Parada 1 de 8

Dar el Bacha

دار الباشا

Aquí comenzará el hilo sobre cómo una residencia privada se convirtió en escenario de un cálculo político y de su fracaso.

25 min
vista del patio de Dar el Bacha con naranjos, zellige y arcos
R Prazeres · CC BY-SA 4.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Jardín central
  • Seis salones alrededor del jardín
  • Estancias superiores
  • Puertas del palacio

La historia del lugar

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A comienzos del siglo veinte, el palacio se levantó como casa del gobernante de la ciudad: contaba con habitaciones familiares, una sala de recepción y espacios donde se resolvían los asuntos urbanos. Seis salones dan al jardín situado en el centro del palacio, y las estancias superiores están dispuestas sobre ellos. Tras un largo abandono, la parte ceremonial fue restaurada para el Museo de las Confluencias, con exposiciones sobre las religiones y los vínculos culturales de Marruecos. El antiguo nombre Dar el Bacha, casa del pachá, permaneció asociado a este lugar incluso después de que el palacio se transformara en museo.

En agosto de mil novecientos cincuenta y tres, Thami El Glaoui reunió en los jardines de su residencia de Marrakech a varios miles de partidarios. El Glaoui era pachá, es decir, gobernador del sultán: administraba la ciudad, impartía justicia y nombraba a los funcionarios locales. Ahora buscaba la destitución del propio sultán Mohamed V.

El palacio fue construido para El Glaoui a comienzos del siglo veinte. El sultán Mulay Yúsuf lo confirmó como pachá de Marrakech en mil novecientos doce, y la residencia empezó a llamarse Dar el Bacha, «casa del pachá». Era a la vez casa familiar, lugar de recepción y centro administrativo. En una fotografía de mil novecientos veinticuatro, una fila de hombres espera ante las puertas del palacio a que el pachá atienda su caso.

El Glaoui vivía de los ingresos de extensas tierras, de participaciones en las cosechas de almendras, azafrán y aceitunas, de los impuestos de las tribus sometidas a él y de inversiones en minas y empresas francesas. La administración francesa le mantuvo en el cargo y se apoyaba en los caídes que le estaban subordinados, gobernantes de los distritos rurales. Mohamed V, en cambio, se negaba a romper con el partido Istiqlal, que exigía la independencia de Marruecos. Cuando el pachá atacó a los nacionalistas durante una recepción con el sultán, este ordenó que lo expulsaran del palacio real. Después de aquello, El Glaoui comenzó a reunir firmas para su destitución.

El dieciséis de agosto de mil novecientos cincuenta y tres, Mulay Ben Arafa esperaba en uno de los salones superiores de Dar el Bacha. Era un anciano pariente del sultán al que El Glaoui pretendía poner en su lugar. Tras cuatro horas de negociaciones, un consejero de la corte del pachá leyó un acta ante los reunidos. En ella proclamaban a Ben Arafa imán, es decir, jefe religioso: así, los adversarios de Mohamed V intentaban privarlo del derecho a hablar en nombre de los creyentes. El Glaoui firmó el documento el primero; después firmaron la autoridad religiosa al-Kittani y doce pachás y caídes.

Cuatro días después, vehículos blindados franceses rodearon el palacio real de Rabat. Mohamed V se negó a abdicar y fue enviado con su familia primero a Córcega y después a Madagascar. Ben Arafa fue sentado en el trono.

El cálculo de El Glaoui no se cumplió. El sultán exiliado se convirtió en un símbolo común de la resistencia al protectorado, los enfrentamientos se intensificaron y Ben Arafa no logró reconocimiento en el país. En el otoño de mil novecientos cincuenta y cinco, el Gobierno francés aceptó devolver a Mohamed V. El Glaoui lo declaró sultán legítimo, voló a verlo a Francia, se arrodilló ante él y pidió perdón. El sultán lo perdonó.

El veintitrés de enero de mil novecientos cincuenta y seis, el antiguo pachá murió en su palacio de Marrakech. Aquí colocaron su cuerpo sobre unas sencillas parihuelas, bajo un sudario negro; varios cientos de personas recitaron oraciones sobre él. También acudieron a despedirse representantes de Istiqlal, el mismo partido cuya relación con el sultán había causado la ruptura.

Tras un periodo de abandono, los restauradores de la Fundación Nacional de Museos recuperaron la parte ceremonial de la residencia, y en dos mil diecisiete abrió aquí el Museo de las Confluencias. En seis salones alrededor del jardín central se celebran exposiciones sobre las distintas religiones, tradiciones artísticas y vínculos culturales que formaron Marruecos. El antiguo nombre se mantuvo en la denominación completa: Dar el Bacha, casa del pachá.

Información práctica

Tiempo en la parada25 min
Siguiente puntoLe Jardin Secret
Entradadesde fuera

Museo con horarios y entradas independientes; consulte el horario de la FNM antes de la visita.

Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Desde la calle, la historia del palacio apenas se percibe: para esta parada es importante entrar. Fíjese no solo en la decoración, sino también en la secuencia de las estancias.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Deje el palacio atrás y mantenga la dirección hacia Mouassine hasta la entrada del jardín.

Parada 1 de 8Después: Le Jardin Secret

Ruta terminada

Paseo completado

«Medina norte: palacios, jardines y medersas» — 8 paradas, unos 2 km, 3–4 horas.

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