Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- La estatua de Ceres
- Una espiga de trigo
- Una mazorca de maíz
- La inscripción con el nombre de la Junta de Comercio
La historia del lugar
En mil novecientos treinta, esta torre se levantó para la Junta de Comercio de Chicago, donde se pactaban de antemano el precio y la entrega de la cosecha futura. La Junta establecía las reglas de esos contratos y reunía en un mismo mercado a compradores y vendedores de grano. Para negociar en el interior se dispusieron pits escalonados y poligonales; los participantes gritaban allí las órdenes y transmitían las condiciones con gestos. La negociación a viva voz cesó en dos mil quince, pero Ceres, con una espiga de trigo y una mazorca de maíz, sigue elevándose sobre la torre.
Tras el cierre de la negociación el once de julio de mil novecientos ochenta y nueve, los directores de la Junta de Comercio de Chicago declararon una situación de emergencia en el mercado de la soja. Formalmente, la orden afectaba a todos los grandes participantes. En realidad, un solo grupo tuvo que vender: el conglomerado agroindustrial italiano Ferruzzi.
Raul Gardini dirigía el conglomerado. Poco antes, su grupo había comprado a la gran procesadora estadounidense Central Soya, y ahora las fábricas necesitaban enormes partidas de soja. El verano anterior, el Medio Oeste había sufrido una grave sequía y las reservas se redujeron. Los operadores de Ferruzzi comenzaron a comprar a la vez soja almacenada y contratos para su entrega futura. Gardini sostenía que solo estaba asegurando materias primas para las empresas.
Precisamente esos contratos se celebraban en este edificio. El comprador y el vendedor fijaban de antemano el precio y después liquidaban la operación o la llevaban hasta la entrega de grano real. Para negociar se destinaban plataformas escalonadas y poligonales, los pits, donde los participantes se veían unos a otros y transmitían las órdenes con voces y gestos.
Para el diez de julio, Ferruzzi mantenía contratos por veintidós millones de bushels, casi seiscientas mil toneladas de soja. Eso suponía el cincuenta y tres por ciento de todos los contratos de julio que aún no se habían liquidado. Al mismo tiempo, el grupo controlaba más del ochenta y cinco por ciento de las reservas que se podían presentar para su entrega a través de la bolsa.
Los vendedores de contratos se encontraron en una situación peligrosa. Si Ferruzzi exigía todos los granos de soja que le correspondían, no habría suficiente soja libre. Para cumplir sus obligaciones, los vendedores tendrían que buscar grano en la empresa que poseía casi todas las reservas disponibles. Una toma de control así del mercado permitía al comprador dictar el precio.
Durante varias semanas, el comité de la bolsa pidió a los directivos del conglomerado que redujeran la posición. Estos siguieron insistiendo en que estaban cubriendo legalmente las necesidades de sus fábricas. Entonces, los directores de la Junta de Comercio ordenaron a los titulares de grandes posiciones vender cada día parte de los contratos y dejar, en el momento de la liquidación, no más de un millón de bushels. De forma independiente, el regulador federal negó a Ferruzzi el derecho a considerar toda aquella compra como una cobertura ordinaria para un procesador.
La venta forzosa hundió de inmediato el precio aproximadamente un cinco por ciento. Para el último día, la soja de julio había bajado de siete dólares y veintiséis centavos a aproximadamente seis dólares y ochenta y nueve centavos por bushel. Entonces se estimaron las pérdidas de Ferruzzi en diez millones de dólares, y la caída del valor de la cosecha de los agricultores estadounidenses en aproximadamente medio mil millones.
Gardini acusó a la Junta de Comercio de una intervención ilegal y exigió una indemnización. Más tarde, la propia bolsa retiró la acusación de manipulación consumada; las partes resolvieron las demás reclamaciones bursátiles antes de una decisión sobre el fondo. En una demanda colectiva independiente, el grupo aceptó pagar veintiún millones y medio de dólares sin admitir culpabilidad.
El actual rascacielos se levantó en mil novecientos treinta precisamente para la Junta de Comercio de Chicago: la bolsa de materias primas que creaba las reglas de los contratos, reunía a compradores y vendedores y podía detener una operación peligrosa. Por eso, en lo alto se alza Ceres con trigo y maíz. La negociación a viva voz de futuros agrícolas cerró aquí en dos mil quince; los contratos de soja se celebran ahora electrónicamente. Ante la fachada ya no se encuentran los pits con vendedores y compradores, pero el nombre de la institución que obligó a Ferruzzi a vender la soja sigue en la torre.
Información práctica
Inspección exterior diaria; el museo del edificio de la Junta de Comercio está abierto 10:00–16:00 los días laborables, excepto los festivos federales, con control de seguridad.
Comprobado: 29 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Contemple la torre desde la acera y no salga a la calzada en busca de una toma simétrica. Los interiores y las visitas especializadas requieren una organización aparte.
