Parada 4 de 7

Plaza de San Diego y antiguo Convento de los Recoletos de San Diego

Plaza de San Diego / Claustro de San Diego

Esta parada explicará el nombre del barrio y mostrará adónde se ha devuelto en nuestra época la losa del benefactor de aquel convento.

20 min
Plaza de San Diego al atardecer en el centro histórico de Cartagena de Indias.
Joe Ross from Lansing, Michigan · CC BY-SA 2.0; cropped/resized for app; ShareAlike applies
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En qué fijarse

  • Fachada del antiguo convento
  • Entrada de la universidad
  • Losa de mármol junto a la entrada
  • Plaza de San Diego

La historia del lugar

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Junto a la Plaza de San Diego se conserva la fachada de la antigua comunidad de los franciscanos recoletos, hermanos de regla especialmente estricta para quienes eran importantes el retiro, la oración y la pobreza. En esta parte de la ciudad vivían muchas familias pobres que no tenían iglesia parroquial propia. Más tarde, las dependencias del convento fueron ocupadas por una escuela naval, una prisión y un hospital psiquiátrico. Ahora, tras la entrada de la universidad, funcionan aulas de música, teatro, pintura y diseño.

El comerciante portugués Jorge Fernández Gramajo pagó el convento junto a esta plaza con la esperanza de asegurarse oraciones después de su muerte. La fortuna que le permitió negociar por la eternidad la había amasado vendiendo africanos esclavizados.

Gramajo llegó a Cartagena de Indias en mil quinientos ochenta y siete. Recibía barcos negreros y trasladaba personas por el puerto: de los ciento cincuenta africanos que viajaban en su galera San Juan Bautista, cuarenta y uno murieron durante el trayecto. A comienzos del siglo diecisiete, el comerciante se había convertido en uno de los hombres más ricos de la ciudad, pero su posición seguía siendo insegura. Los funcionarios españoles sospechaban que los comerciantes portugueses practicaban el contrabando, y los inquisidores vigilaban a las familias de judíos conversos, a la que pertenecía Gramajo. Entre mil seiscientos diez y mil seiscientos once lo mantuvieron bajo arresto domiciliario y lo juzgaron por comercio ilegal. Quedó en libertad, pero solo en mil seiscientos catorce obtuvo el derecho oficial a residir y hacer negocios en los dominios españoles.

Mientras tanto, en las afueras de la Plaza de los Jagüeyes, los franciscanos recoletos buscaban un lugar para una nueva comunidad. Se llamaba recoletos a los hermanos que seguían una regla especialmente estricta, el retiro de oración y la pobreza. En esta parte de Cartagena de Indias vivían muchos habitantes pobres que no tenían iglesia parroquial propia. En febrero de mil seiscientos ocho, los monjes recibieron permiso para construir. Gramajo les cedió el terreno, pagó la piedra, el ladrillo, la madera y las tejas, y supervisó personalmente las obras. Los historiadores consideran que su generosidad ayudaba al comerciante portugués a afianzar su posición ante quienes podían reabrir su causa.

La comunidad fue dedicada a San Diego de Alcalá, hermano lego franciscano español del siglo quince que cuidaba a los enfermos y repartía comida a los pobres. Fue canonizado en mil quinientos ochenta y ocho. Del convento, el nombre de San Diego pasó a la plaza y después a todo el barrio de San Diego.

La iglesia fue consagrada en mil seiscientos veinticinco. Gramajo invirtió en la construcción unos treinta mil pesos y obtuvo un lugar junto al escalón del altar mayor. Según su testamento, los monjes debían celebrar allí cada sábado una misa cantada por el alma del benefactor. Cuando el comerciante murió el veintitrés de junio de mil seiscientos veintiséis, lo enterraron bajo una losa de mármol italiano de unas tres toneladas de peso. El epitafio italiano pide misericordia para él por todos sus pecados. La trata de esclavos no se menciona directamente en la inscripción: los investigadores contemporáneos establecen la relación entre este arrepentimiento y la actividad con la que Gramajo ganaba dinero.

Tras la partida de los monjes, el edificio fue ocupado por una escuela naval, una prisión y un hospital psiquiátrico. La losa funeraria fue sacada del altar; con el tiempo acabó en el patio del Palacio de la Inquisición de Cartagena de Indias y casi quedó enterrada. La rectora de la Escuela de Bellas Artes de Cartagena, Sacra Nader, que investigaba la historia de su nueva sede, localizó la losa junto con sus colegas y contrató una grúa. El veintidós de abril de dos mil diecisiete, el mármol fue devuelto al antiguo convento.

Desde mil novecientos setenta y seis se enseñan aquí música, teatro, pintura y diseño. La losa de Gramajo está ahora expuesta junto a la entrada de la universidad, y no junto al altar donde él ordenó que cantaran por él todos los sábados.

Información práctica

Tiempo en la parada20 min
Siguiente puntoConvento de Santa Clara (Hotel Santa Clara)
Entradadesde fuera
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La plaza está abierta como espacio público; el antiguo monasterio funciona como edificio educativo, sin acceso turístico libre.

Comprobado: 1 de julio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.

Es un espacio educativo en funcionamiento: observe las zonas accesibles, no entre en las aulas ni interrumpa las clases.

Siguiente paso

¿Adónde seguir?

Diríjase al edificio de Santa Clara al otro lado de la plaza.

Parada 4 de 7Después: Convento de Santa Clara (Hotel Santa Clara)

Ruta terminada

Paseo completado

«Barrio de San Diego: monasterios, teatro y la muralla norte» — 7 paradas, ~2 km, 2–2,5 horas.

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