Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Quioscos grises de libros
- Mesas con libros de segunda mano
- Monumento a Claudio Moyano
- Verja del Real Jardín Botánico
La historia del lugar
En una corta calle en pendiente junto a la verja sur del Real Jardín Botánico funciona todos los días un mercado del libro. Los quioscos grises idénticos se alinean a lo largo de la cuesta, y los libros de menor valor se colocan en mesas al aire libre; los ejemplares raros los guardan los vendedores dentro. En el extremo inferior de la calle se alza Claudio Moyano de bronce con el texto de la Ley Moyano en las manos, y más arriba, en la cuesta, los libros procedentes de bibliotecas particulares dispersas vuelven a encontrar compradores. Los quioscos actuales sustituyeron a las construcciones de madera deterioradas, conservando su tamaño y aspecto general.
En mil novecientos diecinueve, los vendedores de libros de segunda mano dejaron el mercado junto a Atocha y colocaron mostradores temporales delante de la verja del Real Jardín Botánico, por el lado del paseo del Prado. Vivían de compradores ocasionales: compraban bibliotecas particulares, las separaban volumen por volumen y volvían a poner los libros a la venta. Muchos no tenían local propio.
Los responsables del jardín exigieron durante varios años que se retirara a los vendedores de la entrada principal. Les preocupaban los toldos desordenados, la basura y el estado del lugar. Para los vendedores, perder un lugar de mucho tránsito suponía perder sus ingresos. El ayuntamiento les encontró un espacio a la vuelta de la esquina, en una corta calle en pendiente junto a la verja sur del jardín. En mil novecientos veinticuatro se celebró aquí una feria temporal del libro, y en mayo de mil novecientos veinticinco se aprobó un mercado permanente.
Treinta vendedores recibieron puestos municipales individuales. El arquitecto Luis Bellido diseñó para ellos quioscos grises idénticos, de unos quince metros cuadrados. Dentro no había ni electricidad ni calefacción. Las normas prohibían añadir toldos adicionales, sacar la mercancía más allá de la línea establecida y ceder el puesto a otro vendedor. A cambio de estas restricciones, los libreros recibieron lo que antes no tenían: una dirección permanente y el derecho a vender aquí todos los días.
Los quioscos actuales ya no son aquellas cajas de madera. Para mil novecientos ochenta y seis, las construcciones antiguas se habían deteriorado; fueron desmontadas y sustituidas por otras nuevas, que conservaron el mismo tamaño y aspecto. En el interior aparecieron el agua y la electricidad. También se conservó la organización de la venta: los libros de menor valor se colocan en mesas al aire libre, las ediciones raras se guardan en los quioscos y, según las condiciones de los permisos actuales, al menos la mitad de la mercancía debe ser de segunda mano.
Popularmente, se llama Cuesta de Moyano a la Calle de Claudio Moyano. Lleva el nombre del ministro que en mil ochocientos cincuenta y siete impulsó la Ley Moyano e hizo obligatoria la escuela primaria. Los maestros españoles reunieron dinero para su monumento; la figura de bronce fue instalada en el extremo inferior de la calle en mil novecientos. El mercado del libro apareció junto a ella un cuarto de siglo después. Moyano aparece representado leyendo su ley, y más arriba, en la cuesta, se alinean treinta quioscos en los que los libros procedentes de bibliotecas particulares dispersas vuelven a encontrar compradores.
Información práctica
La feria permanente del libro abre todos los días de 09:30–13:30 y de 16:30–19:00; los puestos individuales suelen abrir de forma escalonada, pueden cambiar el horario y cerrar con tiempo lluvioso.
Comprobado: 27 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Hojee con cuidado y pida permiso antes de fotografiar a un vendedor o el interior de un quiosco. El libro que busca puede describirse por el tema, la trama o los detalles de la cubierta.
