Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Puertas barrocas con Neptuno
- Cubierta de vidrio
- Pabellones cubiertos del mercado
La historia del lugar
Antiguamente, el encargado gritaba los lotes desde una pequeña caseta, y los compradores se reunían a su alrededor: así se comerciaba aquí con pescado en subasta. Las puertas barrocas con Neptuno separaban esta actividad de la plaza e indicaban que dentro regían normas propias. El mercado se trasladó a la confluencia de la Lieve y el Lys, donde la ciudad compró tres casas al cabildo eclesiástico; la mercancía llegaba aquí por agua. Los pabellones cubiertos con cubierta de vidrio han sobrevivido a los mostradores de pescado: hoy, tras las puertas funcionan una oficina de turismo y salas para eventos.
En febrero de mil ochocientos ochenta circulaba por Gante una canción callejera sobre el nuevo mercado cubierto. Su autor convirtió a las pescaderas en protagonistas. Antes trabajaban al aire libre; en invierno ni siquiera las protegía un recipiente con brasas humeantes que las mujeres colocaban bajo sus faldas. En la canción, las pescaderas se helaban, y las bremas y las anguilas se congelaban en las cubas. Son coplas con exageración cómica, pero señalan con precisión el riesgo: aquí se vendían productos perecederos y se vivía de los ingresos del día.
El comercio de pescado se trasladó aquí desde la plaza que ahora se llama Groentenmarkt. Los concejales de la ciudad compraron al cabildo de la iglesia de Santa Faraildis tres casas en la confluencia de la Lieve y el Lys. El siete de junio de mil seiscientos noventa, los vendedores ocuparon sus nuevos puestos, a solo un puente del antiguo mercado y junto a la vía de agua por la que se transportaba la mercancía.
La palabra «mercado» simplifica un poco las cosas. El pescado se vendía en subasta. El encargado anunciaba los lotes desde una pequeña caseta, y los compradores se reunían a su alrededor. La mejor mercancía estaba destinada a los comerciantes del interior del mercado; para los habitantes de la ciudad se organizaba una venta separada de pescado de río y de una parte del pescado de mar traído de fuera. Las puertas barrocas con Neptuno mostraban que tras ellas comenzaba un comercio regido por normas establecidas, y no una fila de puestos callejeros sin orden.
En la noche del ocho al nueve de diciembre de mil ochocientos setenta y dos, un incendio destruyó el local situado sobre la entrada y dañó gravemente las puertas. Las pescaderas volvieron a encontrarse en la plaza al aire libre. Los concejales de la ciudad decidieron restaurar la fachada y construir una gran sala cubierta. Las obras comenzaron en mil ochocientos setenta y cinco y se prolongaron durante casi ocho años.
Cuando abrió el mercado, la misma canción callejera dio a conocer el desenlace: las mujeres recibieron puestos bajo una cubierta de vidrio, y cada una debía permanecer en su propio mostrador. Desde entonces, el techo protegía la mercancía y el reglamento del mercado protegía el orden.
Aquí se vendió pescado hasta comienzos de los años mil novecientos sesenta. Hoy, tras las puertas funcionan una oficina de turismo y salas para eventos. La caseta del encargado y los mostradores de pescado han desaparecido; los pabellones cubiertos, por los que se emprendió la reconstrucción después del incendio, se conservan.
Información práctica
El acceso al patio y a las puertas es libre. En el edificio funcionan un mercado gastronómico y una oficina de turismo; el horario depende de los arrendatarios.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El grupo escultórico se ve bien desde la plaza. Examine la lápida funeraria solo si el acceso al interior está abierto; no intente entrar en espacios cerrados por ella.
