Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Puertas de entrada de 1826
- Senderos sinuosos
- Pendientes de tierra
La historia del lugar
Las curvas de los senderos repiten el relieve de las antiguas fortificaciones: en esta elevación entre el Escalda y el Leie se alzaba una fortaleza pentagonal de cuarenta y tres hectáreas. Tras las guerras napoleónicas se construyó como uno de los eslabones de una cadena de fortalezas contra una posible ofensiva francesa, y después se utilizó sobre todo como cuartel para la infantería y la artillería. La ciudad compró el terreno, desmontó las fortificaciones y creó el parque; en el lado oriental sobrevivieron las puertas de entrada de mil ochocientos veintiséis. Los cuarteles, la plaza de armas y los pozos desaparecieron, pero las puertas y los desniveles del terreno permanecen de la fortaleza.
El cinco de octubre de mil ochocientos treinta, el mayor Gey van Pittius, ingeniero militar y creador de la Ciudadela de Gante, propuso enviar a los soldados menos fiables a descargar un barco cargado de paja. Contaba con que, al salir desarmados por las puertas, se dispersarían. A la mañana siguiente, de doscientos cuarenta hombres solo regresaron un teniente y varios suboficiales.
La ciudadela se construyó para otra guerra. Tras la derrota de Napoleón, el duque de Wellington impulsó la creación de una cadena de fortalezas ante una posible nueva ofensiva francesa. Gey van Pittius eligió una elevación entre el Escalda y el Leie. La fortificación pentagonal ocupaba cuarenta y tres hectáreas y se consideraba una de las más modernas de Europa. También dio nombre al actual Citadelpark.
Pero para el otoño de mil ochocientos treinta, las provincias meridionales del Reino Unido de los Países Bajos se habían sublevado y declarado la creación de Bélgica. Las unidades del ejército aún eran mixtas: un oficial podía ser neerlandés del norte, mientras que la mayoría de sus soldados eran naturales de tierras que ya se consideraban belgas. Más de dos mil quinientos militares se retiraron a la fortaleza inacabada. El coronel Destombes, comandante de la ciudadela, trataba de mantenerlos al servicio del rey Guillermo Primero.
La artimaña de la paja redujo el número de rebeldes, pero unas horas después cerca de mil soldados se dirigieron hacia las puertas principales. Destombes ordenó sacar los cañones al patio interior. Cuando los artilleros encendieron las mechas, la multitud se retiró a los cuarteles. Sacaron a otros doscientos sesenta hombres con el pretexto de formar un segundo equipo de trabajo; de nuevo, solo volvieron un oficial y los suboficiales.
Los que quedaban estropeaban los pozos, arrojaban cal en ellos y cortaban las cuerdas de los cubos. Los oficiales tenían que recoger agua en los fosos de la fortaleza, con el riesgo de caer en una emboscada. La guarnición vivía de pan y carne de mala calidad; el ganado destinado a la alimentación pastaba directamente en los fosos secos. Después, los capitanes belgas advirtieron a Destombes que, en caso de asalto, los soldados de los capitanes belgas se negarían a disparar contra quienes atacaran y volverían las armas contra sus propios oficiales y artilleros.
Entretanto, unidades belgas y voluntarios franco-belgas se acercaron a la ciudadela. El diecisiete de octubre, Destombes se reunió en el glacis —la pendiente abierta ante las fortificaciones— con el general Duvivier, que mandaba las fuerzas belgas en la ciudad e insistía en la retirada de la guarnición neerlandesa. Destombes aceptó abandonar la fortaleza, pero negoció para sus hombres el derecho de llevarse las armas, la bandera del regimiento, cuatro cañones de campaña, el tren de bagajes y los archivos militares.
En la noche del dieciocho al diecinueve de octubre, los soldados neerlandeses del norte que quedaban salieron de la ciudadela y, unos días después, llegaron a Amberes. Las unidades del sur siguieron prestando servicio aquí durante dos semanas, conforme a las condiciones de la capitulación; poco después, los hombres de la antigua guarnición fueron admitidos ya en el ejército belga y reunidos en el Regimiento de Gante.
Los ingenieros belgas terminaron la fortaleza, pero los militares la utilizaron principalmente como cuartel de infantería y artillería. En mil ochocientos setenta, el ayuntamiento compró el terreno, empezó a desmontar las fortificaciones y, cinco años después, creó aquí un parque. Para los senderos sinuosos se aprovecharon las antiguas pendientes y estructuras de tierra. En el lado oriental se conservan las puertas de entrada de mil ochocientos veintiséis; desaparecieron las murallas, la plaza de armas, los cuarteles y los pozos en torno a los cuales se dividió la guarnición.
Información práctica
Abierto como parque público; algunos senderos y pabellones pueden cerrarse temporalmente por obras y actividades.
Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La historia se lee bien desde fuera. No busque una fortaleza completa ni una ciudad de exposición: importan el pabellón conservado, el relieve y las huellas de distintas épocas.
