Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Doble arco de piedra
- Fuente de los Coyotes
- Parterres geométricos
- Bancos
La historia del lugar
El trazado de este jardín urbano se apoya en el diseño de parterres y senderos establecido en mil novecientos treinta y cuatro. Cuando el diseño aún era distinto, los niños montaban aquí en bicicleta; en los días de fiestas cívicas se marcaba una pista de atletismo, los jugadores de baloncesto jugaban en la cancha y los viernes acudían los comerciantes. A comienzos de los años ochenta apareció en el centro la Fuente de los Coyotes, con dos coyotes de bronce, obra de Gabriel Ponzanelli. Estas figuras remiten al antiguo nombre de Coyoacán, que en náhuatl se asocia con un lugar donde habitan coyotes.
El veintisiete de septiembre de mil novecientos veintiuno inauguraron aquí el Jardín Centenario. Para ello eligieron un antiguo terreno eclesiástico: antes, se accedía por el doble arco de piedra de la entrada occidental a un enorme patio del Convento de San Juan Bautista. Ocupaba tanto el jardín actual como la plaza vecina, y durante un tiempo sirvió de cementerio.
El jardín se acondicionó dentro del programa del presidente Álvaro Obregón. Encabezó el país después de una década de guerra revolucionaria y quería lograr el reconocimiento de su joven gobierno dentro de México. El aniversario de la independencia ofrecía una ocasión adecuada. Once años antes se habían cumplido cien años desde el comienzo de la insurrección; ahora Obregón eligió otra fecha: el final de la guerra. El veintisiete de septiembre de mil ochocientos veintiuno, un ejército unido de antiguos militares realistas e insurgentes entró en Ciudad de México. Exactamente cien años después, el antiguo patio-cementerio de Coyoacán se abrió al público con el nombre de Centenario, «centenario».
Los organizadores plantaron árboles, trazaron parterres y senderos, instalaron riego y colocaron bancos y farolas. Incluso la Calle San Felipe, al norte, pasó a llamarse Calle Centenario. Los habitantes obtuvieron un espacio para actividades muy distintas: los niños montaban aquí en bicicleta; durante las fiestas cívicas, los adultos marcaban una pista de atletismo y celebraban competiciones; los jugadores de baloncesto recibieron una cancha, y los viernes los comerciantes instalaban un mercado. Aún distaba mucho de la actual geometría ordenada. El trazado de los parterres, que en su mayor parte se conserva hoy, se realizó en mil novecientos treinta y cuatro.
A comienzos de los años ochenta, el centro de este trazado pasó a ocuparlo una fuente con una escultura de Gabriel Ponzanelli. Puso a una hembra de coyote de bronce erguida sobre las patas traseras y colocó al macho junto a ella, en una postura alerta. Eligieron los animales por el antiguo nombre del propio Coyoacán. En náhuatl se analiza como «coyo-ua-can»; una de las interpretaciones antiguas lo traduce como «donde se tienen coyotes». La Fuente de los Coyotes convirtió el nombre en dos figuras reconocibles y se convirtió en un lugar de encuentro.
En el extremo occidental queda el arco de la iglesia, en el centro del antiguo patio-cementerio se alzan los coyotes de bronce y, entre ellos, la gente sigue reuniéndose, comerciando y descansando.
Información práctica
Espacio público abierto
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Junto a la fuente suele haber mucha gente; aléjese hacia el borde del jardín si quiere escuchar el relato con tranquilidad. No se suba al vaso de la fuente ni a las esculturas para hacerse una foto.
