Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El compás y la escuadra en el frontón
- La estrecha fachada de dos plantas
- La escalera original
- La galería para los músicos
La historia del lugar
La planta baja se alquilaba para veladas públicas, y en la planta superior los miembros de la hermandad celebraban ritos y bailes. En el interior no se sustituyeron la antigua escalera ni la galería donde se situaban las orquestas. El salón estaba gestionado principalmente por masones blancos, pero para los bailes invitaban a músicos negros. Saint Claude y Dumaine ya no se cruzan frente a esta fachada: la manzana se transformó para crear el Parque Louis Armstrong.
En el frontón del estrecho edificio de dos plantas aún se conservan un compás y una escuadra. Estamos ante un antiguo templo masónico: la logia era la hermandad, y esta casa le servía como lugar de reunión. La palabra francesa «persévérance» significa «perseverancia». El nombre apareció mucho antes de que la hermandad se estableciera en Nueva Orleans.
La logia fue fundada en mil ochocientos seis en Jérémie, en el territorio del actual Haití. Sus miembros estuvieron entre los refugiados que abandonaron la isla después de la Revolución haitiana. Trasladaron la organización primero a Santiago de Cuba y luego a Nueva Orleans. Entre aquellos emigrantes había artesanos blancos y negros libres que se ganaban la vida en la construcción. Durante los traslados perdieron su salón, pero no disolvieron la hermandad.
En mil ochocientos diez, los miembros recibieron una nueva carta masónica y, dos años después, fundaron la Gran Logia de Luisiana junto con otras cuatro logias. Entonces se asignó a Perseverance Lodge No. 4 el número cuatro. Es el número de la organización, no la cuarta versión del edificio.
En mil ochocientos diecinueve, los masones compraron al ayuntamiento un solar en la esquina de las calles Saint Claude y Dumaine. El primero de abril del año siguiente recibieron la casa ya terminada. Para mantenerla, alquilaban la planta baja para actos públicos. Arriba celebraban ritos masónicos y bailes. La logia se consideraba predominantemente blanca, pero para los bailes sus administradores contrataban orquestas negras.
A comienzos del siglo veinte empezó a venir aquí Verne Streckfus, capitán de una empresa familiar de vapores de recreo. Necesitaba conjuntos negros para los cruceros de baile y recordaba que a menudo escuchaba a los candidatos precisamente en Perseverance Lodge No. 4. Para un músico, actuar aquí podía acabar en un nuevo trabajo remunerado ya fuera de la ciudad. En verano, los vapores de Streckfus navegaban por el río Misisipi hasta Saint Paul y por el río Ohio hasta Pittsburgh, haciendo escala en una ciudad distinta casi todos los días. Los documentos no indican qué orquesta concreta contrató el capitán después de una velada determinada; en cambio, muestran con certeza la función del salón: aquí no solo se escuchaba a los músicos y se los invitaba a tocar en bailes, sino que aquí los buscaban los empleadores.
En mil novecientos setenta, los masones vendieron el edificio a la ciudad y se trasladaron. Al despejar las manzanas para el futuro Parque Louis Armstrong, se planeaba demoler la casa junto con los edificios vecinos. Los defensores del patrimonio, encabezados por el New Orleans Jazz Club, lograron que se conservara: el argumento decisivo fueron las actuaciones de músicos de jazz tempranos. Las calles de alrededor desaparecieron, pero el salón permaneció en su solar original.
La restauración del edificio se terminó en diciembre de dos mil veinticuatro. En el interior siguen estando la escalera original y la galería para los músicos. Fuera ya no se encuentra el antiguo cruce de Saint Claude y Dumaine; de él se conserva la propia casa, a la que el capitán acudía para elegir orquestas para los vapores.
Información práctica
El edificio se contempla desde fuera durante el horario de apertura del parque; no está confirmado un acceso público regular al interior. Comprobado el 2026-06-30.
Comprobado: 30 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Cuente sobre todo con contemplarlo desde fuera: la función histórica del edificio no implica acceso libre al interior. No se detenga en la calzada para conseguir una vista general.
