Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Arcos de piedra
- Parapetos abiertos
- Farolas a lo largo del puente
- Estatua ecuestre
La historia del lugar
En mil novecientos setenta y cinco, los artistas y esposos Christo y Jeanne-Claude decidieron cubrir por completo el Pont Neuf con tela, dejando el puente abierto a peatones y vehículos. Al principio, Christo pensó en el Pont Alexandre III, pero renunció a él: su única arcada va de una orilla a la otra y sus apoyos no están en el agua. El Pont Neuf tiene doce arcos sobre los dos brazos del Sena. La tela podía descender desde las aceras hasta el agua misma y unir las dos partes del paso a través de la Île de la Cité.
Pont Neuf significa «Puente Nuevo». Se construyó desde mil quinientos setenta y ocho hasta mil seiscientos siete, y lo nuevo era su propia disposición. En los puentes parisinos anteriores había casas: cruzar el río recordaba una calle estrecha. Aquí dejaron los parapetos abiertos e hicieron aceras, separando a los peatones de los carruajes. Gracias a ello, los arcos de piedra, las farolas y los bordes de la isla forman una sola estructura que puede abarcarse con la mirada. Ahora es el puente más antiguo de París que se conserva.
Para cubrir un paso en funcionamiento, se necesitaba el acuerdo de varios organismos. El alcalde de París, Jacques Chirac, de quien dependían las obras en las aceras municipales, se negó al principio. Christo y Jeanne-Claude continuaron las negociaciones, encargaron cálculos y probaron los anclajes; obtener los permisos llevó diez años. Pagaban los gastos vendiendo dibujos preparatorios y collages de Christo. Si el proyecto hubiera seguido prohibido, los años perdidos y la preparación pagada habrían corrido por su cuenta.
El veintidós de septiembre de mil novecientos ochenta y cinco, los obreros cubrieron con tela las bóvedas de los doce arcos, los parapetos, las aceras, los bordillos y cuarenta y cuatro farolas. Para ello se emplearon cuarenta y un mil ochocientos metros cuadrados de tela de poliamida de color arenisca dorada. Se permitió caminar sobre ella; los coches cruzaban el puente y los barcos pasaban bajo los arcos. El primer día acudieron doscientas mil personas y, hasta el final de la obra, alrededor de tres millones.
El seis de octubre retiraron la tela y los anclajes. De la obra de Christo y Jeanne-Claude no quedó nada en el propio Pont Neuf: volvieron a quedar al descubierto la mampostería de piedra, las farolas, las aceras y los doce arcos, que durante dos semanas habían estado ocultos desde el agua hasta la calzada.
Información práctica
Quédate en la acera y ten en cuenta el tráfico. Los mascarones se observan mejor desde las plataformas laterales; parte de las cabezas visibles son copias posteriores, y los originales se conservan en el museo.
