Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Prados sobre el terraplén
- Sendero junto al agua
- Hotel y edificio residencial junto a la entrada
La historia del lugar
El Muelle uno es el más septentrional de los seis antiguos muelles de carga situados al sur del Puente de Brooklyn. Conserva el número de la numeración portuaria. Los actuales prados, colinas y senderos se asientan sobre un terraplén: es el único muelle del parque que los constructores rellenaron con tierra, en vez de levantarlo sobre pilotes. Aquí se celebran actos gratuitos y pícnics; por este acceso entra más gente que por cualquier otro acceso al parque.
Hasta mediados de los años ochenta, el muelle estaba ocupado por explanadas de carga y almacenes. Los buques portacontenedores necesitaban enormes superficies para la descarga y el transporte por carretera, y no había espacio de ese tipo entre el East River, la empinada orilla de Brooklyn Heights y el viaducto de la autopista. Las operaciones portuarias cesaron, y la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey decidió entregar los muelles a la promoción privada.
Uno de sus empleados preguntó a Anthony Manheim, antiguo banquero de inversión y presidente de la Brooklyn Heights Association, qué creía que debía hacerse con el terreno liberado. Manheim vivía sobre el Brooklyn Heights Promenade, un paseo en el borde de la alta orilla. Desde las ventanas de su apartamento se veían los seis muelles. Entendía lo que estaba en juego para él: los nuevos edificios podían tapar esa vista. Pero toda la franja junto al agua ya pertenecía al público, y, tras su venta, sería imposible volver a reunir una parcela así.
Manheim llamó a dos vecinos que sabían enfrentarse a las grandes instituciones. Otis Pearsall, socio de un bufete de abogados de Manhattan, había logrado antes la protección patrimonial de Brooklyn Heights y la limitación de altura de los edificios junto a la ribera. Scott Hand, director de la empresa minera INCO, ayudó al estado a comprar Empire Stores y el antiguo almacén de tabaco. En la Asociación crearon un comité para la reconversión de los muelles, reunieron a cuarenta y ocho especialistas y partidarios y, a comienzos de mil novecientos ochenta y siete, consiguieron ciento treinta mil dólares en donaciones. Ese dinero se destinó a un estudio propio de la ribera. Los vecinos pensaban acudir al debate con una alternativa preparada, y no con una lista de objeciones.
En julio de mil novecientos ochenta y ocho, los funcionarios municipales y la Autoridad Portuaria presentaron cuatro opciones. Se diferenciaban poco: unos tres millones de pies cuadrados de viviendas, aproximadamente dos mil quinientos apartamentos y solo cinco acres para el ocio. En el propio Muelle uno se proponía levantar tres edificios de quince plantas y varios más de hasta diez plantas. Ocuparían el muelle entero.
Una semana después, el comité de Manheim presentó el proyecto Harbor Park, «parque junto al puerto». Terry Schnadelbach, la arquitecta paisajista contratada por el comité, dibujó una ribera continua de acceso público, campos de juego, una pista de hielo y un puerto deportivo. Los restaurantes, un hotel y pequeños locales comerciales debían aportar dinero para el mantenimiento del terreno. Los planos en color permitían comparar, en una misma reunión, los dos futuros del Muelle uno: una manzana de edificios hasta el agua y una orilla abierta.
La decisión correspondía a Community Board 2, un órgano consultivo local cuya voz no tenía por sí sola fuerza de ley, pero podía ahuyentar a los promotores y frustrar la aprobación. En noviembre, su subcomité apoyó Harbor Park por doce votos contra cero, con una abstención. En diciembre, todo el consejo votó por él por unanimidad. La venta de los muelles se detuvo.
La victoria dividió al propio comité. Hand y Pearsall proponían acordar una pequeña cantidad de viviendas para pagar antes el parque. La mayoría exigía un territorio enteramente público, y ambos abandonaron la dirección a comienzos del año siguiente. Manheim continuó la campaña; la coalición que creó reunió a más de sesenta organizaciones. La ciudad y el estado acordaron financiar el parque solo a comienzos de los años dos mil, y los constructores dejaron entrar aquí, al Muelle uno, al primer visitante el veintidós de marzo de dos mil diez.
Los tres edificios de quince plantas nunca ocuparon este saliente. En su lugar hay prados y un sendero para pasear. Aun así, construyeron un hotel y un edificio residencial junto a la entrada, en la parte de ribera del Muelle uno: aquel mismo compromiso por el que Hand y Pearsall dejaron el comité acabó por detenerse en el borde del parque.
Información práctica
El parque está abierto de 6:00 a 1:00. Los pabellones y los aseos funcionan de 7:00 a 23:00 (marzo–octubre) y de 7:00 a 22:00 (noviembre–marzo).
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El muelle está expuesto al viento y al sol; para escuchar, aléjese del flujo de ciclistas y peatones y elija un lugar estable.
