Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La figura de bronce con catalejo
- La inscripción frontal del pedestal
- La inscripción posterior sobre el regalo canadiense
La historia del lugar
En la cima de la colina de Greenwich se alza una figura de bronce de un general con un catalejo. El dinero para el monumento se recaudó en Canadá, la guerra detuvo la obra y un escultor canadiense la completó. Al general lo vinculaban con el parque sus paseos, la casa familiar junto al muro occidental y su regreso a través del océano tras su muerte: fue enterrado en la iglesia de San Alfegio junto a su padre.
El James Wolfe de bronce se alza en la cima de la colina de Greenwich, donde una línea recta desde el Támesis pasa entre los edificios del antiguo hospital naval, cruza la Casa de la Reina y sube hasta el Real Observatorio de Greenwich. En la cara frontal del pedestal, Wolfe aparece nombrado vencedor de Quebec. En la cara posterior está inscrito el nombre del hombre que inauguró el monumento: el marqués de Montcalm, descendiente del comandante francés derrotado.
En mil setecientos cincuenta y nueve, James Wolfe mandaba la expedición británica que debía tomar Quebec, la principal ciudad fortificada de las posesiones francesas en América del Norte. Desde los catorce años, el servicio militar era su profesión; a los treinta y dos alcanzó el grado de general de división y recibió su primer mando independiente de tal envergadura. Tras varios meses de asedio, Wolfe estaba enfermo, sus ataques no daban resultado y la llegada del invierno amenazaba con obligar a la flota británica a abandonar el río San Lorenzo.
El comandante en jefe francés, Louis-Joseph de Montcalm, contaba con mantener la ciudad hasta ese momento. En la noche del trece de septiembre, Wolfe envió soldados en barcas río arriba de Quebec. Desembarcaron al pie de un acantilado, subieron por un sendero estrecho y, al amanecer, se formaron en las llanuras de Abraham. Montcalm abandonó una posición fuerte junto a las fortificaciones de la ciudad y condujo a sus tropas al ataque. Las descargas británicas rechazaron a los franceses. Wolfe alcanzó a enterarse de su retirada y murió de sus heridas; Montcalm también fue herido de muerte. Cinco días después, Quebec capituló.
El cuerpo de Wolfe fue trasladado de vuelta a Greenwich a través del Atlántico. Su familia vivía en la Casa Macartney, junto al muro occidental del parque, y su madre pidió que enterraran a su hijo junto a su padre en la iglesia de San Alfegio. El vínculo con esta colina era personal: Wolfe paseaba aquí, comparaba el parque con los jardines de París a favor de Greenwich y, después de Quebec, regresó aquí ya en un ataúd.
En mil novecientos seis, Frederick Coate Wade, representante de Columbia Británica en Londres, empezó a recaudar en Canadá dinero para un monumento a Wolfe precisamente en el parque de Greenwich. La Primera Guerra Mundial detuvo la obra, y Wade no vivió para ver su finalización. Más tarde, el escultor canadiense Robert Tait McKenzie creó la figura del general con un catalejo, y el comité invitó a la parte francesa a la inauguración.
El cinco de junio de mil novecientos treinta se reunieron en este lugar descendientes de los participantes en la batalla, representantes canadienses, británicos y franceses. El marqués de Montcalm llegó desde Francia para inaugurar la estatua del adversario de su antepasado. Ante los reunidos se encontraban unidades de los regimientos que habían participado en la campaña de Quebec, y los discursos se transmitieron por radio a través del Atlántico y se retransmitieron desde Quebec hasta Winnipeg.
En la parte frontal del pedestal permanece el nombre del vencedor. En la parte posterior está grabado que el monumento fue regalado por el pueblo canadiense y que lo inauguró el marqués de Montcalm.
Información práctica
El parque abre todos los días de 6:00 hasta el anochecer; en verano hasta las 21:00, en otoño y primavera hasta las 20:00–19:00. El acceso de automóviles está cerrado de 10:00 a 16:00.
Comprobado: 22 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La pendiente exige un ritmo tranquilo, especialmente después de las paradas en museos. Rodee el pedestal para no pasar por alto las huellas de los daños y tenga en cuenta que el viento y el camino mojado pueden hacer menos cómodo el ascenso.
