Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La escalera de piedra gris
- La larga sala de lectura
- Dos filas de plúteos de madera
- Tablillas en los extremos de los bancos
La historia del lugar
La colección principal de esta biblioteca llegó a ser un trofeo, propiedad de un convento y una colección romana antes de que se construyera para ella una sala sobre el claustro de San Lorenzo.
Lorenzo el Magnífico, que dirigía la política florentina y reunía libros para el trabajo de los humanistas, buscaba especialmente textos griegos. Encargaba a copistas las obras que faltaban y murió convencido de que la colección seguía incompleta. Su hijo Pedro de Médici continuó las compras, pero en mil cuatrocientos noventa y cuatro perdió de golpe la ciudad, el palacio y la biblioteca. Tras sus concesiones a Carlos VIII, el rey francés que invadió Florencia, los ciudadanos expulsaron a los Médici. Los libros familiares fueron confiscados y vendidos a los dominicos del Convento de San Marcos.
En la primera revisión faltaban unas doscientas manuscritos: Lorenzo había entregado una parte para que se leyeran. Las autoridades exigieron que se devolvieran los libros y amenazaron con multas, pero solo recuperaron unos pocos. Los monjes conservaron el resto.
León X, el hijo menor de Lorenzo, entonces cardenal y futuro papa, se encargó de recuperar la colección. En mil quinientos ocho recompró los libros a los dominicos y los trasladó al palacio familiar de Roma. Tras su muerte, su primo Clemente VII, que llegó a ser papa, ordenó enviar la colección de vuelta a Florencia. Necesitaba un depósito permanente y accesible al público junto a la iglesia familiar, donde los libros pudieran ordenarse por materias y prestarse a los estudiosos.
En mil quinientos veinticuatro, Clemente encargó a Miguel Ángel construir una biblioteca sobre las dependencias existentes de los canónigos de San Lorenzo. El arquitecto tuvo que levantar un nuevo piso sobre muros antiguos, por lo que la larga sala de lectura resultó ligera y estrecha. Miguel Ángel incorporó dos filas de plúteos de madera: bancos que servían a la vez de asientos, pupitres y cajas para libros. Los manuscritos reposaban dentro, en horizontal: la teología separada de la astronomía, la historia de la poesía. Una tablilla en el extremo de cada banco indicaba qué libros se guardaban allí. Así, la colección privada adquirió un orden pensado para los lectores.
Clemente murió en mil quinientos treinta y cuatro. Ese mismo año, Miguel Ángel abandonó Florencia para siempre y dejó la biblioteca inacabada. Más tarde envió desde Roma un modelo de cera de la escalera, y Bartolomeo Ammannati la ejecutó en piedra gris. Ni el promotor ni el arquitecto vieron la inauguración. Los primeros lectores fueron admitidos aquí bajo el duque Cosme I de Médici, en mil quinientos setenta y uno; entonces, unas tres mil manuscritos ocuparon los plúteos y recibieron nuevas encuadernaciones con los escudos de los Médici.
A comienzos del siglo veinte, los conservadores retiraron los manuscritos de los bancos y los llevaron a depósitos protegidos. Los plúteos de madera y las tablillas permanecieron en su lugar, y la colección creció hasta aproximadamente once mil manuscritos. La palabra «Medicea» del nombre alude a la familia cuyos libros formaron su núcleo. «Laurenciana» procede de la Basílica de San Lorenzo, sobre cuyo claustro se alza la sala, y no del nombre de Lorenzo el Magnífico.
Información práctica
Lu–Vi 10:00–13:30; última entrega de entradas 13:00. Sá, Do y festivos – cerrada. Durante las exposiciones la entrada puede costar 7 €.
Comprobado: 17 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.El acceso a la biblioteca no coincide automáticamente con la visita a la basílica, así que compruébelo por separado. En la escalera, manténgase en el borde libre y no se detenga en medio del estrecho vestíbulo.
