Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Muro de Amarucancha
- Muro de Acllawasi
- Capilla de Nuestra Señora de Lourdes
- Placa «Calle Loreto»
La historia del lugar
Calle Loreto surgió mucho antes de recibir su nombre actual. Los incas llamaban a este paso Intik'ijllu, el callejón del Sol. Durante las ceremonias, se recorría desde Intipampa hasta Haucaypata. A un lado se encontraba Amarucancha, una residencia vinculada al inca Huayna Cápac; al otro, Acllawasi, la casa cercada de las mujeres escogidas. Las dos largas paredes a lo largo de la calle servían de límites para estos complejos. Ahora, entre ellas funcionan tiendas y una galería de artesanía.
El nombre Loreto procede de la Capilla de Nuestra Señora de Lourdes (antes Capilla de Nuestra Señora de Loreto), situada junto a la salida a la plaza. Los jesuitas la construyeron para los oficios religiosos de los indígenas y la dedicaron a Nuestra Señora de Loreto, la Virgen María nombrada por el santuario italiano de Loreto. Fue precisamente en esta capilla donde Juan Sicos Ynga procuró obtener un reconocimiento del que dependía el destino de su familia.
Sicos pertenecía a los linajes Ayarmaca y Pumamarca. En la década de mil seiscientos ochenta, representantes de otra nobleza inca sostuvieron ante los tribunales que las personas de estos linajes no tenían derecho a ser consideradas descendientes de los incas ni a llevar la mascapaicha, la cinta para la cabeza que señalaba un alto estatus. Una derrota amenazaba a Sicos y a sus hijos con su inclusión en el estamento tributario: habrían tenido que pagar tributo, cumplir servicios personales y renunciar a su antiguo lugar entre la nobleza urbana.
En mil seiscientos ochenta y siete, el tribunal reconoció los derechos de Ayarmaca y Pumamarca. Dos años después, los electores eligieron por unanimidad a Sicos como alcalde mayor de la nobleza inca, es decir, como su representante electo. Ese mismo año recibió en la Capilla de Nuestra Señora de Loreto la condición de hidalgo español y el permiso para llevar espada y vestimenta de noble.
El veintidós de agosto de mil seiscientos noventa y dos sacaron de la capilla el estandarte de Nuestra Señora de Loreto. Sicos caminaba delante de las andas, con el estandarte en las manos. Llevaba al mismo tiempo una mascapaicha adornada con perlas, un traje ceremonial español, dos cadenas de oro, una espada y un puñal. A su lado caminaban dos funcionarios de la Corona, y delante iban nobles incas reconocidos de las ocho parroquias urbanas. Los mismos círculos que recientemente habían cuestionado el origen de Sicos lo aceptaban ahora públicamente como su jefe.
Su padre, Diego, contrató a un notario para que registrara la composición de la procesión, la vestimenta de su hijo y los nombres de los participantes. Casi un siglo después, los descendientes de Sicos adjuntaron este registro a una petición de exención del tributo. El desfile duró varias horas; el testimonio notarial sirvió a la familia durante décadas.
En mil ochocientos noventa y cuatro, la capilla fue dedicada ya a Nuestra Señora de Lourdes. El callejón conservó su antiguo nombre. El estandarte de Sicos ya no está aquí, la capilla junto a la plaza cambió de advocación y la placa «Calle Loreto» aún repite el nombre bajo el que el notario registró su procesión.
Información práctica
La calle peatonal está abierta como paso urbano.
Comprobado: 15 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La calle es estrecha y concurrida: observe las paredes desde el borde accesible, no obstaculice el paso ni toque la mampostería.
