el paso hacia la Grande Allée, el Palacio de las Tullerías se alzaba atravesando el espacio hasta mil ochocientos ochenta y tres.
Información práctica
Jardín gratuito con el horario del Jardín de las Tullerías; antes de pasear, consulte los horarios actuales del Louvre.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Escuche desde el sendero y no entre detrás de las barreras vegetales. Las esculturas están al aire libre, así que no es necesario reservar nada para verlas.
