Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Acantilado costero
- Placas de las calles «Malecón de la Reserva»
- Línea de parques
- Océano Pacífico
La historia del lugar
El Malecón de la Reserva se extiende por la parte alta del acantilado, desde el puente Villena hasta la bajada de Armendáriz. La palabra «reserva» significa aquí reserva militar: los batallones civiles que defendieron Lima en la Batalla de Miraflores. El paseo marítimo se construyó más tarde, cuando en lugar de campos y casas de veraneo aparecieron barrios residenciales, pero recibió el nombre de las personas que combatieron en lo que entonces era la periferia de la ciudad.
El quince de enero de mil ochocientos ochenta y uno, el extremo occidental de la defensa peruana se apoyaba en este acantilado. Dos días antes, el ejército chileno había derrotado la primera línea al sur de Lima y se había acercado a la capital. Junto a la costa, el oficial de artillería José Ernesto Díez mandaba una batería que debía disparar al mismo tiempo en dos direcciones: contra las tropas en tierra y contra los barcos en el océano.
Para el combate, a Díez le quedaban noventa y seis hombres. Solo treinta y ocho de ellos habían servido antes en esta batería; a los demás los enviaron desde la artillería de campaña el día de la batalla. El comandante orientó dos cañones pesados contra las unidades que avanzaban y otros dos contra los acorazados y una cañonera. Hacia las cuatro, llegaron desde el mar cañoneras adicionales. Las dotaciones del acantilado quedaron bajo fuego cruzado.
Hacia las cinco, los artilleros habían gastado el último cartucho de pólvora preparado. Aún quedaban dos barriles de pólvora, pero no había con qué cargar los cañones: no encontraron ni siquiera tela para coser los sacos de las cargas. Al recibir la noticia de que las demás posiciones se retiraban, Díez ordenó inutilizar los cañones, prendió fuego a la pólvora y condujo a los hombres a Lima. Dos días después, las unidades chilenas ocuparon la capital.
Detrás de la batería costera, más cerca de tierra, se alzaba el primer reducto con el batallón número dos del Ejército de Reserva. Lo mandaba Manuel Lecca, comerciante y jefe de la asociación de comerciantes de la capital, a quien encargaron mantener el acceso a Lima. La mayoría de sus soldados también vivían del comercio. Medio año antes de la batalla, se obligó a los hombres de dieciséis a sesenta años a reservar parte de la jornada laboral para la instrucción de orden cerrado; maestros, funcionarios, artesanos y comerciantes eran distribuidos entre los batallones según sus ocupaciones.
No queda nada de la batería, el foso ni los muros de sacos de arena. Los historiadores solo delimitan el sector general junto al acantilado, y el lugar exacto de los cañones sigue siendo desconocido. Los batallones también desaparecieron tras la derrota. Su rastro discurre a lo largo de los parques actuales en una sola línea de las placas de las calles: Malecón de la Reserva.
Información práctica
Paseo marítimo abierto; puede haber restricciones temporales en tramos del carril bici y de obras.
Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.No baje por la ladera ni se acerque a los bordes dañados. Si un tramo está cerrado por obras o por riesgo de derrumbe, regrese al paso oficial.
