Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Techo en voladizo
- Acristalamiento de doce metros
- Vestíbulo sin columnas
La historia del lugar
Antes del edificio del museo, aquí se alzaba el Pabellón n.º 19: al principio mostraba maquinaria agrícola, después computadoras electrónicas y equipos de salvamento, y más tarde los locales fueron ocupados por oficinas y tiendas. Cuando resultó imposible remodelar en profundidad el antiguo edificio de la exposición atómica, la parcela junto a la Plaza de la Industria recibió un nuevo uso. Cerca siguen estando el Pabellón n.º 34 «Cosmos» y el cohete portador «Vostok», mientras que el museo se adentra tres niveles bajo tierra. Abajo comienza el relato sobre el proyecto atómico soviético secreto; más arriba se reúnen desarrollos pacíficos, reactores y medicina, y en la parte superior funcionan laboratorios y un espacio para experimentos.
Yuli Borísov, director de un estudio de arquitectura y autor del proyecto del museo, ganó el concurso con una solución que después tuvo que defender durante ocho años: un enorme techo debía quedar suspendido sobre el vestíbulo sin un solo apoyo, y en vez de una fachada convencional, la calle quedaba separada del interior por cristales enteros de doce metros de altura.
La exposición atómica de VDNJ tuvo antes otra dirección. Desde mil novecientos sesenta y tres ocupaba el Pabellón n.º 71. Allí se mostraban a los visitantes maquetas de centrales nucleares y rompehielos, minerales de uranio e incluso un reactor de investigación en funcionamiento. En dos mil nueve, este edificio fue entregado a Rosatom con la intención de instalar un moderno centro sectorial. Pero el pabellón estaba protegido como monumento: la gran remodelación que requería el nuevo museo era imposible. Tras varios años de discusiones, se abandonó aquella dirección.
Entonces se ofreció a Rosatom una parcela junto a la Plaza de la Industria. Aquí se alzaba el Pabellón n.º 19, un edificio de aluminio y vidrio de mil novecientos sesenta y siete. Al principio mostraba la mecanización de la agricultura, después el funcionamiento de las computadoras electrónicas y, más tarde, equipos de salvamento. Parte de los locales se convirtió en oficinas y tiendas. El edificio se deterioró, no se consideraba un monumento y fue demolido. La proximidad del Pabellón n.º 34 «Cosmos», del cohete portador «Vostok» y del Museo Politécnico determinó la nueva ubicación del centro atómico.
En dos mil quince, el equipo de Borísov recibió el encargo del concurso. Había que distribuir unos veinticinco mil metros cuadrados entre pabellones históricos, y desde el lado de la Alameda Central la altura del edificio estaba limitada a doce metros. Los arquitectos llevaron bajo tierra tres de los siete pisos y proyectaron sobre la entrada un voladizo de varias decenas de metros de longitud y de unas mil toneladas de masa. Borísov quería prescindir de las imágenes habituales del átomo, las órbitas electrónicas y la bomba: la persona debía percibir la acción de una fuerza enorme por la manera en que el pesado techo se sostenía sobre un espacio completamente libre.
Durante el diseño, a Borísov y a sus colegas les propusieron colocar apoyos en el vestíbulo y dividir los gigantescos cristales en partes. Eso habría aliviado notablemente el reto de ingeniería, pero habría destruido el recurso principal del proyecto ganador. Los arquitectos discutieron, convencieron al cliente y lograron mantener la solución inicial. Tras la inauguración, incluso los partidarios de las simplificaciones reconocieron que los apoyos aquí habrían sido superfluos. El propio estudio empezó a llamar a «ATOM» su principal obra realizada.
Por conservar el vacío sobre el suelo, los constructores tuvieron que pagar con complejidad bajo tierra. Una excavación convencional podía dañar el vecino Pabellón «Belarús», por lo que construyeron el museo de arriba abajo: primero hicieron los muros y la losa de forjado; después extrajeron la tierra de debajo y descendieron cada vez más. Para protegerse del agua, perforaron casi tres mil pozos en la base e inyectaron hormigón en ellos.
A comienzos del siglo veinte, por esta parcela pasaba el cauce del río Kamenka. Durante las obras, la presión de las aguas subterráneas elevó la estructura siete centímetros. Los constructores lograron bajarla de nuevo y llevaron los tres pisos subterráneos hasta la cota prevista en el proyecto. Precisamente allí situó Andréi Cheremísinov, director artístico de la exposición, el inicio del recorrido del museo. Su equipo intentó explicar la física atómica a personas sin formación especializada y, al mismo tiempo, no convertirla en un conjunto de atracciones científicas. En el nivel inferior, los visitantes conocen el proyecto atómico soviético secreto; más arriba se encuentran desarrollos pacíficos, reactores modernos y medicina; en los pisos superiores hay laboratorios y el Atomarium, donde se realizan experimentos y actividades.
El antiguo Pabellón n.º 19 ya no está aquí. Su número se ha conservado en la dirección del museo: estructura diecinueve A. Tras el cristal de doce metros se ve el vestíbulo libre, sin columnas, y tres pisos de exposición comienzan bajo la parcela que las aguas subterráneas elevaron una vez siete centímetros.
Información práctica
Mar–dom 10:00–21:00, acceso a la exposición hasta las 20:00; lun cerrado.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Desde fuera se entiende la idea arquitectónica, pero el relato principal está dentro. Si desea recorrer la exposición, reserve un bloque amplio de tiempo aparte y consulte de antemano las condiciones de visita.
