Mira primero a tu alrededor
En qué fijarse
- El trazado oblicuo de la calle
- Tiendas de artesanía
- Tiendas de ropa
- Cafés y bares
La historia del lugar
El pasaje oblicuo se extiende desde la torre con tambores hasta los lagos de Shichahai. A ambos lados de su giro, los antiguos locales comerciales han dado paso a tiendas de artesanía, tiendas de ropa, cafés y bares. Cuando los barrios septentrionales estaban ocupados por familias de las Ocho Banderas, venían aquí militares y funcionarios mantenidos por la dinastía Qing, aficionados a las pipas secas y de agua. Más tarde, en estas tiendas se compraban y revendían cuadros familiares, porcelana y antigüedades, y la calle recibió el apodo de pequeño Liulichang.
En el año mil setecientos cincuenta y nueve, Men Tingshu, propietario de los locales comerciales hereditarios junto a la entrada oriental de esta calle, se quedó sin dinero disponible. Vendió una de las cuatro salas de tienda por doscientos liang, unidades de peso de plata con que se calculaba entonces el precio. La sala le proporcionaba dos liang de alquiler al mes. El comprador pagó de inmediato, y Men renunció a una parte de la casa familiar y a unos ingresos regulares.
En la escritura de compraventa, la calle todavía recibe el nombre de Calle Oblicua frente a la Torre del Tambor: es la actual calle Yandai Xiejie. En el local vendido funcionaba la tienda de pipas de tabaco «Tiancheng». La había fundado el comerciante Hu Tiancheng antes incluso de la transacción de Men; convirtió su propio nombre en rótulo.
Para el año mil ochocientos treinta, el local había sido revendido otras cuatro veces. Los propietarios cambiaban, pero cada uno seguía vendiendo pipas bajo el nombre de «Tiancheng». Aquí se compraban tanto pipas ya hechas como piezas sueltas: cañas de madera o lacadas, cazoletas de latón y boquillas de porcelana y piedra ornamental. Se escogían y se unían según el gusto del cliente. El nuevo propietario recibía con la sala el rótulo conocido por los compradores, por lo que no le convenía cambiar de mercancía.
Los clientes vivían cerca. Los barrios septentrionales de la Pekín imperial estaban ocupados por familias de las Ocho Banderas, militares y funcionarios mantenidos por la dinastía Qing. Entre ellos había muchos aficionados a las pipas secas y de agua. En el núcleo comercial junto a la Torre del Tambor, una tienda de pipas lindaba con otra, y las enormes pipas de madera sobre las entradas servían de rótulos.
A finales del siglo diecinueve, en un directorio urbano apareció el nombre de calle Yandai Xiejie, la Calle Oblicua de las Pipas de Tabaco. Una leyenda popular también lo explica por la forma del pasaje: la entrada oriental supuestamente se parece a una boquilla, el tramo largo de la calle a una caña y el giro hacia los lagos a una cazoleta. Pero la calle se llamaba oblicua mucho antes. Los documentos vinculan con más seguridad la palabra «yandai» con la mercancía de sus tiendas.
Tras la abdicación del último emperador, los antiguos clientes pasaron al otro lado del mostrador. Las familias de las Banderas perdían sus pagas y, para afrontar los gastos cotidianos, vendían cuadros heredados, porcelana y antigüedades. Los comerciantes abrieron aquí tiendas de antigüedades, compraban los bienes familiares y los revendían. La calle Yandai Xiejie recibió el apodo de «pequeño Liulichang», por el conocido mercado pequinés de libros y antigüedades. La calle, que antes atendía a funcionarios y militares acomodados, se convirtió en un mercado urbano asequible.
Ahora predominan entre las tiendas las artesanías, la ropa, los cafés y los bares. De la antigua especialización, lo que se ha conservado con mayor precisión es la palabra «yandai» en el nombre: la mercancía que cinco propietarios consecutivos siguieron vendiendo bajo un mismo rótulo.
Información práctica
Abierta las veinticuatro horas, entrada libre.
Comprobado: 28 de junio de 2026. Comprueba la fuente oficial antes de visitar.La calle puede estar concurrida, así que para escuchar busque un lugar junto al borde del flujo. Considere los relatos de los vendedores de recuerdos como parte de la cultura comercial, no como garantía del origen de un objeto.
