Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Reloj sobre la entrada
- Escudo del ayuntamiento
- Salas de lectura
La historia del lugar
El reloj y el escudo del antiguo ayuntamiento se conservan sobre la puerta de la biblioteca municipal. Tras la fachada, las dependencias de trabajo de los funcionarios municipales cedieron su lugar a salas de lectura y exposiciones. La biblioteca conserva en copias digitales las antiguas sesiones del concejo municipal para el trabajo de los investigadores. El nombre de Manuel Beingolea figura en la fachada, y dentro se guardan sus manuscritos inéditos y sus libros.
Dentro funcionan salas de lectura para niños y adultos, se prestan libros para llevar a casa y en estancias separadas se celebran proyecciones, conferencias y matrimonios civiles. Esta última función llegó a la biblioteca junto con el edificio: el primero de octubre de mil novecientos veintidós, el alcalde Enrique de las Casas lo inauguró como sede del concejo municipal. Entonces solo se destinó a la biblioteca una parte de las salas.
Un año antes, de las Casas decidió publicar, con motivo del centenario de la independencia de Perú, una historia del distrito. Manuel Beingolea, secretario del concejo y autor de relatos, ya se disponía a escribir un libro así por iniciativa propia. El alcalde tramitó el encargo a través del concejo, el municipio pagó la impresión y sometió el texto a supervisión directa.
Beingolea recibía un sueldo fijo precisamente por su servicio como secretario. El concejo se llamaba entonces oficialmente concejo de San José de Surco: así se denominaba el distrito cuya capital era Barranco. Junto con Elías Rodríguez, segundo coordinador del archivo, Beingolea revisó los documentos municipales. Descubrieron unos siete mil trescientos sesenta y tres expedientes.
El material tenía lagunas. En algunas carpetas faltaban documentos; otras fuentes exageraban los méritos de los dirigentes anteriores. Beingolea respondía por el libro ante su empleador y entendía que los lectores conocían los acontecimientos descritos por la memoria familiar. En el prólogo advirtió expresamente tanto de la falta de documentos como de que el hábito de un literato podía haber influido en sus juicios.
El libro «Los concejos barranquinos» apareció en mil novecientos veintiuno. Beingolea distribuyó los capítulos por alcaldes, siguió su labor desde mil ochocientos setenta y seis hasta mil novecientos veinte e incluyó datos sobre calles, comercios, obras públicas, precios y tasas. Algunos documentos los reprodujo íntegramente. Tras la apertura del edificio actual, Beingolea siguió trabajando aquí ocho años más y continuó llevando los documentos municipales. Después dirigió durante dieciséis años la biblioteca del Senado.
Cinco años después de su muerte, en mil novecientos cincuenta y ocho, abrieron la biblioteca de Barranco en un local provisional, ya con el nombre de Manuel Beingolea. Más tarde devolvieron los libros al antiguo ayuntamiento, y los anteriores despachos pasaron a ser salas de lectura y exposiciones.
Hoy la biblioteca conserva copias digitales de antiguas sesiones del concejo municipal y las facilita a los investigadores para trabajar en el lugar. Aquí se encuentran también manuscritos inéditos de Beingolea, su colección «Cuentos pretéritos» y un diploma de honor de la Asociación de Escritores de mil novecientos cuarenta y siete. Sobre la entrada permanecen el reloj y el escudo del ayuntamiento; el nombre de su antiguo secretario figura en la fachada y sus documentos se guardan dentro.
Información práctica
Lun–Vie 08:00–17:30, Sáb 08:00–13:00; entrada gratuita
Comprobado: 19 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La historia del edificio puede escucharse desde la plaza. Si la biblioteca está accesible, entre en silencio y trátela como un espacio público de trabajo, no como una exposición de museo.
