Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El pozo bajo la cúpula cónica
- La tabla tallada
- El cenotafio
- Las antiguas tuberías de cerámica
La historia del lugar
La cúpula cónica cubre el pozo sobre el que levantaron un venerado santuario musulmán con varias salas. Junto al agua se alza un cenotafio, una lápida sin enterramiento demostrado; los peregrinos recogen aquí agua, lo rodean y colocan sobre él arroz, trigo y ramitas de albahaca. En las salas vecinas se reúnen objetos del antiguo abastecimiento urbano de agua: odres de cuero, recipientes metálicos y tuberías de cerámica.
A comienzos del siglo quince, Ahmad ibn Mahmud, Mulla-zade, redactaba una guía de los santuarios de Bujará. El libro debía conducir al peregrino hasta la tumba correcta, nombrar al enterrado y explicar por qué se le venera. Se exigía precisión al compilador: un error convertía la lápida de otra persona en un lugar de oración.
Junto a un manantial en las afueras de Bujará, Mulla-zade se encontró con una tradición que ya era célebre. Su protagonista era Ayub, el nombre que recibe el bíblico Job en la tradición islámica. Durante una sequía, los habitantes locales supuestamente pidieron al profeta viajero que les diera agua. Ayub golpeó el suelo con su bastón y brotó un manantial. Por eso «Chashma Ayub» significa «el manantial de Ayub». Es una tradición, no un hecho establecido.
Un solo manantial no bastó a los narradores. Ya a finales del siglo nueve, autores de Bujará afirmaban que Ayub había muerto y había sido enterrado aquí. Sobre el pozo levantaron un santuario y junto a él apareció una lápida. Mulla-zade era ayudante del influyente teólogo Muhammad Parsa y procuraba que su guía se basara en escritos religiosos reconocidos. Expuso la versión local y después la rechazó: los eruditos que él consideraba autorizados situaban la tumba de Ayub en Haurán, no lejos de Damasco. En el libro de Mulla-zade, Chashma Ayub siguió siendo un conocido mazar de Bujará, pero no se convirtió en la verdadera tumba del profeta.
El compilador perdió la disputa frente a quienes disponían del propio santuario. En la segunda mitad del siglo dieciséis colocaron sobre la lápida simbólica una ancha tabla tallada, probablemente por orden de los gobernantes. En ella inscribieron el relato de la llegada de Ayub a Bujará y declararon expresamente que el profeta está enterrado «aquí, en este mismo lugar». Como prueba citaron la antigua Historia de Bujará, que posteriormente se perdió. La objeción de Mulla-zade quedó en el manuscrito, mientras que la versión de sus adversarios recibió un objeto que el peregrino veía ante sí.
Por eso, en el interior conviven el pozo y el cenotafio, una lápida sin enterramiento confirmado. Los peregrinos recogen agua, que consideran curativa, rodean el cenotafio y dejan sobre él granos de arroz, trigo y ramitas de albahaca. En las demás salas funciona ahora un museo del abastecimiento de agua: allí se exponen odres de cuero, recipientes metálicos y antiguas tuberías de cerámica. Bajo la cúpula cónica se encuentra el pozo que dio nombre al santuario; junto a él yace la tabla que le atribuyó la tumba del profeta, cuya existencia ya se discutía hace seis siglos.
Información práctica
La visita exterior está disponible en todo momento; en el interior hay un museo de la historia del abastecimiento de agua de Bujará, pero conviene confirmar allí el horario actual y la taquilla.
Comprobado: sin fecha. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Si el museo está abierto, busque los odres de los aguadores, los recipientes y las tuberías de cerámica. Si la entrada está cerrada, observe la silueta del edificio, compuesta por partes, y termine el relato desde fuera.
