Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Arco con la fecha 1831
- Inscripción sobre las balanzas falsas y justas
- Techo de acero y vidrio
- Puestos de mercado
La historia del lugar
En mil ochocientos veinticuatro, los fideicomisarios de la carretera de peaje a Woolwich se reunieron para cambiar su trazado por Greenwich. Edward Hawke Locker, secretario del Hospital de Marineros de Greenwich, vio en las obras de la carretera una oportunidad para trasladar el mercado y reunir a su alrededor inmuebles rentables del hospital. Locker se ocupaba de los bienes de la institución: lo que pagaban los comerciantes formaba parte de los fondos destinados al mantenimiento de los marineros ancianos y heridos.
Los administradores del hospital habían obtenido ya en mil setecientos el derecho a establecer un mercado, y el mercado empezó a funcionar en mil setecientos treinta y siete. Entonces los puestos se situaban junto a la puerta occidental del hospital. Carniceros, pescaderos y agricultores de Kent pagaban por los lugares; los vendedores ambulantes de loza y utensilios domésticos se instalaban fuera. Tras la nueva urbanización de mil ochocientos ocho, el mercado fue desplazado a las calles vecinas. Allí un vendedor podía colocar su carro lejos del cobrador, quedarse con el importe del puesto y aun así encontrar compradores.
Locker propuso comprar la cerrada cervecería Powis, que ocupaba gran parte del terreno bajo el mercado actual. El arquitecto Joseph Kay trasladó su idea al plano: un patio comercial dentro de la manzana, tiendas en el perímetro y calles que conducían al hospital. Para construirlo, los comisarios adquirieron parcelas adicionales, incluso de forma forzosa. En mil ochocientos treinta y uno abrió el nuevo mercado. Se destinaron filas cubiertas separadas a la carne, el pescado y las verduras, y se reservaron lugares para la loza y los artículos pequeños a los comerciantes llegados de fuera. Sobre la entrada colocaron la fecha de construcción.
La verja y los techos no hicieron que los vendedores entraran. Los sábados, la gente llegaba a Greenwich en carros cerrados y comerciaba directamente en las calles. Los vendedores ambulantes llevaban pescado, aves, verduras y fruta por toda la parroquia. A los compradores les resultaba cómodo, y los comerciantes no tenían que pagar por un puesto. Para mil ochocientos cuarenta y cinco, las filas de carne apenas se usaban, los pescaderos evitaban los lugares que se les habían asignado y los ingresos de las tasas del mercado habían caído notablemente.
Los comisarios del hospital pidieron al Parlamento que les otorgara el derecho a establecer normas obligatorias y cobrar tasas. En respuesta, los habitantes de Greenwich presentaron una petición. Escribieron sobre los pobres vendedores ambulantes que llevaban años ganándose la vida pregonando en las calles los nombres de sus mercancías. Si se aprobaba la ley, advertían los autores de la petición, esas personas perderían sus ingresos y tendrían que ser mantenidas por la propia parroquia.
El Parlamento aprobó la ley en mil ochocientos cuarenta y nueve. Los comisarios obtuvieron el derecho a fijar tasas, distribuir los lugares, prohibir la venta ambulante dentro del mercado y retirar los alimentos estropeados. Unos años después, los ingresos por las tasas aumentaron. Un intento posterior de devolver a los vendedores callejeros el derecho a comerciar libremente fuera del patio nunca llegó a convertirse en ley. Los administradores del hospital lograron aquello para lo que Locker había elegido este terreno: al menos en parte, el comercio podía mantenerse dentro de un territorio delimitado.
El mercado de alimentos resistió aquí más de un siglo, pero tras la Segunda Guerra Mundial los mayoristas empezaron a marcharse. Para mil novecientos ochenta y cinco, las ventas se celebraban solo de vez en cuando, un día a la semana. Entonces los administradores empezaron a alquilar los puestos a artesanos y vendedores de antigüedades, tomando como ejemplo el Mercado de Camden Lock. El catorce de mayo abrió el primer nuevo mercado de artesanía, y poco después los talleres ocuparon también las tiendas del perímetro.
El actual techo único de acero y vidrio apareció después de las primeras filas, pero la entrada desde el lado del colegio conserva la fecha de mil ochocientos treinta y uno. Allí también está escrito: «Las balanzas falsas son abominación ante el Señor, pero el peso justo le agrada». Tras el arco se venden comida preparada, joyas, grabados y cerámica, cada cual desde el lugar asignado por el que paga el comerciante.
Información práctica
El mercado abre todos los días de 10:00–17:30; cierra en Navidad y los seis primeros lunes del año.
Comprobado: 22 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Primero recorra el mercado de punta a punta para ver cómo está organizado, y solo después elija comida o artículos artesanales. Comprar aquí no es obligatorio: la arquitectura, las inscripciones y el movimiento de las filas continúan por sí mismos el relato de la ruta.
