Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Pórtico sur
- Tumbas reales
- Sarcófagos de pórfido rojo
- Cátedra del arzobispo
La historia del lugar
La catedral es el templo principal de la Archidiócesis de Palermo de la Iglesia católica: aquí se encuentra la cátedra del arzobispo, de la que procede la palabra «catedral», y se celebran los principales oficios religiosos. La advocación completa del templo es la Virgen María, asunta a los cielos. Para los soberanos sicilianos, la catedral tenía además otra función directa: en la capital del reino era precisamente aquí donde eran ungidos y coronados.
En la primavera de mil ciento noventa y ocho, la reina Constanza de Hauteville preparaba una ceremonia así para su hijo Federico II, de tres años. Procuraba que se reconociera al niño como heredero de Sicilia mientras aún fuera posible hacerlo.
Su derecho al trono le venía de su madre. Tras la muerte del rey Guillermo II, que no tenía hijos, la nobleza siciliana prefirió a otro soberano antes que a Constanza: Tancredo, ya conocido por la rebelión en el Palacio Normando. El marido de Constanza, el emperador alemán Enrique VI, conquistó el reino y se coronó en esta catedral en la Navidad de mil ciento noventa y cuatro. Quería transmitir a su hijo tanto Sicilia como la herencia imperial. Cuando Federico II cumplió dos años, los príncipes alemanes llegaron incluso a elegirlo rey de los romanos: así llamaban al futuro aspirante a la corona imperial.
En septiembre de mil ciento noventa y siete, Enrique VI murió de forma inesperada. Los príncipes alemanes empezaron a elegir a otro rey, y en Sicilia se alzó una rebelión contra los hombres del emperador fallecido. Constanza envió de vuelta a los jefes militares alemanes, trajo de regreso a su hijo de Italia central y llegó a un acuerdo con el papa Inocencio III, que se consideraba señor supremo del Reino de Sicilia. A cambio del reconocimiento del heredero, cedió al papa parte de los derechos sobre la Iglesia local.
El diecisiete de mayo de mil ciento noventa y ocho, el día de Pentecostés, Federico II fue coronado aquí rey de Sicilia. Según el rito siciliano establecido, tras la misa los nobles debían jurarle fidelidad, y las aclamaciones de alabanza sonaban en latín y en griego. La decisión de Constanza apareció de inmediato en los documentos: el anterior título de rey de los romanos desapareció. La madre renunciaba a las pretensiones alemanas de su hijo para conservarle una sola corona: la siciliana.
En noviembre de ese mismo año, Constanza murió. En su testamento nombró a Inocencio III tutor de Federico II. La corona permaneció en manos del niño, pero de su herencia dispusieron los representantes papales y cortesanos rivales. Solo a los catorce años Federico II empezó a gobernar por sí mismo; más tarde volvió, pese a todo, a las pretensiones alemanas y se convirtió en emperador.
En mil doscientos quince, Federico II ordenó trasladar de Cefalú a esta catedral dos sarcófagos de pórfido rojo, encargados ya por su abuelo Roger II. En uno colocó los restos de Enrique VI y reservó el otro para sí mismo. Ahora, al comienzo de la nave derecha, se alzan las tumbas del padre, la madre y el hijo: Constanza, que coronó aquí a Federico II, de tres años, por la herencia siciliana, está enterrada junto a él.
Información práctica
Nave: lun–sáb 07:00–19:00, dom 08:00–19:00. Zona monumental: lun–sáb 09:30–18:00, dom 10:00–18:00; última entrada 17:30.
Comprobado: 24 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El interior está saturado de épocas; siga los detalles del relato, en vez de intentar abarcarlo todo en un solo recorrido.
