Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Bloques de mármol de la figura
- Mano levantada
- Mano sobre el pecho
- Bahía de La Habana
La historia del lugar
En la colina de Casablanca, sobre la bahía, se alza una figura de Cristo de veinte metros, compuesta por sesenta y siete piezas de mármol de Carrara. Los bloques están ensamblados alrededor de un armazón de hierro, y el espacio interior está relleno de hormigón. Desde la orilla opuesta, la estatua se ve sobre la entrada del puerto, donde recibe a los barcos que llegan. Una de sus manos está levantada para bendecir; la otra descansa sobre el pecho.
En mil novecientos sesenta y uno, la escultora Jilma Madera oyó por televisión que un rayo había perforado la cabeza del Cristo de La Habana. A la mañana siguiente vino aquí y vio un agujero en el sexagésimo séptimo bloque, el más alto, en la parte posterior de la cabeza. La lluvia podía entrar, provocar la corrosión del armazón de hierro y partir el mármol desde dentro. Los bomberos proporcionaron a Jilma un vehículo con escalera extensible. La reparación, que ella misma dirigió, duró unos cinco meses.
La piedra para repararlo ya estaba en La Habana. Al enviar la escultura desde Italia, Jilma añadió a la carga un bloque de repuesto de mármol de Carrara: por si alguna de las piezas se dañaba durante el transporte o el montaje. Entonces parecía una precaución excesiva. Tres años después, el repuesto fue necesario para la nuca de Cristo.
El comienzo del proyecto se ha rodeado de otra historia. A menudo se repite que Marta Fernández Miranda, esposa del presidente cubano Fulgencio Batista, prometió erigir la estatua después del atentado contra su marido en marzo de mil novecientos cincuenta y siete. Esta leyenda no encaja con la cronología: el concurso se convocó ya a comienzos de mil novecientos cincuenta y seis. Marta sí presidió el comité de patronos que reunía dinero para la enorme figura sobre la bahía de La Habana, pero el proyecto existía antes del ataque al Palacio Presidencial.
Jilma Madera, escultora cubana que aspiraba al derecho de realizar el encargo, presentó un modelo de yeso de tres metros y ganó el concurso. Gastó los doscientos mil pesos que recibió en mármol de Carrara. Después se marchó casi dos años a Italia, donde dirigió la transformación del modelo en sesenta y siete piezas separadas. Aseguró cada pieza antes del transporte marítimo y colocó junto a ellas aquel mismo bloque de repuesto.
En la colina de Casablanca, aquellas piezas se ensamblaron alrededor de un armazón de hierro y la estructura se rellenó de hormigón. La altura de la propia colina permitió que la figura de veinte metros fuera visible desde la orilla opuesta de la bahía y recibiera a los barcos a la entrada del puerto. Cristo está orientado hacia La Habana: una mano está levantada para bendecir y la otra descansa sobre el pecho.
La estatua fue inaugurada en Navidad de mil novecientos cincuenta y ocho. Pocos días después, Batista y Marta abandonaron Cuba. Durante la ceremonia, Jilma dijo de su obra: «Lo hice para que lo recordaran, no para que lo adoraran: es mármol».
Los constructores dejaron dentro una alta varilla de hierro, pero no instalaron pararrayos. Después de la reparación de Jilma, un rayo volvió a alcanzar la cabeza en mil novecientos sesenta y dos y, después, otra vez en mil novecientos ochenta y seis. Solo tras el tercer impacto los reparadores instalaron la protección. En la nuca de la figura actual hay una inserción de mármol de repuesto, que Jilma Madera llevó a través del Atlántico junto con las sesenta y siete piezas originales.
Información práctica
Mirador al aire libre; acuda con luz diurna y compruebe in situ las restricciones locales.
Comprobado: 25 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Rodee la estatua por varios lados: la expresión del rostro y la dirección de la mirada cambian con su punto de observación.
