Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- Muros bajos de ladrillo
- Contorno abierto del sótano
- Verja de la parcela
- Busto de Ivan Kosančić
La historia del lugar
Kosancicev venac es tanto una calle curva en la cresta sobre el Sava como el antiguo barrio que la rodea. Los habitantes de Belgrado llamaban «venac» a las calles trazadas en arco. El nombre actual se estableció en mil ochocientos setenta y dos, cuando las calles vecinas recibieron nombres de héroes de la epopeya de Kosovo.
Ivan Kosančić es un personaje de canciones populares, no un participante establecido con certeza en la batalla de Kosovo de mil trescientos ochenta y nueve. En la canción sirve como explorador del príncipe Lazar, comandante del ejército serbio. Kosančić estudia durante quince días el campamento otomano y comunica a su hermano jurado Miloš Obilić, que se dispone a matar a Murad I, que el enemigo es innumerablemente fuerte. Obilić le pide que oculte la verdad al príncipe, para que el ejército no se asuste. Según la tradición, ambos hermanos jurados mueren después en la batalla. La calle recibió el nombre del explorador que vio el peligro antes que los demás; junto a la casa número quince se erigió un busto suyo.
En esta misma calle queda una parcela donde los documentos históricos permiten reconstruir los acontecimientos casi día a día. A comienzos de los años veinte, el Estado compró aquí la antigua fábrica de cartón del industrial Milan Vapa y la transformó en la Biblioteca Nacional de Serbia. Después de la Primera Guerra Mundial, la biblioteca no tenía una sede permanente, y este edificio podía adquirirse de inmediato. Pronto resultó estrecho e incómodo para el almacenamiento, pero nunca se encontró dinero para un depósito de libros construido expresamente. Por eso los manuscritos, los libros impresos antiguos, los mapas y los archivos de todo el país acabaron en una casa corriente entre calles residenciales.
Antes de la nueva guerra, el director de la biblioteca, Dragoslav Ilić, procuró evacuar las colecciones más valiosas. Ilić era funcionario del Estado: preservar los fondos era su profesión, pero no podía enviar bienes estatales sin una orden del ministerio. Para el primero de abril de mil novecientos cuarenta y uno, los empleados habían embalado las piezas raras en sesenta cajas pesadas. Treinta y ocho contenían manuscritos; las demás, libros antiguos, revistas raras y cartas. Pensaban trasladarlas al Monasterio de la Anunciación, en el desfiladero de Ovčar-Kablar.
El tres de abril, el ministro de Educación Miloš Trifunović, encargado de la evacuación de las colecciones estatales, ordenó detener el traslado. Se prescribió a los responsables de las instituciones permanecer en Belgrado incluso en caso de ocupación. Las cajas fueron bajadas al sótano. La tarde del cinco de abril se prometieron, sin embargo, dos camiones y diez soldados para ellas: por la mañana la carga debía llevarse a la estación, y el siete de abril enviarse en tren hacia el monasterio.
La mañana del seis de abril comenzó la invasión alemana de Yugoslavia. Los camiones no llegaron a Kosancicev venac. Durante el bombardeo diurno, una bomba incendiaria alcanzó el tejado de la biblioteca. Dos vecinos advirtieron el humo e intentaron entrar mientras aún no había llamas abiertas, pero las puertas estaban cerradas con llave. Los soldados del Patriarcado de Belgrado vecino respondieron que no tenían herramientas. La comunicación telefónica no funcionaba y los bomberos no llegaron allí. Al anochecer ardía todo el tejado; después, el fuego pasó a las plantas y a los sótanos.
El edificio se incendió por completo junto con más de quinientas mil publicaciones, aproximadamente mil cuatrocientos manuscritos medievales y colecciones de mapas, periódicos y documentos otomanos sobre Serbia. También se perdieron los libros de inventario y los catálogos: después del incendio, los bibliotecarios ni siquiera tenían una relación completa de lo perdido. Ilić sobrevivió, pero ese mismo año fue destituido; nunca volvió a dirigir la biblioteca.
Una parte de la colección fue salvada por una decisión anterior suya. En mil novecientos treinta y nueve, Ilić entregó a la nueva Academia de Música todas las partituras de la biblioteca: alrededor de ochocientas cuarenta y una unidades. Se las dio a los músicos para que trabajaran con ellas, no para esconderlas de las bombas, pero precisamente por eso no estaban en el sótano el seis de abril.
La sede de la biblioteca ya no está aquí. Tras la verja quedan muros bajos de ladrillo y el contorno abierto del sótano. En esta parcela, la Biblioteca Nacional de Serbia celebra veladas literarias y entrega un premio a una novela nueva: los participantes se reúnen dentro de los límites del edificio del que las cajas de manuscritos nunca llegaron a ser evacuadas.
Información práctica
Barrio abierto y punto conmemorativo; obsérvelo desde la calle.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.Aquí no importa una reconstrucción de la fachada perdida, sino el propio vacío; deténgase donde se vean a la vez la parcela y el precipicio sobre el río.
